SAS, el ‘cielo’ de los empleados

¿Ya fuiste al gimnasio, desayunaste con la familia y tomaste un masaje? Los empleados de SAS sí. Descubre por qué la revista Fortune eligió este año a la firma como el mejor lugar para trabajar.
sas-empleo-trabajo-empresa  (Foto: Greg Segal)
David A. Kaplan

Los empleados en SAS se sienten bien cuidados. Cada semana, varias docenas de ellos reciben masajes en el enorme centro de recreación y actividades.

Hay que pagar, pero sólo 55 dólares la hora, (antes de impuestos), pero resulta muy conveniente: se encuentra justo encima del gimnasio, la sala de descanso, el billar, el sauna, los manicuristas, salones de belleza y kickboxing en la alberca olímpica. Las reglas son llevar traje de baño y no usar el teléfono celular en clase. 

Hay masajes clásicos, ortopédicos y faciales con el fin de hacer que los trabajadores "estén más al pendiente de su cuerpo y se muevan con mayor libertad y hemos aumentado la energía, reducido el dolor y aumentado la relajación y bienestar".

No sé mucho de estadísticas ni análisis de negocios e información o programación computacional, pero hoy me va muy bien como empleado de fantasía en SAS. Después de desayunar en el campo de SAS cerca de Raleigh, Carolina del Norte, empiezo mi sesión con Ben Franklin, terapeuta masajista certificado que se desempeñó durante 28 años como ingeniero en BellSouth. 

"Me concentro en tus zonas torácicas y cervicales", me explicó junto con la música Zen. "¿Sientes cómo se va el estrés de tu cuerpo?". No recibo este servicio en Fortune, y creo que en ninguna otra compañía estadounidense.

Aunque las compañías en Silicon Valley obtienen mucha publicidad por contar con lugares de trabajo amigables, este lugar no tiene comparación. SAS no sólo es la empresa privada de software más grande del mundo, con ingresos de 2,300 millones de dólares.

Google, cliente de SAS, tomó su modelo de unificación hace algunos años. La firma ha estado en la lista de las mejores compañías donde trabajar de Fortune desde hace 13 años que se lleva el registro, pero es la primera vez que SAS ocupa el lugar de honor.

Su presidente ejecutivo, Jim Goodnight, dice que las políticas tienen un sentido adecuado para el negocio. "Los activos principales salen por las puertas todos los días", dice Goodnight. "Mi trabajo es asegurar que regresen".

Sus motivos no son caritativos, sino prácticos, incluso un tanto maquiavélicos. La estancia promedio en SAS es te 10 años. Unos 300 empleados han trabajado 25 o más. Las facturaciones anuales fueron de 2% en 2009, comparado con el promedio en la industria de software, de 22%. Las mujeres conforman el 45% de la fuerza de trabajo dentro de Estados Unidos, con una edad promedio de 45 años.

A sus 67 años, Goodnight, el habitante de Carolina del Norte más rico, es el arquitecto de su propia cultura corporativa. Es doctor en Estadística y maestro, y es considerado una persona sensible.

Varios empleados de SAS se refieren a él como Dr. Goodnight, en vez de Jim. Va a la peluquería de la compañía para ahorrarse el viaje a otra, pero no verán a Ben Franklin yendo a tomar sus masajes. Goodnight y su esposa, Ann, viven en la zona de la compañía en una casa de ladrillos, no lejos de la granja solar que SAS construyó para abastecer de energía a las instalaciones.

Aunque es una figura de culto, es conocido por llevar panecillos para los 737 empleados corporativos. Su liderazgo es poco comparable con los mandamientos de Jobs.

Cree en dos respuestas universales: su primer amor es la programación, que dice, es como armar rompecabezas, y cree en la igualdad de presidentes ejecutivos. Se sabe que sale de las juntas cuando ya no hay nada provechoso que obtener de ellas. "Es un introvertido extrovertido", dijo un empleado.

Goodnight dice que lo interesante no es la generosidad de su compañía sino por qué otras corporaciones no hacen lo mismo. Los estudiosos confirman que sus políticas con creativas, reducen la distracción y fomentan la lealtad, aunque se sabe que SAS no paga los sueldos más altos aunque no haya acciones.

