Un amorío le costó la presidencia de IBM

Unos ojos azules le costaron su trabajo y su reputación, por filtrar información al fondo Galleon; Robert Moffat se declaró culpable de ‘vender’ a la firma para la que trabajó arduamente por 31 años.
moffat ibm galleon  (Foto: Cortesía Fortune)
James Bandler

El 16 de octubre de 2009, Robert Moffat se encontraba en las oficinas centrales de IBM en Nueva York; como todos los días en sus 31 años en la compañía, se instaló temprano en su escritorio cuando recibió una llamada de su esposa, Amor, quien le dijo que se apresurara a llegar a casa pues agentes de FBI fueron a arrestarlo por haber participado en tráfico de información privilegiada. 

Moffat colgó el teléfono y llamó a un abogado de IBM, quien le dio el nombre de un litigante defensor de casos de crímenes de cuello blanco. Abandonó el edificio y esa fue la última vez que alguien lo vio en IBM.

Moffat, vicepresidente del grupo de tecnología y sistemas de IBM, fue el ejecutivo tecnológico más prominente en ser arrestado por su relación con el caso federal contra Raj Rajaratnam, fundador del fondo de cobertura Galleon Group. El caso hizo temblar a Wall Street, exponiendo el mundo de acuerdos ilícitos y bajo el agua entre gestores de fondos de cobertura prominentes y ejecutivos de la industria tecnológica. Entre los atrapados tras la investigación federal se encuentra un director de McKinsey & Co, un ejecutivo de Intel y el presidente de New Castle Partners, un fondo de cobertura que formaba parte de Bear Stearns. Hasta ahora, 11 de 21 personas acusadas se han declarado culpables.

Pero el arresto de Moffat sorprendió a todos, pues no era un especulador, sino un candidato confiable para presidente ejecutivo de IBM, para remplazar a Samuel Palmisano. Tenía mucho dinero y su familia lo amaba; de cierta forma no tenía sentido. IBM, con su cultura corporativa y acciones favorecidas por inversionistas a largo plazo, fue una de las últimas compañías de Fortune 500 que habríamos pensado ver en uno de esos casos de tráfico de información. Moffat no hizo ni un centavo con la información que ofreció y tenía una reputación de lealtad muy sólida.

Kenneth Hammer, ex abogado de IBM que trabajó con Moffat, recuerda que no comprendía lo que pasaba cuando se enteró del arresto: se trataba del presidente de la cadena de suministro de IBM. Su trabajo podría sonar aburrido, pero en 2002 conoció a una analista de un fondo de cobertura que encontró su trabajo admirable: Danielle Chiesi, ex reina de belleza en su adolescencia. Para ella, la información de los negocios era su pase para la gratificación. Le gustaban los hombres mayores y le gustaba ver hasta dónde podían llegar. Su lema era que amaba las tres S, por su equivalente en inglés: el sexo, las acciones y los deportes (Sex, Stocks and Sports).

Chiesi, arrestada el mismo día que Moffat, contaba con varias fuentes en compañías tecnológicas; se declaró no culpable de los cargos de conspiración y de fraude de valores. El Gobierno de Estados Unidos alega que fue una de las muchas recolectoras de información de Rajaratnam. "Moffat es grandioso", dijo Chiesi a Rajaratnam, según un extracto de una cinta del Gobierno. "Será mi golpe maestro".

La balada de Moffat y Chiesi es la clásica historia de deseo y traiciones. Eran amantes, pero ella en verdad amaba a su jefe, Mark Kurland, cofundador de New Castle. Pero él no dejaría a su esposa por Chiesi. Y el sexo era omnipresente: Chiesi decía que el tráfico de información "era como un orgasmo".

El camino de Moffat a la cima de IBM

El difunto Jerry York, ex director financiero de IBM, trabajó con Moffat cuando éste era un empleado de finanzas en la división de computadoras. York dijo a Fortune que era un hombre admirable y con mucho futuro. A mediados de la década de los 90, York le asignó una tarea difícil a Moffat y le dijo que si no resolvía el problema antes de que terminara el año, debería renunciar. Moffat estuvo de acuerdo. 

