Mulally, al rescate de Ford

El presidente ejecutivo de la automotriz halla soluciones a problemas que han ahogado a sus rivales; su método disciplinado y su buena actitud podrían lograr que Ford sortee la crisis financiera.
Ford  (Foto: Archivo)
Alex Taylor III

Alan Mulally sigue frente a mí, lleva así dos horas. Ya me enseñó varias carpetas llenas de material de investigación, notas personales y entrevistas que dio cuando tomó el puesto de director ejecutivo de Ford.

Me dio su opinión sobre todo lo que he escrito de Ford desde que él está al mando y sobre lo que escribí sobre Boeing cuando él aún trabajaba ahí. Habla incesantemente y exige toda mi atención; no se detendrá hasta que todas mis dudas y negativas se conviertan en aceptación.

Lo podemos llamar el método Mulally: una insistencia bien intencionada para que se tomen, lo que él considera, las mejores decisiones. Mi participación ocurre en una sala de conferencias del doceavo piso las oficinas centrales de Ford Motor Co. En Dearborn, Michigan.

Lo tengo tan cerca que parece que está sentado en mí; no hay mucha decoración pues a Mulally le gusta la vista panorámica. El complejo histórico de River Rouge se aprecia desde la ventana, y dice que así puede observar a General Motors y a Chrysler de una vez. Esto no quiere decir que tenga tiempo para pasarlo frente a la ventana: su misión es salvar Ford Motor. 

Después me enseña la declaración de la misión de la compañía que mandó imprimir en papel plastificado para repartirla entre los empleados y un diagrama dibujado a mano hecho especialmente para mí. "Me esforcé mucho en esto", dice. Créeme, Alan, lo sé.

Aunque tantas atenciones me cansan, Mulally no. Mientras atraviesa la segunda peor depresión automotriz de la historia, parece que Mulally la pasa bien. Vive a menos de tres millas de su oficina, llega cada mañana a las 5:15 para comenzar su jornada de doce horas y lo hace con una sonrisa. A sus 63 años aún le emociona tener trabajos importantes: "siempre quise hacer algo importante, y pasó en un corporativo grande".

Podrían pensar que ser el ingeniero aeronáutico a cargo del desarrollo de Boeing sería suficiente, pero lo está haciendo de nuevo: "lo que más me emociona es trabajar en un lugar que involucra a mucha gente lista y talentosa". Cuando le preguntó a su madre, de 90 años, que por qué era así, ella le respondió: "siempre has sido así".

El hecho de que Mulally sea "así" ha logrado que hasta el momento Ford siga por encima de GM y de Chrysler en esta lucha por sobrevivir. A diferencia de sus rivales, la Ford de Mulally insiste en que hay suficiente efectivo para manejar la crisis y no quiere aceptar los préstamos gubernamentales que las otras dos compañías ya aceptaron.

La independencia financiera de Ford se debe, en gran medida, a una nueva disciplina operativa que instaló Mulally así como estrategias nuevas que él inició. Así que, mientras GM padeció la ignominia de ver cómo el Ministerio de Hacienda derrocaba al director ejecutivo Rick Wagoner, y cómo Chrysler se declaró en bancarrota, Ford sigue siendo una compañía independiente y un sobreviviente de Detroit. "Alan era la opción adecuada para este puesto, y cada vez estoy más seguro de esto", dice el presidente ejecutivo Bill Ford, quien lo contrató. 

Ford sigue perdiendo dinero, como cualquier otra automotriz, pero parece recuperarse. En Estados Unidos, las ventas al público han subido durante seis de los últimos siete meses (a diferencia de las ventas al mayoreo. Ford ha negociado cuatro acuerdos nuevos con el sindicato de esta industria para disminuir los costos de 76 dólares a 55 dólares por hora, prometiendo así la competitividad con Toyota. Mientras que GM y Chrysler se hacen de efectivo, Ford se deshizo de 2,400 millones de dólares en marzo para pagar una deuda de largo plazo de más de 10,100 millones. El precio por acción se quintuplicó después de haber tocado su nivel más bajo en noviembre.

Impecable

Mulally, contratado como director ejecutivo en septiembre de 2006, no ha diseñado ni construido ningún auto, pero diseñó un plan que identifica los distintos objetivos de la compañía, creó un proceso que lo dirige a cumplir con esos objetivos e instaló un sistema para asegurarse de que se logren. "El estilo de Alan es impecable", dice Lewis Booth, director financiero con 31 años en la empresa. "Él no se pregunta cómo vamos a salir de este problema, sino qué vamos a hacer con el problema".

El método Mulally guió a Ford por varios movimientos estratégicos muy astutos. Al presentir la recesión de 2006, Mulally decidió pedir un préstamo de 23,600 millones de dólares contra los activos de Ford; endeudarse más no era una decisión fácil, pero este efectivo significaría que Ford podría negarse a los préstamos del gobierno cuando las ventas cayeron el año pasado. Mulally busca integrar la empresa de forma global a pesar de los intentos fallidos del pasado. En 2010 Ford lanzará autos pequeños desarrollados en Europa el mercado de Estados Unidos. Convenció a Bill Ford de hacer a un lado la línea Jaguar y Land Rover y concentrarse en Ford, y rápidamente los introdujo al mercado de la India en 2007, donde aún prevalecía el mercado de autos de lujo. Le tomó más tiempo deslindar a Volvo del resto de la compañía, pero ahora también está a la venta.