Los beneficios no son la manifestación más generosa del corporativo, sino la ética laboral basada en la confianza. Los empleados de SAS, sin sindicato, saben que son objeto de curiosidad y envidia: quieren saber si trabajan en un club de campo y a quién le pueden enviar su currículo. SAS contrató 264 empleados en 2009, y recibió 100 currículos por cada puesto.

La noción de la vida fácil frustra a los que están dentro. "Hay quienes piensan eso porque SAS es un ambiente familiar y tienen grandes beneficios, y creen que no trabajamos duro", dice Bev Brown, de comunicaciones externas. "Pero la gente sí trabaja duro porque estamos motivados para cuidar a la compañía que nos cuida a nosotros".

Centro de salud, donas gratis y clases de cocina

Para los 4,200 empleados de SAS en las oficinas centrales de Carolina del Norte (hay otros 7,000 empleados en otros lugares), el ambiente de trabajo es civilizado.

Una semana común es de 35 horas; nadie de recursos humanos cuenta los días de enfermedad (en promedio los empleados se toman dos al año), y varios empleados arman sus propios horarios. "No tratamos a los empleados como criminales", dice Jenn Mann, vicepresidenta de recursos humanos.

A menos que trabajes en la puerta o en mantenimiento, a nadie le importa que no llegues a las nueve. Cuando llegas, te quedas a trabajar, y ese es el punto.

SAS, como muchos dicen, es un paraíso. Hay un cementerio muy cerca, y los empleados bromean con que nunca tendrán que irse de ahí. Hay guarderías para 600 niños y un campamento de verano, así como un sinfín de instalaciones y facilidades en todas las instalaciones.

También hay tres cafeterías que sirven 500 desayunos y 2,300 comidas al día. Una cafetería cuenta con un pianista. Si tienes niños, los puedes llevar a comer contigo. Hay botanas permanentes y donas de Krispy Kreme los viernes, y M&Ms los miércoles. También hay ligas deportivas.

Lo mejor para los empleados es el centro de salud, que, al igual que otros edificios de SAS está rodeado de esculturas coloridas. Trabaja de 8 de la mañana a 6 de la tarde, y hay 56 empleados, incluyendo médicos, enfermeras, nutriólogos, técnicos y terapeutas, y un psicólogo.

Aunque no puedes recibir un transplante aquí, el centro de salud es una clínica que provee desde vacunas para las alergias, pruebas de embarazo y estudios de sangre, y no cuesta nada a los empleados.

"Ni siquiera hay una caja", dijo Gale Adcock, director de servicios médicos. "Cobramos si faltas a una cita y no cancelaste, y el costo es de 10 dólares". 

El año pasado, el 90% de los empleados de SAS y sus familias (incluyendo la de Goodnight) hicieron 40,000 visitas. SAS dice que el centro, con un presupuesto de 4.5 millones de dólares, le ahorra a la compañía 5 millones de dólares al año porque los empleados no pierden tiempo en salas de espera y pueden atenderse cuando lo necesitan. Todos en Estados Unidos se quejan del sistema de salud, tal vez todos excepto los empleados de SAS.

La vida y el trabajo adyacente, y los centros de salud, ofrecen estupendos programas que intentan balancear la vida diaria. Además de las clases de yoga y pilates, hay programas de invierno para controlar el peso, dejar de fumar e ir a escalar los Apalaches, entre otras actividades. Algunas de estas actividades también están disponibles en línea para que los familiares y retirados puedan tomar clases a distancia.

Fuera de las instalaciones hay rodeos, circos y espectáculos de autos. Los programas también atienden problemas familiares, como temas de divorcio, adopción y niños con necesidades especiales, adolescentes, etc. SAS provee sillas de ruedas y andaderas, e incluso ayuda a las familias para resolver el problema del cuidado a las personas mayores. El reto es que termines con tu trabajo mientras haces todas estas actividades.

Pionero de los negocios inteligentes

Cuando Goodnight cofundó la compañía en 1976, SAS (Sistema de Análisis Estadístico), se enfocaba a los negocios inteligentes de software creados al principio de la década por Goodnight y otros colegas de Carolina del Norte. El darse cuenta de que la academia no alcanzaba el potencial de su software, Goodnight comenzó el negocio, y aún es dueño de dos terceras partes.

Su software sofisticado estaba diseñado primordialmente para analizar información de agricultura para aumentar los campos de cultivo. Hoy SAS es empleado por el 79% de las compañías de Fortune 500.

