Dirección de Chrysler parece un tiovivo

La sucesión de ejecutivos en esta automotriz parece una feria; unos salen y otros entran; GM, en cambio, se distingue por la lealtad de sus empleados. ¿Sirve de algo esa diferencia?
Chrysler ofrece estímulos para los empleados que quieran ret
Alex Taylor III

Una de las primeras señales que presenta una empresa en problemas es la salida de ejecutivos de alto nivel. Algunos son despedidos porque no están haciendo bien su trabajo, otros pueden irse porque buscan pastos más verdes. Así, cuando dos ejecutivos de primer nivel dejan Chrysler en un lapso de días, las preguntas no se hacen esperar: ¿Han dejado sus cargos como parte de un esfuerzo para recortar gastos o debido a una reorganización? ¿O sencillamente han decidido buscar suerte en otra parte?

La salida de ambos directivos llama la atención porque Chrysler ha sido víctima de una retirada de jefes de alto perfil en los últimos meses, además de miles de empleados que ha tenido que dejar ir vía jubilación o por adquisición.

Pero esta vez, los hombres que dejaron su cargo son demasiado importantes: Uno de ellos, John Campi, vicepresidente senior de Servicio y Partes de Chrysler, era muy cercano al CEO de la automotriz, Bob Nardelli. Habían trabajado juntos en GE Power Systems en los 90s y luego colaboraron estrechamente en Home Depot.

El otro ejecutivo es Simon Boag, vicepresidente senior de Servicio y Partes a escala global, y como Campi, su tiempo en el puesto no superó el año. Boag es un veterano de Ford, GM y Mercedes-Benz; fue uno de los cinco ejecutivos a los que Chrysler entregó en noviembre bonos de retención por 1 millón 650,000 de dólares.

En un comunicado oficial, Chrysler dijo que Campi se iría por razones de salud y que la salida de Boag era porque éste quería “buscar otros intereses.” ¿Serán esas las verdaderas razones? Parece que sí. Según lo confirma un ex ejecutivo de Chrysler bien informado, Campi deja la automotriz por motivos de salud, aunque no se especifica su naturaleza. Boag, por otra parte, se fue porque no obtuvo el ascenso que quería, le negaron un aumento de responsabilidad que le habían prometido, y además chocaba con Campi, algo que no era bueno dada la estrecha relación de éste con Nardelli.

En cualquier caso, pese a su triste caída, Chrysler no sufre aún una fuga de talentos. Sus ejecutivos deben estar esperando a que la ayuda del gobierno llegue antes de que finalice el año, o han decidido que, dada la escasez de oportunidades laborales en la industria automotriz, es mejor quedarse donde están. Hoy no es buen momento para buscar empleo en Detroit.

Culturas corporativas diferentes

Las recientes tribulaciones de Chrysler se contraponen a la conducta de General Motors, el otro enfermo en cuidados intensivos. A la fecha, no ha habido reportes de que GM haya entregado bonos de retención a sus directivos, ni tampoco ninguno ha abandonado la empresa. El equipo de Rick Wagoner sigue intacto.

Ello puede ser interpretado como señal de confianza y lealtad de parte de sus ejecutivos, o también podría ser mero letargo e indiferencia. Yo creo que la razón más probable tiene que ver con la cultura corporativa.

Chrysler ha sido un lugar de paso desde siempre. Desde 1970 casi todos sus CEOs han provenido del exterior de la empresa: John Riccardo, Lee Iacocca (de Ford), Bob Eaton (de GM), Dieter Zetsche (de Daimler) , Tom LaSorda (también procedente de GM) y Nardelli (que venía de GE Power).

En General Motors, en cambio, es habitual que los empleados estén hasta 40 años o más en la empresa, y desde la Segunda Guerra Mundial todos sus CEOs han sido hombres formados dentro de GM.

Pero ambas automotrices terminaron cayendo en la misma zanja, dependientes de la ayuda federal para sobrevivir, así que no podemos decir que la cultura corporativa de una sea mejor que la otra.

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