P&G pierde un legendario CEO

A.G. Lafley deja a Procter & Gamble, una compañía de más de 79,000 mdd; decidió dejar la presidencia para que Robert McDonald tome completamente las riendas de la firma.
pg-procter-ag-lafley-AP.jpgA  (Foto: AP)
Jennifer Reingold
NUEVA YORK -

La última vez que hablé con A.G. Lafley en noviembre, estaba desvariando sobre todas las cosas que su sucesor, Robert McDonald, había logrado hacer en sus cinco meses como presidente ejecutivo de Procter & Gamble. Tanta fue mi sorpresa que le pregunté si tenía mucho que hacer en estos días como presidente de la junta.

"Honestamente, (McDonald) se ha acoplado mucho más rápido de lo que pensé", dijo. "Este tipo está haciendo las cosas bien, y es exactamente lo que esperas que pase". Aún así, agregó, "es bueno ser necesario".

Al parecer, Lafley, de 62 años, decidió que ya no es necesario al mismo nivel que pensó que sería cuando accedió a dejar su puesto como presidente ejecutivo pero permanecer como presidente en junio.

El martes anunció que dejaría la junta y todas las responsabilidades que conlleva en enero, y que McDonald también tomaría su puesto de presidente. "Nuestros planes y estrategias están funcionando", dijo. "Es el momento adecuado para completar nuestra transición administrativa".

Sin importar lo que crean de McDonald, la salida de Lafley es una pérdida para P&G, sin mencionar para el mundo de los negocios en general. No sobra decir que Lafley llevó a P&G hacia el próximo siglo, y convirtió a la alguna vez cuadrada empresa en una colmena de innovación, acuerdos de negocios audaces y un enfoque absoluto en el cliente. 

Hoy en día, los negocios recurren a P&G no sólo en busca de nueva tecnología sofisticada en sus productos, sino también en busca de nuevas formas para mercadearlos en el mundo en desarrollo y de nuevos procesos administrativos con el que pocas empresas se atreven a soñar. 

El objetivo de Lafley era crear una especie de proceso de tutoría mediante el cual, McDonald sería capaz de facilitarse su entrada al trabajo, es decir, ofrecerle completamente lo opuesto a lo que ocurrió durante su propia transición al puesto de presidente ejecutivo, cuando tuvo que ocupar el lugar de Durk Jager justo después de su despido en 2000.

En aquel entonces, la compañía pidió al ex presidente ejecutivo, John Pepper, que regresara a tomar el puesto de presidente. Permaneció en ese puesto por casi dos años hasta que la junta se sintió cómoda y segura de que Lafley podía hacerlo por sí mismo. En esta ocasión, parece ser que el nuevo presidente ejecutivo no necesita mucha ayuda: la compañía parece estarse recuperando de sus bajas en la crisis con nueva energía y con un compromiso renovado para "tocar y mejorar vidas".

Tristemente para todas las empresas del planeta, a las que les hubiera encantado tenerlo como asesor, Lafley parece estar listo para retirarse del trabajo ejecutivo, así como de su servicio en la junta.

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Por lo menos hasta ahora, su nuevo proyecto de vida implica mucho ejercicio físico (recientemente terminó un triatlón). Ha hablado sobre el proyecto de escribir libros, pero por ahora parece estar contento dejando que la vida tome su propio curso, algo que es imposible para cualquier presidente ejecutivo responsable de una compañía de 79,000 millones de dólares.

Después de haber tenido una carrera tan plena, tal vez eso no sea tan fácil. Pero, una vez más, Lafley ha hecho todo lo posible para que así lo parezca.

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