México, salvación de Chrysler

La empresa invirtió en tres años 1,850 mdd para modernizar su plataforma manufacturera en el pa además de aliarse con Nissan, ya prepara la producción de un nuevo modelo de auto en suelo azte
Joseph Chamasrour encabeza la estrategia de Chrysler para Mé  (Foto: )
Ulises Hernández

Joseph Chamasrour, presidente y director general de Chrysler de México, lleva sobre sus hombros una responsabilidad muy grande. Y no es sólo porque tiene a su cargo las operaciones de la automotriz en 37 países de América Latina.

Hoy, quizá como nunca antes, la división mexicana de Chrysler juega un papel central en el destino de la armadora, que al igual que General Motors (GM) y Ford Motor Company enfrenta serias dificultades en el mercado estadounidense –el más importante del mundo– debido a los elevados precios internacionales del petróleo y la fuerte competencia de armadoras asiáticas como Toyota, Nissan y Hyundai.

En los últimos tres años, Chrysler invirtió 1,850 millones de dólares (mdd) para modernizar su plataforma manufacturera de México y empezar a producir nuevos autos y motores más eficientes en consumo de combustible, que le permitan competir en mejores condiciones en la escena global.

En ese lapso, Chamasrour ha liderado varias tareas clave: la reconversión de la planta de Toluca; la fabricación de un nuevo vehículo –el Dodge Journey–; una nueva planta de motores V6, y la supervisión de una alianza productiva con Nissan, que involucra a la planta de Saltillo.

“México es un mercado clave para la corporación, pero también es una base de manufactura y de producción muy importante para Chrysler”, comenta Chamasrour, ejecutivo de ascendencia libanesa, entrevistado en sus oficinas de Santa Fe, en la Ciudad de México.

En términos de producción y exportación, México se ha vuelto para la empresa más importante que Canadá, en la región de Norteamérica. Chrysler de México ya produce y exporta más vehículos a EU que su contraparte canadiense.

Chrysler, con sede en Auburn Hills, Michigan, tuvo su auge en la década de los 90 gracias a su portafolio de vehículos, compuesto en más de 60% por camionetas pickup, deportivos utilitarios (SUV) y minivan. En esa época, los precios internacionales de los combustibles no eran problema.

Pero hoy, con la gasolina a 4 dólares por galón, en EU comienzan a preferir los vehículos más pequeños y ahorradores de combustible, y Chrysler enfrenta una crisis.

En mayo pasado, Chrysler ocupó el quinto lugar en ventas en EU, y al término del primer semestre sus ventas habían caído 22%, en un entorno económico recesivo; las proyecciones generales del mercado local para 2008 prevén la venta de 15.5 millones de unidades, menos que el promedio anual de ventas en el lapso 2000-2005, que fue de 17 millones.

Además, la compañía tiene la necesidad de recuperar la senda del crecimiento y entregar resultados positivos a sus nuevos propietarios en el mediano plazo. El año pasado se disolvió DaimlerChrysler, la compañía producto de la fusión de Daimler-Benz y Chrysler, ocurrida en 1998.

En mayo de 2007, Chrysler fue vendida por Daimler al fondo de capital privado Cerberus Capital Management, que preside John Snow, ex secretario del Tesoro de EU. “Cerberus tiene un horizonte de inversión a cinco o 10 años”, comenta Chamasrour.

En este contexto, las operaciones de Chrysler en México juegan un papel importante en los planes de la corporación para enderezar el rumbo. La estrategia es supervisada desde Auburn Hills por la nueva gerencia, encabezada por el CEO Bob Nardelli, y los vicepresidentes Tom Lasorda y Jim Press.

La primera gran decisión fue modernizar la planta de Toluca, para tener una plataforma de manufactura flexible y producir un nuevo vehículo: el crossover Dodge Journey.

La planta, donde se fabricaba el PT Cruiser, tenía capacidad para ensamblar un solo modelo de automóvil; ahora, podrá producir diferentes tipos, según la necesidad.

Chrysler y sus proveedores invirtieron 1,000 MDD para reconvertir la planta de Toluca, el lanzamiento del Journey y la instalación de un nuevo parque de autopartes.

Esas inversiones fueron inauguradas en diciembre de 2007 y el Journey 2009 fue lanzado en febrero pasado.

El Dodge Journey pertenece a la nueva generación de crossover utility vehicles (CUV), los cuales tienen la forma y el tamaño de una SUV pero están montados sobre el chasis de un sedán y vienen equipados con un motor de cuatro o seis cilindros, lo que los aligera y reduce su consumo de gasolina.

