Las empresas en EU deben alzar la cabeza

Los líderes tienen que hacerse cargo del destino de sus negocios en medio de la crisis; de otra manera, el gobierno estadounidense se volverá cada vez más un amo de los corporativos.
David Gergen

Al principio de la crisis económica, había un sentido visible de que la gente sólo quería regresar a la "normalidad"; ahora estamos captando la realidad de que no regresaremos ahí. Y eso es deseable de varias maneras: quién quiere volver a un mundo de apalancamiento excesivo, riesgos sin precaución, y trenes de vida excesivos? Pero para la mayoría de los estadounidenses será difícil admitir que los viejos empleos no van a regresar, que podrían pasar años para recuperar sus ahorros, y que su país y su moneda probablemente jugarán un menor papel en el escenario global.
Si la recuperación carece de alegría, el Estados Unidos corporativo enfrentará un enorme reto de liderazgo. La explicación de que la culpa por este desastre se extiende desde Nueva York a Washington, de Wall Street a Main Street, ya no está funcionando. Con los republicanos en desorden, los demócratas en el Congreso, junto con la prensa -ocasionalmente con la ayuda de la Casa Blanca- han achacado la culpa casi exclusivamente a la codicia y estupidez empresariales.
Al salir de esta crisis, es obvio que Washington intervendrá más en el mercado. Lo que queda menos claro es si este nuevo régimen alentará un capitalismo más saludable e igualmente vital o si irá tan lejos como para asfixiar el espíritu de empresa e innovación que siguen siendo claves para nuestro futuro. La respuesta estará no sólo entre los líderes en Washington sino entre los líderes de las empresas de Estados Unidos. Ya ha pasado mucho tiempo desde que el país se exaltaba con un Jack Welch o una Carly Fiorina. Los escándalos de Enron, Tyco y otros similares desgastaron la confianza pública y ahora esta crisis económica la ha resquebrajado. A menos de que los líderes empresariales puedan convencer  pronto al público de que bajen sus antorchas de persecución, podrán esperar que el gobierno se vuelva más y más un amo. Qué deben hacer los líderes empresariales para reparar la confianza pública? Estos son algunos comienzos:
Admitir claramente su papel en este desastre. Bill George, antiguo presidente ejecutivo de Medtronic y un autor de algunos "bestsellers", escribió en el Wall Street Journal, "La crisis presente no fue causada por hipotecas de baja calidad, intercambios de incumplimientos crediticios, o políticas económicas fallidas. La causa original es una liderazgo fallido". Hasta que los presidentes ejecutivos de AIG, Hank Greenberg y Martin Sullivan, así como otros, acepten su responsabilidad, dice George, el país no estará de humor para olvidar y perdonar.
Regresar a lo fundamental. Para aquellos que tenían boletos de entrada, los últimos años han sido una enorme fiesta, pero como cree el estudioso de negocios Warren Bennis, han dejado atrás escombros que recuerdan a The Great Gatsby. Los estadounidenses ahora quieren líderes que sean confiables -de palabra, producto, y estado financiero. Están cansados de que las compañías se dediquen a juegos de corto plazo, trimestrales, a expensas del logro a largo plazo. Quieren que la remuneración esté ligada al desempeño. Ven poca diferencia entre derivados barrocos y cosmopolitas como Bernie Madoff. Y más que nada, quieren empleadores a quienes realmente les importen ellos y sus familias.
Trabajar a favor, no en contra, de las reformas sociales. Los líderes empresariales pueden y deben luchar por intereses básicos legítimos, pero han resistido por demasiado tiempo a los esfuerzos para rehacer sistemas rotos. Afortunadamente ya estamos viendo señales de cambio, con compañías como Pfizer trabajando constructivamente por reformas al sistema de salud y Duke Energy, junto con GE ,trabajando para responder al calentamiento global. Más presidentes ejecutivos deben enlistarse como reformadores.
Aceptar el concepto de que la administración empresarial se vuelva una verdadera profesión. Dos profesores en el Colegio de Negocios de Harvard, Rakesh Khurana y Nitin Nohria, están promoviendo una idea imaginaria en los primeros días del crecimiento industrial- que la administración debería volverse una profesión verdadera como el derecho o la medicina, con un código de conducta, compromiso con la responsabilidad social, y asociaciones profesionales de vigilancia.
Sus esfuerzos son los inicios de lo que debe transformarse en una conversación más larga y profunda sobre un nuevo contrato social entre las empresas y la sociedad. Nuestros peores líderes de negocios efectivemente jugaron un papel en crear este desastre. Ahora es aparente que nuestros mejores líderes de negocios -y existen muchos- deben de apuntarse y abrir un camino hacia adelante.

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