Moffat escaló poco a poco hacia la cima de IBM; era un hombre leal, con hábitos laborales sobrehumanos y una excelente concentración. Su familia lo acompañaba a donde la empresa lo mandaba. Rechazó ofertas de la competencia y trabajaba tan duro que en una ocasión que salió con su esposa, se quedó dormido en la mesa mientras cenaba. Ella temía por su salud y por sus exigencias laborales.

Moffat creció en un pequeño pueblo en Connecticut, y sus padres le inculcaron el amor por el trabajo duro, la competencia y la lealtad. Era un niño exitoso y sus hermanos lo admiraban porque era hábil en la solución de problemas. También era un atleta, y gracias a eso entró a la universidad Union College, Nueva York, donde conoció a su esposa, Amor Boullosa.

La pareja se casó en junio de 1978, después de graduarse. Después de su luna de miel, Moffat comenzó a trabajar en IBM como programador. Su primer hijo, Bobby, nació en 1983; tres meses después, Amor perdió la vista en su ojo izquierdo y dos días después no pudo caminar. El diagnóstico fue esclerosis múltiple, enfermedad que puede ser controlada pero no curada. 

Después, la familia se mudó a Minnesota, Francia, Nueva York y Carolina del Norte. Tuvieron tres hijos más. En Raleigh, Moffat tomó un puesto en el área de finanzas y se hizo amigo de su jefe, Sam Palmisano, presidente del negocio de PC. Ambos tenían mucho en común, sobre todo su desdén por la gente que ponía pretextos. En octubre de 1999, pidió a Moffat que lo acompañara a su unidad porque necesitaba a alguien de confianza, pero en 2000 le pidieron que regresara a la división de computadoras, que estaba registrando pérdidas de 1,000 millones de dólares al año. 

Moffat comenzó a hacerse de una buena reputación fuera de IBM. La revista Forbes y el Wall Street Journal hablaban del milagroso trabajador que estaba levantando a la división de PC. Los empleados de IMB comenzaron a decir que Moffat pasaba más tiempo en la compañía que con su familia, algo que resultó muy cierto.

En 2002, después de que Palmisano fuera nombrado presidente ejecutivo, pidió a Moffat que tomara las desordenadas cadenas de suministro y las hiciera operar bien. En su primer año recortó 5,600 millones de dólares en costos, y su equipo construyó un sistema para rastrear todos los chips y aparatos de IBM desde su compra hasta su punto de venta. Después le agregó categorías de empleados dependiendo para medir las aptitudes y habilidades, pero el sistema de taxonomía humana de Moffat era limitado, pues no podía diferenciar entre las personalidades fuertes y débiles de sus empleados, no podía distinguir a un traidor de un empleado fiel. Seguro que tampoco podría predecir qué ocurriría cuando un hombre de su edad se encontrara con una mujer como Danielle Chiesi. 

Danielle Chiesi: de reina de belleza a "casamentera" corporativa

Rubia, esbelta y de ojos azules; creció en Binghamton, Nueva York, donde ganó un concurso de belleza a sus 15 años. Danielle se graduó de Economía en la Universidad de Colorado en 1988, y se mudó de regreso al noreste para buscar fortuna en Wall Street. Consiguió un trabajo como analista en una correduría llamada Mabon Nugent & Co, donde conoció al hombre que sería su jefe y después su amante: Mark Kurland.

De cierta forma se convirtió en su tutor, alentándola a estudiar la información de las acciones. Sus amigos dicen que él era exigente y ella comenzó a fascinarse con el hombre poderoso que manejaba las firmas que él cubría. Los federales alegan que la pareja se volvió parte de una empresa criminal tiempo después.

No queda claro cuando comenzó su romance, pero se estima que fue cuando ella tenía 27 años de edad. Dejó el trabajo en Mabon en 1991, cambió de empleos una y otra vez, se casó, se divorció y se comprometió dos veces más. Sus compañeros de trabajo la recuerdan como trabajadora, útil y talentosa.

Cuando volvió a trabajar con Kurland, él ya era presidente ejecutivo del negocio de administración de activos de Bear Stearns; después controló un fondo de cobertura de valores en Bear, llamado New Castle.

Chiesi cubrió a las compañías tecnológicas en New Castle, con un sueldo de entre uno y dos millones de dólares al año. Después de su arresto se dijo que le encantaba usar blusas escotadas y faldas cortas, y ella conocía sus encantos. Ella reconocía ser manipuladora. Una persona cercana a ella explicó a Fortune que se trataba de Wall Street: "haces lo que tengas que hacer para conseguir información".

