Ex líder de Tyco, la vida en la cárcel

Dennis Kozlowski fue un ejemplo a seguir en el mundo de los negocios, ahora espera salir de prisión; fue condenado por evasión de impuestos, saqueo a la empresa y por el pago de altas compensaciones.
Dennis Kozlowski  (Foto: Archivo AP)
David A. Kaplan*

Para el interno No. 05A4820, los días son casi iguales. En las instalaciones de la Correccional interestatal al norte de Nueva York, Dennis Kozlowski, de 63 años, trabaja en la lavandería de la prisión, espera que llegue su correo, disfruta de la fruta fresca que le llega, ve los juegos de los Yankees (es dueño minoritario) e intenta dormir en una celda donde no entra la luz natural.

Hace ocho años y toda una vida, Dennis "Deal-a-Day" estaba entre los presidentes ejecutivos más respetables y mejor pagados de Estados Unidos, transformando una compañía, Tyco, de ser una fábrica con un capital de 1,500 millones de dólares a un conglomerado industrial que vale más de 100,000 millones de dólares.

BusinessWeek lo había nombrado uno de los 25 mejores administradores del año. Fortune lo hizo en 1986, incluyendo al joven Kozlowski en la lista de "Gente que hay que tener en la mira" porque había transformado la división de sistema de aspersores de Tyco. En el proceso amasó cerca de 500 millones de dólares y reveló los juguetes que se compró con eso: un departamento de 31 millones de dólares en la Quinta Avenida, un yate antiguo, un Renoir y un Monet.

Después llegó la caída. En 2002, el fiscal de distrito de Manhattan lo acusó de haber mentido sobre 1,000 millones de dólares en impuestos sobre ventas en sus adquisiciones artísticas, lo que conllevó a mayores investigaciones por parte de la junta de Tyco y del fiscal de distrito.

Al año siguiente, Kozlowski fue acusado de saquear sistemáticamente a su compañía por cientos de millones de dólares, incluyendo bonos no autorizados. Después del juicio fue declarado culpable por una serie de delitos y fue sentenciado a prisión por un periodo de ocho a 25 años, y se le impusieron multas y compensaciones de decenas de millones de dólares. 

La evidencia en su contra incluye una cortina de baño dorada de 6,000 dólares financiada por la empresa, y un video de una fiesta de cumpleaños para su esposa al estilo de una orgía romana en Cerdeña. Esto le costó 2 millones de dólares, y los fondos de Tyco pagaron la mitad; estas extravagancias incluían una escultura del David orinando vodka Stolichnaya.

"OINK, OINK," decía la primera página del New York Post. "Fui un cerdo", dijo Kozlowski a Fortune desde la zona de visitas de la prisión. "Hice mal las cosas, pero no merezco estar aquí".

Y tiene algo de razón: si la avaricia sola fuera motivo de encarcelamiento, la mayoría de las personas de Wall Street deberían estar cumpliendo una sentencia. Aquellos que destruyeron a AIG, a Lehman o a Bear Stearns deberían estar tras las rejas junto con Kozlowski, una propuesta que no ha salido del enfoque de las autoridades de Nueva York. "Es mortificante", dijo.

Él es la encarnación de una era de avaricia corporativa y derroches personales desde hace casi 10 años. Junto con Bernie Ebbers y Jeffrey Skilling de WorldCom, quienes cumplen sus propias sentencias, Kozlowski ahora parece una papa frita en el mar de los malhechores financieros. La pregunta es si es un patrón para los fiscales hoy en día o si es sólo un chivo expiatorio que merece la indulgencia retrospectiva. Yo sugeriría que la última.  

Kozlowski tiene un nuevo llamado en puerta, esta vez ante un juez federal en Manhattan. Los papeles del Gobierno serán emitidos el 30 noviembre. Las cortes estatales han retirado los cargos. El asunto técnico constitucional alegará que se le negó un juicio justo porque no tuvo acceso a evidencia defensiva que pudo haber ayudado a su defensa.

Mientras que no se trata de un argumento malo, las cortes federales normalmente se niegan a atender las reglas criminales. En vez de jueces, los políticos prefieren reevaluar la justicia que hubo en la sentencia de Kozlowski.

Dado que Tyco sigue siendo una compañía fuerte (a diferencia de Enron y WorldCom, cuyos fracasos fueron ocasionados por la criminalidad de sus líderes), ¿no fue Kozlowski injustamente destrozado? ¿La inequidad de su castigo no fue sobrevaluada en comparación con la de los líderes corporativos que casi destruyen la economía el año pasado?

A pesar de que su conducta fue monumentalmente excesiva y la evidencia parecía indicar que obtuvo compensaciones gracias a movimientos veloces y ágiles con los directores de la junta, el crimen putativo simplemente no parece garantizar un castigo más largo del que se da a varios asesinos.

El cargo por los impuestos, uno muy convincente, no es por el que está pagando. El caso contra Kozlowski, en esencia (parte de cuya compensación fue indiscutiblemente legítima con base en los precios de las acciones de una compañía que estaba creciendo, y que beneficiaban a todos los accionistas), representa una glorificada disputa sobre los bonos ridículamente fabulosos. "Todo lo que tuve está en los libros de la compañía, nada se hizo de forma oculta", dice Kozlowski.

No le permitan enseñar ética en la Facultad de Negocios de Harvard, no le permitan regresar al circuito de yates de Nantucket. En retrospectiva, de ocho a 25 años parece algo gratuito, un pago personal para la ola de crímenes de cuello blanco que en realidad no se trataba de algo contra él. 

¿Recuerdan a Michael Milken y a sus cientos de millones en ganancias ilícitas? Cumplió no más de dos años en prisión. Las sentencias mimosas no son buenas, pero las sentencias por venganza son mucho peores.

El gobernador de Nueva York tiene poder de clemencia, y las autoridades estatales de libertad condicional han sido discretas: con base en buen comportamiento, Kozlowski podría salir en un par de años. Imaginen su potencial laboral en diseño de interiores.

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En cuanto a relaciones públicas, ninguna autoridad quiere ser la que deje libre al chico malo con mala reputación. Pero en estos tiempos económicamente difíciles en los que vivimos, cuando la masa populista exige la sangre de Robespierre, la calidad de la compasión debería mantener su puesto de nobleza. 

*David A. Kaplan, editor y colaborador en Fortune, ejerció derecho en Wall Street, y escribió "The Accidental President", donde dice que la lucha de Gore contra Bush sentó las bases de la serie ganadora del Emmy, "Recount", de HBO, el año pasado. Ahora escribe un nuevo libro: "The Age of Avarice". 

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