El escándalo de la familia Hearst

El divorcio de Bunky Hearst Jr. impactó al imperio mediático dueño del San Francisco Chronicle; Barbara, la ex esposa, se quedó con activos valuados en más de 10 millones de dólares.
John Randolph Hearst Jr  (Foto: Fortune)
Mark Fass

En septiembre de 2004, John Randolph "Bunky" Hearst Jr. y su esposa, Barbara, fueron anfitriones de lo que podría ser su última cena en su casa de los Hamptons.

Bunky sufrió una embolia en 1989, y ahora, en medio de las fiestas, escapó a su lugar habitual. Según papeles de la corte, cuando el hombre de 70 años necesitaba descansar de alguna discusión por dinero con su tercera esposa, se refugiaba en su cuarto hasta que sus enfermeras le decían que ya todo estaba más tranquilo. Esa noche, Barbara lo siguió hasta su cuarto; iba acompañada de dos portadores de citatorios. 

"Lo podemos hacer por las buenas, o por las malas", dijo Barbara a Bunky mientras los portadores le daban los papeles de divorcio. "Recuerda que soy mucho más inteligente que tú", y con esa amenaza, Barbara comenzó la batalla legal que amenazó con revelar los secretos más oscuros de Hearst Corp.

Este ataque surgió cuando la compañía lidiaba con trastornos en el negocio mediático; hoy, Hearst Corp es un imperio multimillonario de la industria, con 200 revistas a nivel mundial (incluyendo Cosmopolitan y O, Oprah Magazine), 16 periódicos (incluyendo al San Francisco Chronicle), 29 estaciones televisivas, el canal Arts & Entertainment, 20% de ESPN, y sus 500 millones de dólares en las oficinas centrales de Manhattan.

Mientras se efectuaba el divorcio, la compañía preparó sus acciones, invirtió decenas de millones de dólares en cadenas de televisión y corrió a su presidente ejecutivo, Victor F. Ganzi, una movida que se atribuyó a su falta de acción en estrategias digitales. No se sabe cómo se involucró la empresa en el matrimonio de Bunky, pero es una buena historia de gobernabilidad corporativa. Gracias al testamento de William Randolph Hearst, Hearst Corp. es una empresa privada y propiedad del Fondo Hearst Family.

El fondo funciona así: cinco de los 13 puestos de la junta son para descendientes de William Randolph Hearst, ahora Bunky y cuatro primos suyos, y los otros ocho lugares son para ejecutivos actuales o antiguos. Realmente no hay gente de fuera. Los 13 miembros del consejo de administración también forman parte de la junta de 20 miembros de directores. Los siete puestos restantes se llenan mediante una combinación de miembros de la familia, ejecutivos o personas con ambos puestos, como Stephen T. Hearst, presidente de las operaciones de madera de la empresa. Hearst Corp. es muy probablemente la compañía más grande manejada por fideicomisarios. 

Algunos miembros de la familia Hearst han sugerido que la calidad de secreto de la herencia tiene más que ver con el miedo a una demanda que con la protección de la familia, así que, cuando el divorcio de Bunky estalló y él acusó a su esposa de haber tomado ventaja de su vulnerabilidad post embolia, el equipo legal de Barbara astutamente lo atacó a él y a Hearst Corp.  

Los abogados de Barbara alegaron que debía ponerse en duda la competencia de Bunky, al igual que los últimos 15 años de toma de decisiones como director y cada carta que firmó y todas sus opiniones en juntas desde el momento que tuvo la embolia.

Para los ejecutivos rivales, como ABC, e inversionistas de la compañía públicamente comerciada, Hearst-Argyle Television, el lanzamiento de tales documentos sería una ventana para ver la forma en la que se desempeñaba la empresa.

A primera vista, el divorcio de Bunky era sólo un fenómeno en los titulares (él alegó que uno de los amantes de Barbara fue hallado muerto por una mala reacción al Viagra del mercado negro), pero en otro nivel, el caso dio pruebas de cómo podía compararse el fondo Hearst con el sistema de acciones de doble clase que la familia Graham, del Washington Post, o los Sulzbergers, del New York Times, empleaban para controlar sus dinastías. En esos casos, las acciones se comerciaban públicamente, pero las familias tenía dominio de acciones especiales con derechos de voto especiales.

La balada de Bunky y Barbara

La saga de este ataque comenzó en 1987, cuando Bunky comenzó a salir con Barbara. Bunky, en sus 50 en aquel entonces, impresionó a Barbara por su apariencia física impositiva pero gentil. Barbara era hija de un militar que había pasado su vida mudándose de ciudad en ciudad hasta que llegó a Charlotte. Cuando conoció a Bunky ya había estado casada y divorciada. Viajaba mucho y le debía a Hacienda cerca de 50,000 dólares. Ella recuerda cuando se conocieron, cuando él pesaba 30 kilos menos y lo admiraba por sus capacidades de redacción.