Los vendedores nacionales usan SAS para predecir el lugar óptimo para colocar sus tiendas y determinar qué productos colocar en qué tienda, a qué precio y cuándo. Los bancos lo usan para detectar lavado de dinero y saber quién es apto para obtener una tarjeta de crédito. Las aseguradoras lo usan para detectar fraudes. Las farmacéuticas los usan para mejorar las evaluaciones de medicamentos en su período de prueba. Los equipos de béisbol lo emplean para fijar el precio de los boletos. El Gobierno y las universidades también lo usan, y el Buró de Censos analiza su información con sus programas de cómputo.

SAS dice que la información digital se cuadruplica al día. Incluso si no pueden mantener el paso, la información ya no está colocada en computadoras de forma tradicional, sino en patrones de tráfico en la Web, historiales de búsqueda y comportamiento en las redes.

Para Goodnight, así como otros gigantes como IBM, Microsoft y Oracle, la proliferación de la información es una oportunidad lucrativa. Con miles de millones de dólares en el banco, Goodnight sigue invirtiendo. Él dedica más de la quinta parte de sus ingresos a investigación y desarrollo. Por 33 años consecutivos, sus ingresos han crecido, llegando a 2,300 millones de dólares en 2009, más del doble que hace siete años.

La compañía depende de ingresos de Europa, África y Medio Oriente, así como de América. Los márgenes de ganancias son de dos dígitos, y Goodnight dice que sus cifras de 2009 son motivo de orgullo en un año en el que no hubo aumentos salariales ni despidos.

Tal vez su estabilidad y éxito permiten que Goodnight sea tan libre con sus bienes, sobre todo cuando no hay accionistas que satisfacer. Pero el huevo de SAS llegó antes que la gallina: en su año inaugural, la compañía estableció semanas laborales flexibles de 35 horas y reparto de ganancias, así como fruta fresca los lunes y otros beneficios para los empleados.

La compañía ofreció el cuidado a los menores después de que una mamá planeara no regresar a trabajar después de su permiso de maternidad. Luego construyó los gimnasios y las cafeterías.

Goodnight recuerda que todo tenía sentido, y le gustaba la idea de reinvertir los ingresos en la compañía. "Prefiero gastar dinero en empleados que enviarlo a Washington como impuestos".

Crecimiento en Carolina del Norte

La clave es la locación. Carolina del Norte está lleno de deportes como basketball, NASCAR, carnes asadas y música. Se supone que para encontrar motores tecnológicos debes ir a Silicon Valley, pero aquí hay lugar para todos. La idea del ambiente amigable no comenzó en Silicon Valley sino en la imaginación pública de un lugar céntrico.

El talento de Goodnight está lleno de estadísticos en vez de ingenieros o administradores; mientras que en Silicon Valley los empleados revisan sus BlackBerrys desde sus oficinas en la noche, los empleados de SAS están cenando en sus casas a esa hora.

Goodnight dice que su valor produce constancia y continuidad así como compromiso: el concepto cíclico de SAS. Mientras que en Silicon Valley están listos para adoptar la última tendencia, los empleados aislados de SAS se quedan con lo seguro a largo plazo.

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La mayoría de los empleados son de Carolina del Norte. Son anticuados y creen en su comunidad. El 84% son blancos, no hay mucha diversidad. SAS pensó en convertirse en una empresa pública en 2000, durante la burbuja tecnológica, lo que le habría dado miles de millones de dólares en liquidez, y haciendo que varios de sus empleados se volvieran millonarios. Pero el precio habría sido muy alto, pues estar en los mercados públicos habría sido una locura. "La mayoría de los presidentes ejecutivos desearía ser privados", dice Goodnight. Pocos miran hacia atrás, y creen que la mejor opción fue seguir siendo privados.

Si no lo hubiera hecho, probablemente no habría miércoles de M&Ms. La tradición de SAS comenzó cuando sólo había siete empleados. Hoy hay canastas por todos lados. Se consumen cerca de 22 toneladas y media de chocolates al año, un promedio de 4 kilos por empleado. Los pasantes y periodistas se comen la mayoría. El valor regular de esos chocolates es de 216,000 dólares, pero la compañía los compra con descuento, a 71,225 dólares el año pasado. La conclusión es que trabajar en SAS es un trabajo dulce.

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