Wells Fargo sortea la tormenta

La firma estadounidense evitó las dañinas tácticas de otros bancos y construyó una buena reputación; la adquisición de Wachovia lo fortalece, pero también podría contaminarlo de activos tóxicos.
Wells Fargo  (Foto: AP)
Adam Lashinsky

Dick Kovacevich debería estar contento. El sol brilla en San Francisco, las acciones de Wells Fargo -cuyo consejo preside- casi se han duplicado en el último mes, y el banco parece haber sobrevivido lo peor de la crisis bancaria con su reputación intacta (hasta ahora).

Sin embargo, Kovacevich, un beligerante banquero de 65 años conocido por su franqueza, está molesto, por no decir algo peor. Se siente ofendido con los vendedores al descubierto que han tratado a Wells Fargo como si fuera uno de esos depositarios de activos atribulados. Asimismo, Kovacevich se lamenta de la incapacidad de los medios para reconocer los logros de Wells Fargo. Pero sobre todo, está furioso con Washington por haber tomado todo tipo de malas decisiones, desde hacer un espectáculo de las pruebas de estrés de los grandes bancos (que ha catalogado públicamente como "tontas"), hasta darle ni más ni menos que una hora para aceptar una inversión de 25,000 millones de dólares por parte del controversial Programa de Alivio para Activos en Problemas o TARP.

"Estoy dispuesto a decir que el emperador está desnudo", dice Kovacevich, y su cara se enrojece mientras denuncia en voz alta el comportamiento del gobierno. "Los hechos son muy obvios", explota. "Es difícil creer que dieras 25,000 millones de dólares a alguien que no los necesitaba".

Durante las crisis financieras, sin embargo, los hechos con frecuencia apoyan las teorías contrarias. Wells Fargo emerge como una de las mejores franquicias bancarias de los Estados Unidos. Gracias a su fortaleza esencial y a la adquisición de su rival, Wachovia, Wells por primera vez es un jugador de costa a costa, que ha sido favorablemente comparado con J.P. Morgan Chase y Bank of America. Pero la adquisición de 12,500 millones de dólares del atribulado Wachovia ha provocado serias y legítimas dudas sobre si Wells necesitará aun más capital del que ya recibió del TARP. El precio de sus acciones se ha deslizado -junto con el de las de todos los grandes bancos- debido a los abundantes temores al insuficiente colchón de capital, los riesgos crediticios ocultos y hasta la posible nacionalización de la banca.

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La compra de Wachovia le inyectó un toque de tensión a la historia de Wells Fargo, que de otro modo había sido un relato de optimismo en medio de la destrucción bancaria. La simplicidad explica su éxito. Entre los grandes bancos, Wells tiene uno de los menores costos de fondos, así como un flujo continuo de ingresos no bancarios (provenientes de negocios como los seguros y servicios hipotecarios), y, más que nada, cierto prestigio obtenido gracias a su prevención de los errores más tontos de la industria. Nunca se interesó en los vehículos de inversión estructurada, o SIVs que, por ejemplo, dañaron a Citigroup. (John Stumpf, quien sucedió a Kovacevich como CEO de Wells Fargo el año pasado, dice: "Para ser honesto, cuando oí por primera vez del SIV, pensé que era un vehículo cuatro por cuatro").

A pesar de tener una posición importante como asegurador de hipotecas, Wells se negó a unirse a la multitud que ofrecía créditos sin documentación de respaldo (o "mentirosos") y opciones de hipotecas de tasa ajustable (ARM, por sus siglas en inglés), que les permitían a los prestatarios determinar cuánto pagarían cada mes. (La compra de Golden West Financial por parte de Wachovia en el 2006 popularizó las opciones ARM con su célebre programa Pick-A-Payment [Elige-Un-Pago], lo que perjudicó a Wachovia y condujo a su compra por parte de Wells.) Debido a su negativa, Wells perdió su participación en el mercado hipotecario de manera significativa entre el 2003 y el 2007 -un contratiempo que es ahora símbolo de virtud. Semejante disciplina hace a Wells consistentemente más rentable que sus semejantes, lo cual es de envidiarse -sobre todo si suponemos que su inusitada toma de riesgo al adquirir Wachovia no resultará en su propia perdición.

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