Monsanto enfrenta nuevos rivales

El mercado de tecnología agrícola tiene nuevos frentes para competir contra el gigante del sector; la firma Cibus Global mejora la resistencia de las plantas sin tener que insertar un gen externo.
maiz-transgenico-cultivo-monsanto-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Jeffrey M. O'Brien

La compañía israelí de protección de cultivos, Makhteshim-Agan, está invirtiendo 37 millones de dólares en la empresa de tecnología agrícola que apenas comienza, Cibus Global, de San Diego, para estimular el desarrollo de nuevas variedades de granos que serán resistentes a varias enfermedades, pestes y herbicidas.

La inversión, que se llevará a cabo durante cinco años y eventualmente permitirá a la compañía israelí hacerse de más del 50% de la compañía, es un tiro atinado para la empresa que comenzó hace ocho años y cuyas ambiciones podrían ponerla en el mismo campo de batalla de los gigantes como Dow Chemical, Monsanto y Syngenta.

El principal activo de Cibus es el llamado Sistema de Desarrollo de Trato Rápido. A pesar del enfoque transgénico empleado por Monsanto, la mayor firma de semillas del mundo, donde un gen externo se inserta en el genoma de una planta para otorgar, por ejemplo, inmunidad frente a un herbicida (como lo hacen la soya y el algodón), la tecnología de Cibus se burla de esas características del genoma sin insertar material externo.

Lo que hace en esencia es apresurar el cultivo de plantas cumpliendo con los estándares requeridos en un ambiente estrictamente controlado. En pocas palabras, se inserta una molécula en una célula de una planta, lo que hace que la planta mute de la forma deseada. Lo que a la naturaleza le hubiera tomado decenas de miles de años y millones de mutaciones generación tras generación, a Cibus le toma entre tres y cinco años, en lo que pasa del laboratorio al mercado.

Ganando la aprobación de los activistas y los gobiernos internacionales

Este es un gran acontecimiento por unas cuantas razones: relaciones públicas, precisión y dinero. Aunque la compañía es muy exitosa, Monsanto, por ejemplo, ha luchando por obtener la aceptación del público y eliminar los ataques que recibe por sus prácticas transgénicas.

Los organismos genéticamente modificados (GMOs, por sus siglas en inglés), han sido aceptados por varios países europeos, rechazados por varias naciones africanas y limitados por varias asociaciones ambientales que alegan que los granos modificados genéticamente son muy infecciosos para otros granos o potencialmente dañinos para la salud, si no es que ambos.

Una tecnología que podría lograr los mismos beneficios (como resistencia a pestes o herbicidas) sin insertar materiales externos en un genoma podría ganarse la aprobación del mercado así como de los activistas. 

Es más, las mutaciones transgénicas son altamente complejas y notoriamente difíciles de acertar, lo que hace que el proceso sea caro.

En las mismas andanzas de Monsanto

"Monsanto estima que cuesta cerca de 50 millones de dólares lanzar un producto transgénico, lo que incluye todo el trabajo regulador para obtener los permisos en Estados Unidos, y en algunas partes del mundo ni siquiera es posible", dijo Keith Walker, presidente de Cibus. "Para nosotros, este ejercicio cuesta entre 5 y 7 millones de dólares; esto nos da la oportunidad de trabajar con cultivos más pequeños por área".

El acuerdo con Makhteshim-Agan permite a Walker y a su equipo de biocientíficos explorar cualquier cantidad de granos y sus características. Walker no ha hablado de los granos que está atendiendo, pero no serán los gigantescos con los que ya trabaja Monsanto, como el algodón, la soya y el maíz. Aún así, eso deja varias oportunidades abiertas. "Los mercados son de miles de millones de dólares", dice Walker, "y no hay necesidad de irse contra Dow Chemical y Monsanto hasta que estemos listos".

Cibus ya realizó pruebas de campo con varios granos y tiene dos productos de canola resistentes a herbicidas en proceso, uno que ha sido desarrollado en invernaderos y saldrá en 2011, y otro que fue desarrollado en conjunto con BASF, y cuyo lanzamiento se espera para 2013.

Su éxito en el mercado debería sentar las bases para que Cibus lance productos subsecuentes pronto, y hay pocos productos finales para lo que esta tecnología puede lograr. "Monsanto apuesta todo a un gen, pero eso no es necesario", dice Walker. "Literalmente, cada día que pasa conocemos más y tenemos más información sobre las investigaciones funcionales de genoma, lo que abre las puertas a nuevas oportunidades potenciales".

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