La infancia de Bunky fue tanto encantadora como triste. En 1945, a sus 12 años, tuvo que ir a vivir con su abuelo porque su padre bebía y a su madre le gustaban los bebedores, y después del divorcio ninguno se interesó en criarlo. Era atlético, gregario y rebelde, y pronto se volvió el nieto favorito de Randolph Hearst, el único de los 15 nietos que vivió con él en lo que algunos llaman "el Castillo de los Hearst en San Simeon, California", y lugar al que la familia llama "el rancho". No sólo se paseaba por las 56 habitaciones del castillo al pie del Pacífico, sino que se codeaba con las amistades célebres de su abuelo, como Charlie Chaplin.

En 1951, su abuelo murió, meses antes de que Bunky cumpliera 18 años. Él fue el único nieto mencionado por nombre en el testamento. Cerca de 400 millones de dólares actuales se dividieron en tres fideicomisos, uno para su familia y los otros dos para obras de caridad. Cuando su padre murió en 1958, Bunky recibió 5% de participación de las distribuciones del fondo de por vida. En 1974, recibió cerca de 7,500 dólares. Gracias a inversiones en negocios como ESPN, su participación creció a cerca de 9.5 millones de dólares en 2006.

Tres de sus primos, cuyos divorcios fueron menos complicados, están empatados en el lugar 296 de la lista de estadounidenses más ricos de Forbes, cada uno valuado en 1,300 millones de dólares. Cuando Bunky y Barbara comenzaron a salir en 1987, ya se había divorciado dos veces, corría caros, trabajaba en el New York Daily Mirror, y editaba la revista Motor Boating.

La pareja salió cerca de un año hasta que Bunky la invitó a vivir con él en su casa de Bridgehampton. Un año después, Barbara regresó de su clase de yoga para encontrarlo parado en el pasillo, inmóvil e incapaz de unir palabras. Después de una noche en el hospital, Barbara lo llevo al Hospital Presbiteriano de Nueva York, donde los doctores le informaron de la embolia.

Bunky pasó los siguientes meses en hospitales y en rehabilitación, intentando volver a aprender a caminar y hablar. En febrero de 1990, tres meses después de la embolia, Barbara llevó a un amigo a que lo viera en el Instituto Ruske de Manhattan. Su amigo pudo ver cómo se había desgastado Barbara. "La vas a perder", le advirtió. Diez minutos después, desde la cama del hospital, Bunky le pidió a Barbara que se casara con él. La boda fue el 21 de junio de 1990, en el departamento de unos amigos de Manhattan.

Cómo Bunky perdió la paciencia

En retrospectiva, el plan de cazafortunas de Barbara era obvio, como después afirmó Bunky. Según documentos de la corte, Barbara se hizo cargo de las finanzas desde que se casaron, remplazando a su abogado, Robert Littman, con uno nuevo que le dio poderes ilimitados sobre sus activos. Compró más propiedades en los Hamptons, en Charleston y en Charlotte, todos a su nombre. Se adjudicó cuentas, cerro las de Bunky y tomó 50% de los intereses de uno de sus yates. Bunky accedió a todo esto, ahora alega que durante su estado de debilidad post embolia.

Después se mudaron y ya no pasaban tiempo juntos. Bunky dejó la mansión que Barbara apodaba "Versalles bebé". El matrimonio se deterioró y las discusiones aumentaron.  En 2004 se llegó al punto de no voltear atrás, y en julio de ese año, Bunky pidió a su representante, Littman, que fuera a su casa para que discutieran el divorcio.

Después, Littman se enteró e informó a Bunky que Barbara era la dueña legal de todas las propiedades de Bunky. Bajo las leyes de Nueva York, era difícil ver cómo podía calificar para divorcio, pues es el único estado en el país donde no hay divorcios "sin fallas", a menos que se alegue adulterio, encarcelamiento, abandono y trato cruel o inhumano. 

Bunky consideró acusarla de adulterio, con dos amoríos, uno con un contratista y otro con su vecino, quien fue encontrado desnudo y muerto en su baño. Todo esto lo negó Barbara. Las infidelidades de Bunky eran bien conocidas con sus enfermeras, y su abogado admitió que Barbara otorgaba "permisos sexuales". 

Si el adulterio no funciona, intenten con el fraude

En 2006, los abogados de Bunky descubrieron una nueva estrategia que involucraría a Hearst Corp. Bunky la demandaría por fraude. Si la corte descubría que Barbara lo había engañado con sus activos, la decisión no sería el término del matrimonio, sino que Barbara regresara sus propiedades. 

