Los sueños de Jobs mantienen a Apple

La última creación de Steve Jobs trajo multitudes, ¿por qué a sus competidores les falta esa magia?; ¿no es hora de demostrar que hay alguien que pueda pensar a lo grande además de Jobs en Apple?
steve-jobs-apple-ipad  (Foto: CNN)
Philip Elmer-DeWitt

El lanzamiento de la iPad, medido de acuerdo a su contribución al ingreso de Apple, no ha sido tan espectacular.

Incluso si se mantuviera el entusiasmo inicial por el dispositivo; incluso si no aparecen problemas en su desempeño o en su producción; incluso si Apple logra vender en 2010 los 6 millones de iPad que prevén Goldman Sachs y Morgan Stanley (estimaciones considerablemente más elevadas que el consenso de Wall Street, que calcula entre 3 y 4 millones de unidades); incluso si la demanda de más memoria y acceso a la red de AT&T coloca el precio promedio de la tablet en 650 dólares... incluso si todas esas cosas llegan a pasar, los 3,900 millones de dólares (mdd) generados por la iPad en 2010 no representan mucho para una empresa como Apple, que reporta ingresos por 50,000 mdd.

Apple puede vender sus Mac por valor de 3,900 mdd en un solo trimestre, y casi el doble de esa cifra en iPhones.

Pero si se mira desde cualquier otra perspectiva, la iPad sí es un buen negocio, no sólo para la firma de la manzana sino para todo el sector de las computadoras.

Steve Jobs vio la oportunidad de crear una tercera pantalla portátil (más grande que un smartphone y más pequeña que una laptop) y parece que ha tenido éxito donde otros, incluido Bill Gates, han fallado.

Quizá es demasiado pronto para saber si el dispositivo correrá la misma suerte que el iPod (250 millones de unidades vendidas) y el iPhone (45 millones vendidos), o la de un producto exclusivo como la Macintosh (que acapara el 7.4% del mercado estadounidense de las computadoras). Pero sabemos que no se trata de un producto de bajo perfil, como Apple TV.

Y lo que es más importante, sabemos que la compañía de Steve Jobs tiene lo necesario para imaginar, diseñar, construir y entregar a tiempo y a precio accesible una joya de la tecnología computacional que despierta el deseo de los consumidores.

Seguramente los rivales de Apple estarán ahora reflexionando sobre el asunto. Pues no es la primera vez que la empresa de la manzana recupera una idea desacreditada y crea no solamente un producto exitoso, sino todo un nuevo sector. Antes del iPod ya había reproductores MP3; antes del iPhone ya había smartphones. Y ya había numerosas computadoras tablet antes del iPad, incluso con sistema operativo Windows.

Desarrollar algo como la iPad no es sencillo, requiere diseñadores de primer nivel, confiables cadenas de suministros, un impecable control de calidad, publicidad de primera, un ejército de desarrolladores de tiempo completo y la visión de construir un ambiente de programas sólidamente integrado (donde todas las partes, software, hardware, ventas y proveedores de redes, se incorporan perfectamente).

Cualquier otra empresa de computadoras o de software puede decir que posee piezas de esa cadena: Microsoft tiene un sistema operativo y un paquete de aplicaciones bien integrado; Sony tiene estupendos diseñadores de software y hardware, así como tiendas; Dell y HP pueden producir dispositivos velozmente y saben cómo atraer al consumidor. Pero de alguna manera, ninguno de ellos tiene lo que se necesita para transformar una actividad una y otra vez.

Ese poder de transformación requiere, para usar la frase del jugador de hockey Wayne Gretzky que Jobs siempre cita, "patinar no hacia donde está el disco, sino hacia donde éste irá."

La vigilante maquinaria de relaciones públicas de Apple ha filtrado que la iPad es la niña de los ojos de Steve Jobs. Hubo informes sobre Jobs dedicando toda su atención al nuevo accesorio, incluso cuando estaba bajo licencia médica, rechazando muchos diseños hasta estar totalmente satisfecho. Se sabe que dijo a amigos y colegas que ese dispositivo era "la cosa más importante" que había hecho nunca.

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Pero como siempre sucede con un nuevo producto, donde el crédito se lo lleva el presidente ejecutivo de Apple, la cuestión sobre su sucesión aparece.

Los directivos de Apple han convencido a Wall Street de que ellos pueden dirigir la compañía, y dirigirla bien, sin la supervisión de Jobs. ¿Pero serán capaces de soñar el próximo invento cuando Jobs se haya ido? ¿O nos guiará alguien del que jamás hemos escuchado nada, como un par de chicos en un garaje?

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