Goldman Sachs: en medio del torbellino

Goldman Sachs se enfrenta a su mayor desafío ante la crisis crediticia que afecta a Estados Uni pero la historia demuestra que el banco estadounidense no es ajeno a la adversidad.
La empresa busca atraer depósitos para financiar diversos ne

Cuando Marcus Goldman, un inmigrante judío procedente de Bavaria, fundó una pequeña empresa de comercialización de títulos de créditos comerciales en Nueva York en 1869, quizás nunca imaginó que un día  sería el banco de inversión más redituable y envidiado del mundo.

Igualmente sorprendente debe haber sido para él el huracán que azotó a los mercados durante este año, destrozando el modelo comercial de los bancos de inversión y aniquilando a instituciones enteras.

Tres de los cinco bancos de inversión independientes de Estados Unidos han caído en mano de sus rivales o en el abismo. Los dos que quedan, Goldman  Sachs y Morgan Stanley, han optado, ante las intensas presiones de las fuerzas del mercado para convertirse en compañías Holdings bancarios,  situación que las dejará sujetos a requisitos de capital más severos y a mayor supervisión.

Un año que ha visto la castración de las casas de bolsa estadounidenses quizás no sea el ideal para mostrar qué hizo grande a  este respetable líder. Pero, en medio del torrente de noticias  negativas, la investigación histórica sobre Goldman Sachs escrita por Charles Ellis describe una imagen convincente de una institución que  ha hecho casi siempre lo correcto. Es una organización de la cual Estados Unidos puede estar orgulloso, aunque hoy se vea obligada a reinventarse para sobrevivir.

Ellis, consultante que trabajó más de 30 años en este banco, ve muchas  fortalezas en la institución. Goldman atrae lo mejor y, con un proceso de reclutamiento que dan un nuevo sentido a la palabra riguroso, contrata a la mejor gente. Siempre se ha enfatizado la regeneración: se alienta a que los socios dejen su lugar para permitir el ingreso de sangre fresca; muchos se dedican al servicio público.

Hank Paulson,  secretario del tesoro estadounidense y arquitecto de la restructuración del sistema bancario, y Bob Zoellick, titular del Banco Mundial, son dos ejemplos de ello.

Es legendaria la dedicación de los empleados. Lloyd Blankfein, el director ejecutivo, describe la cultura de la organización como una fusión entre la confianza y “la inseguridad innata” que lleva a la gente a seguir trabajando y produciendo por mucho más tiempo del que necesitan hacerlo. “Nos horroriza la posibilidad de no agradarle a un cliente". Aún antes de la crisis, cuando Goldman obtenía ganancias como para sonrojar a Creso (último rey de Lidia (560-546 adC), de la dinastía Mermnada. Debido a la gran riqueza y prosperidad de su país, de él se decía que era el hombre más rico en su tiempo) (aunque sigue siendo redituable), Blankfein parecía más ansioso que arrogante. Sin embargo a veces la lealtad hace que uno se comporte de manera imperdonable, como cuando le preguntó a una candidata si abortaría para no perder la posibilidad de trabajar en un gran negocio.

Gran parte del éxito surge de animarse a pensar en grande. Cuando Goldman dijo que quería quebrar quebrar el dominio del  Deutsche Bank sobre las corporaciones más importantes de Alemania, el personal local se burló. Pero después de años de perseverancia, logró hacerlo, provocando que el entonces responsable del Deutsche, Hilmar Kopper, declarara: "Nadie me irrita más que Goldman Sachs.¡Nos obligaba a hacer cosas que nunca hubiésemos imaginado!"

Pero en la lucha por cerrar un negocio, Goldman nunca llegó a los extremos de descaro de, por ejemplo, Salomon Brothers en los ochenta. Alguna vez sus banqueros fueron apodados "los boy scouts multimillonarios", por su talento para ganar mucho dinero y a la vez mantenerse alejado de los problemas. Es, como dice uno de los socios, “codicia a largo plazo”. Mejor renunciar a obtener ganancias hoy  que lograrlas y alinear a un cliente que podría producir mucho más a largo plazo. Goldman se negó a asesorar en takeover/tomas de control hostiles hasta finales de los noventa.

También se ha movido con cautela cuando se trata de realizar grandes movidas estratégicas, evitando las fusiones de gran publicidad que prefieren realizar muchos de sus rivales. Cuando dirigía la empresa, Paulson casi cierra un acuerdo de fusión con JPMorgan (actualmente JPMorgan Chase) pero a último momento prefirió no hacerlo por temor a que el acuerdo debilitara la cultura de Goldman. Uno de los 14 principios fundamentales de la firma es que tiene que ser tan grande como para servir al cliente, pero lo suficientemente pequeña como para mantener su esprit de corps (espíritu de cuerpo)

Pero el progreso de Goldman se vio interrumpido por una revolución ocasional. La mayor fue su propia flotación en 1999, después de años de debates enconosos entre sus socios. La movida le otorgó a la firma un capital permanente a partir del cual se podía expandir, pero también  la expuso a las vicisitudes de los mercados de acciones y, pensaron algunos, se soltaron los lazos que unían firmemente a los líderes de la firma para actuar como un todo.

Después de su oferta pública, Goldman, por años líder en negocios de “agencia" como la actividad bancaria de asumir el riesgo de colocación de nuevas emisiones de acciones o bonos comprando dicha emisión para después revenderla al público o el asesoramiento en fusiones, se dedicó agresivamente a la inversión, arriesgando su propio capital en los mercados.

Los márgenes de ganancia de esta última actividad son mayores, pero también aumenta el riesgo, tal como lo ha demostrado con brutalidad esta crisis de crédito. Al maximizar sus apuestas con grandes porciones de dinero prestado y vendiendo títulos subprime, Goldman colaboró en cierto modo a llevar a Estados Unidos al borde de la catástrofe financiera. Gracias al exacto manejo de riesgo, el banco de inversión ha logrado atravesar el temporal en mejores condiciones que sus pares.

Mientras que los otros seguían acumulando hipotecas subprime, la firma presintió el giro que estaba dando el mercado y equilibró sus riesgos; los operadores de Goldman hicieron fortunas al apostar que los precios de las viviendas caerían aunque el banco siguiera vendiendo títulos respaldados por hipotecas, llevando a algunos a preguntarse dónde quedaba su principio de que los clientes son lo primero.

Quizás el reto que enfrenta Goldman sea el mayor de su historia. Casi colapsa con  Goldman Sachs Trading Corporation, una aventura poco feliz que llegó a su fin con el crac de 1929; y con Penn Central, una compañía de ferrocarril cuya caída en 1970 dejó a Goldman expuesto a grandes cantidades de deuda sin ningún valor.

Dos temblores en  los mercados en la década del 90 también la dejaron tambaleante. En cada una de estas oportunidades logró sobrevivir, aprendió la lección y salió adelante fortalecida.

Quizás esta vez no sea diferente, y el apoyo de Warren Buffett, el inversionista más admirado de Estados Unidos, podría resultar de mucha ayuda. Pero, como señala Ellis, su activo más valioso siempre ha sido su libertad para elegir su propio rumbo. Y por ahora, esto está severamente limitado.

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