Mulally prometió que para 2011, las operaciones de Ford en América del Norte y de toda la empresa serán rentables otra vez. Y así debe ser, porque Ford no puede seguir perdiendo dinero; sus pérdidas del año pasado fueron de 14,700 millones de dólares, y 1,400 millones durante el primer trimestre de este año. Si la economía mundial continúa en esta situación, la supervivencia de Ford podría verse amenazada. La analista Shelly Lombard de Gimme Credit señala que la liquidez de los autos durante este año reflejarán las ventas, su recuperación e incluso los niveles de recuperación para 2010 y 2011.

Si la economía se recupera como está previsto, Ford tiene posibilidades de regresar con fuerza. Para cumplir con los estándares gubernamentales de ahorro de gasolina, introducirá una nueva línea de motores desplazables turbocargados y lanzará vehículos eléctricos en 2010. Patrick Archambault, de Goldman Sachs, cree que Ford se recuperará en un 25% con estas acciones, lo que equivale a 1.35 puntos en las acciones. Aunque existen similitudes entre la manufactura de aviones y la de autos, también hay diferencias cruciales. Mulally no tenía ninguna experiencia en el mercado de masas o en las relaciones con los proveedores, aunque sabía sobre nombres y complejidad del producto, por lo que deja las decisiones del producto en manos de los expertos.

La historia de cómo Mulally revivió al sedán más conocido de Ford es una fuerte demostración del método Mulally: análisis de la situación aplicando hechos aceptados y ganar apoyo mediante la persistencia. Aquí está la historia contada por Mulally:

"Llegué el primer día y dije: vamos a ver la línea del producto. Ellos la sacaron y yo pregunté por el Taurus. "Lo eliminamos", dijeron, "porque no vendía muy bien". "¿Por eso lo pararon?", dije, "¿saben cuánto cuesta crear la lealtad hacia un producto gracias a su nombre?" Ellos pensaron que ya estaba tan maleada que cambiaron su nombre a Five Hundred. "Bueno", dije, "tienen hasta mañana para encontrar un auto y ponerle Taurus, y después tienen dos años para hacerlo el auto más espectacular posible" Así que el Taurus 2010 saldrá al mercado esta primavera, y aunque no se parece al original de 1986, también es bastante lindo".

Una nueva cultura corporativa

La apertura de Mulally parece haberle dado apoyo a la organización. El jefe de producción, Joe Hinricks, dice que Alan contagia energía, que es una persona que la gente quiere seguir. Bill Ford no se imagina a otro director ejecutivo haciendo este trabajo, pues dice que no es una persona complicada, sólo se deja llevar.

Mulally entregó las tarjetas plastificadas a sus empleados. Por un lado dice: "comportamientos esperados", y por el otro "Una sola Ford". Esto es casi sagrado para él: "estoy soy yo, yo lo escribí y es lo que creo. Uno no inventa estas cosas". "Estoy aquí para salvar un ícono estadounidense y mundial", dice. Trabaja como trabajó en Boeing, con una revisión de planes de negocios, y juntas para presentar sus informes cada jueves.

"Cuando llegué aquí había seis o siete personas que informaban a Bill Ford, pero el de recursos humanos no estaba ahí, así que incluí a una persona de cada disciplina en mi equipo porque todos deben estar involucrados y saberlo todo":   Si algún tema no se trata en una junta de los jueves, se retoma el jueves siguiente. Mulally no permite el uso de Blackberrys en las reuniones ni permite conversaciones ajenas al tema. "Si alguien empieza a hablar y veo que no hay respeto, se detiene la junta; ellos saben que he despedido a vicepresidentes cuando no paran de hablar porque se creen muy importantes".

También clasificó los informes con colores: verde para bien, amarillo para cuidado, y rojo para problemas. "Si algo sale mal, así podemos identificarlo mejor", dice Booth. "No todo es verde, y cuando no lo es, hay que modificar el plan".

¿Funcionará?

El primer modelo con el sello de Mulally será el Taurus 2010 que sale a la venta en junio. Su plan de "Una sola Ford" mostrará sus resultados cuando los autos pequeños, Fiesta y Focus, entren a Estados Unidos. Aún no se sabe si los estadounidenses estarán dispuestos a cambiar sus autos por vehículos más pequeños.

La pregunta sin respuesta más importante sobre Mulally es cuánto tiempo permanecerá en Ford y quién lo remplazará. Bill Ford espera que nunca se vaya, pero ha pasado casi cuarenta años en Seattle y no busca quedarse en Dearborn. De hecho, la compañía ha gastado 344,109 dólares en vuelos para Mulally y su familia entre estos dos destinos. Si renuncia a los 65, se espera que lo remplace Booth, a sus sesenta años, pero si se queda más tiempo, Fields, de 48 años, es la opción esperada.

Mulally se refiere a su trabajo como si fuera un hogar. "Es madurez, tengo casi 64 años y he pasado por muchos ciclos, no ando de arriba para abajo, tengo solidez no importa a dónde vaya ni de dónde venga. Todos saben por qué estoy aquí, no es una estrategia laboral, no quiero superar a nadie ni busco más reconocimiento".

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En una de las primeras juntas, alguien le preguntó a Mulally si Ford podría mantenerse en el negocio. "¿Que si va a sobrevivir?, no lo sé, pero tenemos un plan, y el plan dice que sí", respondió. Seguro a la madre de Mulally le habría gustado ver eso. 

 

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