El Journey será el auto insignia de Chrysler de México –como es el Beetle para Volkswagen– y será producido exclusivamente en Toluca para todo el mundo. Hay planes para exportarlo a más de 80 países en todo el orbe. El volumen inicial de producción será de alrededor de 150,000 unidades al año, pero éste puede aumentar según la demanda.

“De este producto fabricamos versiones con motor a gasolina y a diésel, con el volante a la derecha y a la izquierda”, explica Chamasrour.

Según la armadora, el Journey ha tenido una gran aceptación en el mercado mexicano. En el primer semestre del año se vendieron 3,655 unidades, de acuerdo con cifras de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).

Alianza global
La segunda gran decisión de Chrysler fue establecer alianzas de producción con otras empresas automotrices para poder incorporar a su portafolio de productos vehículos más pequeños y con menor consumo de combustible, en los cuales nunca ha destacado.

Así, a principios de este año firmó un acuerdo con Nissan Motor Co, mediante el cual la firma japonesa producirá en Japón un automóvil compacto para Chrysler; a su vez, la empresa estadounidense hará uso de su expertise en grandes vehículos y fabricará una pickup para Nissan.

Y aquí es donde Chrysler de México tendrá una participación central. Chamasrour explica que la camioneta para Nissan se construirá en su planta de Saltillo, Coahuila, a partir de 2010.

“Ellos (Nissan) van a utilizar nuestra fuerza porque somos muy fuertes en camiones y pickups; nosotros, a la vez, nos beneficiaremos de su experiencia en autos compactos”, explica.

Bajo los términos del acuerdo, cada empresa diseñará su propio vehículo pero la producción estará a cargo de su contraparte. Nissan comenzará a producir el compacto para Chrysler también en 2010.

Ninguna de las dos compañías ha revelado el monto de inversión que requiere el convenio, pero es previsible que la planta de Saltillo resultará beneficiada. Tampoco han difundido el nombre de los vehículos involucrados. “Va a ser un subcompacto del tamaño de un Tsuru, pero moderno”, dice escuetamente Chamasrour.

El convenio con Nissan es, al parecer, el primero de otros que contempla la firma estadounidense. A finales de julio trascendió que Chrysler inició conversaciones con Tata Motors de India y la italiana Fiat, con miras a establecer nuevas alianzas.

De acuerdo con información reportada originalmente por la agencia Reuters y retomada por la prensa económica internacional, Chrysler explora la posibilidad de que Tata venda e, incluso, ensamble unidades de su marca Jeep. La alianza con Fiat sería diferente, pues consistiría en que Chrysler arrendaría una de sus plantas en Estados Unidos para producir automóviles para la firma italiana.

Este tipo de acuerdos ha sido bien recibido por algunos analistas del sector, ya que permiten reducir costos y mejorar la situación financiera de la compañía.

“Chrysler está haciendo algo que GM ha hecho en el pasado: tener partnerships o alianzas con otras empresas para reducir los costos de investigación y desarrollo”, indica Pascual Francisco, analista de la consultora Global Insight.

Además de la nueva producción del Journey y de la camioneta para Nissan, Chrysler de México será una plataforma importante para la provisión de nuevos motores más eficientes en el consumo de combustible y de vehículos tradicionales de su portafolio de productos, como la Dodge Ram.

En 2007, la firma anunció una inversión de 570 millones de dólares para construir una nueva planta de motores Phoenix V6, en Saltillo. Los nuevos motores se montarán tanto en camionetas como en automóviles y se destinarán, en su mayoría, al mercado de exportación. La nueva planta tendrá una capacidad de producción de 440,000 unidades.

En Saltillo se fabricará también la nueva Dodge Ram 2009, producto en el que Chrysler basa buena parte de sus esperanzas de recuperación en el mercado estadounidense.

La apuesta por México es clara. Además, es uno de los mercados más atractivos para la corporación. Con una participación de mercado de 11.2%, Chrysler de México ocupó el cuarto lugar en ventas de unidades en el país en el primer semestre del año. Junto con Nissan, fue una de las dos –entre las cinco grandes– compañías que crecieron en este periodo.

Chrysler aumentó 3% sus ventas de unidades mientras que sus principales competidores cayeron: General Motors (-1.4%), Ford (-13.8%) y Volkswagen (-11.5%). Esto se debe a que en México, a diferencia de EU, sus ventas de SUV, minivans y camiones están al alza.

“Chrysler tiene buena rentabilidad en México”, comenta Pascual Francisco, de Global Insight.

Ahora, habrá que esperar que la estrategia de la corporación rinda frutos, y sobre todo, ver qué tanta paciencia tiene Cerberus para recuperar su inversión. Aunque para Chamasrour eso no es problema.

“Tenemos a un socio que está muy comprometido porque quiere ver que su inversión crezca de manera importante en los próximos 10 años”, concluye el ejecutivo.

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