En un nuevo intento por arreglar las cosas con su esposa, Bunky alegó que Barbara, con ayuda de su abogado, conspiraron contra la fortuna de Bunky explotando "su dependencia física y emocional". Finalmente, en agosto de 2008, los abogados de Barbara quisieron llegar a un acuerdo favorable: los abogados de Barbara citaron a Hearst Corp. y los exhortaron a buscar documentos desde la embolia hasta el divorcio, lo cual reflejaría las "acciones y desempeño" como fideicomisario y miembro de la junta. 

"Creemos que los documentos demostrarán que a pesar de las acusaciones, su condición se vio reflejada en varios negocios y asuntos financieros que fueron considerados por la junta", alegó el equipo de Barbara. Es decir, si Bunky fue tan incompetente como para que alguien más manejara su fortuna, ¿cómo estaba dirigieron una de las compañías mediáticas más grandes del siglo XXI? El equipo legal de Bárbara, que incluía al astuto abogado Charles Stillman de Stillman Friedman & Shectman, quería pruebas de movimientos desde hace 15 años. Estos documentos también revelarían secretos de la compañía.

Hearst Corp., cuyos directivos no han comentado, se negaron a la solicitud y alegaron que esto podría dar a conocer algunas de las estrategias de la empresa y sus planes para el futuro, así como sus balances, lo cual sería perjudicial en materia competitiva para ellos.

No es incompetente, sólo vulnerable

En septiembre de 2008, Bunky y Hearst respondieron a las solicitudes de Barbara separando con una línea los términos "vulnerable" e "incompetente. Thomas Quigley, el nuevo abogado de Bunky, socio en Winston & Strawn, presentó una declaración jurada "aclarando los alegatos de Bunky".  Aunque él alega que todo fue el resultado de una embolia debilitante, él estaba débil y vulnerable. Hearst Corp. acepto estipular que Bunky era "legalmente competente" a cambio de no publicar ningunos documentos.

Los abogados de Barbara se negaron, confiados en que podrían llegar a un acuerdo. Al parecer tenían razón. En diciembre de 2008 Bunky accedió a retirar las acusaciones de fraude a cambio del divorcio. También accedió a distribuir los activos que Barbara ya se había adjudicado. Quigley insiste en que quien tomó la decisión fue Bunky. Claro que la compañía quería demandar hasta sus últimas consecuencias, pero no presionó a Hearst Jr.

Solo otra vez, como debe ser

El fideicomiso, que ha sido demandado por los Hearst y sus ex esposas desde hace generaciones, una vez más salió indemne. Bunky y Barbara no corrieron con la misma suerte. A 58 años de su muerte, el programa de William Randolph Hearst para mantener a la compañía viva sigue funcionando. Desde su muerte, los administradores profesionales de la compañía han aumentado su valor cerca de 2,500%.

"Es una estructura astuta", dijo Charles M. Elson, presidente del Centro de Gobernabilidad Corporativa de Weinberg en Delaware. "Hearst dio a sus descendientes una voz pero no el control". El fondo eventualmente terminará, y la compañía se dividirá cuando muera el último de los nietos. Por ahora, cualquier descendiente de Hearst que sobreviva a Bunky y a nueve de sus primos se preparan para heredar cerca de 150 millones de dólares.

En cuanto al divorcio de Bunky, terminó el 15 de abril de 2009. Barbara se quedará con activos valuados en más de 10 millones de dólares. Él se queda con la cabaña, con el activo "Baby Versalles" y sobre todo, con el divorcio. Barbara admitió fallas matrimoniales como abandono, pero nada de fraude. El acuerdo fue una victoria para ella, quien se sigue llamando Sra. Hearst. Si hubiera perdido el juicio de fraude, tal vez sus abogados habrían solicitado su bancarrota. Ahora, Barbara, de 68 años, es nuevamente rubia y dice que Bunky será su último esposo.

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Por su parte, Bunky, de 75 años, habrá recuperado las llaves de "Baby Versalles", pero sigue viviendo en la modesta cabaña al final de la colina. Aunque es pequeña para los estándares de los Hampton, es suficiente para su silla de ruedas y tiene vista al mar. El lugar está lleno de recordatorios de las raíces de Bunky, como un árbol tallado a mano, fotos, y una réplica de Rosebud, el icónico trineo de Ciudadano Kane. "Es una gran película por su producción, pero los diálogos necesitan afinarse".

Bunky pasó gran parte del verano con huéspedes y en su cuarto, fumando a escondidas cuando sus enfermeras no lo veían. Él sabe que los buenos momentos de su vida han sido muchos más que los malos. Cuando le preguntamos si haría todo otra vez, respondió: "cada minuto, me encantó, me divertí, me malcrié". Después tomó una bocanada de humo y dijo: "cada minuto, cada dólar". Con un aire filosófico, pidió a una de sus enfermeras que le preparara otra bebida.

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