Pero siempre quiso tener a su alcance a los analistas que le fueran de ayuda, y comenzó a relacionarse con personas que le pudieran ser útiles. Uno de sus contactos fue John Joyce, entonces presidente financiero de IBM. Chiesi comenzó a aconsejarlo y así comenzaron una amistad duradera. En 2002 Chiesi le pidió a Joyce que la presentara con alguien "que supiera moverse" en IBM, y Joyce le sugirió a Moffat. 

Se conocieron en Nueva York y, aunque el encuentro fue breve, ella dejó una gran impresión en él, pues su actitud agresiva y directa hizo que él quisiera verla de nuevo. De cierta forma, él se sintió halagado por ella. Él era el contacto perfecto, pues como presidente de la cadena de suministro global, hablaba con frecuencia con todas las tecnológicas del mundo, tanto con vendedores como con los clientes, y trabajaba junto con el presidente ejecutivo.

Moffat se sentía presionado por su familia y por su trabajo; su madre murió en 2002, por lo que quedó devastado. Poco después falleció el padre de Chiesi. Pronto los dos comenzaron una amistad de negocios.

Ella hablaba con todo el mundo y estaba llena de ideas sobre alianzas que IBM necesitaba hacer. Muy pronto, la voz de Chiesi dejó de ser de consejería y comenzó a parecerle muy atractiva a Moffat. "Cariño, haz esto, pon atención". En algún momento de 2003 Chiesi y Moffat comenzaron a tener relaciones.

El departamento de Chiesi se convirtió en un escape para los ejecutivos de Silicon Valley. Uno de sus huéspedes frecuentes fue Hector Ruiz, presidente ejecutivo de AMD. Sus reuniones eran extrañas porque ella era coqueta con todos, dijo Deborah Stapleton, quien asistió a una de sus fiestas, pero una persona cercana a Ruiz dijo que no tenían nada de extraño pues así son las reuniones entre analistas y ejecutivos de la industria tecnológica.

Compartir secretos y comprar acciones

En el verano de 2008, AMD habló de crear una fusión que daría el 50% de su propiedad a un fondo de Medio Oriente. IBM participó en las discusiones porque pidieron a la tecnológica otorgar una licencia para el uso de su tecnología en parte de la reorganización. Chiesi, conociendo a ambos hombres, tenía acceso a ambos lados de las discusiones. Ella le informaba con frecuencia a Kurland de lo que se enteraba. Solía decirle que se reuniría con Moffat en casa de su madre. Cuando Kurland le preguntaba cómo se desempeñarían las acciones de AMD después del cambio, Chiesi le prometió que llegaría al fondo del asunto. Kurland le advirtió que no escribiera nada en correos electrónicos y que tuviera mucho cuidado. Después, New Castle compró 199,400 acciones.

Kurland la presionó para que obtuviera información más específica sobre el acuerdo. El 22 de agosto, Moffat dijo a Chiesi que "los árabes iban a pagar 2,100 millones de dólares para una participación del 50% en Fabco"; Chiesi dio toda la información a Kurland, pero no era el único al que le informaba, también era amiga de Raj Rajaratnam.

Rajaratnam era uno de los 300 hombres más ricos del mundo, con un valor neto de 1,800 millones de dólares. El fondo de cobertura del nativo de Sri Lanka, Galleon, valía 7,000 millones de dólares en su punto más alto. Según el Gobierno, Rajaratnam pagó al menos a una de sus fuentes por obtener información. Chiesi y Rajaratnam hablaron de crear un fondo de cobertura manejado por ella, que se llamaría Hapsburg Capital, en honor al nombre del restaurante del su abuelo, pero esto nunca se hizo.

El Gobierno dice que todo el verano, Chiesi dio información obtenida por Moffat a Rajaratnam, y sabían la importancia que tenía mantener la información confidencial. Chiesi le dijo: "si esto se sabe, quedaré fuera del negocio, porque estoy con IBM y con AMD". En septiembre, New Castle tenía 2.3 millones de acciones de AMD. Galleon contaba con más de 8 millones de acciones.

Lo que no sabían es que el Gobierno escuchaba sus conversaciones. Los federales investigaban a Rajaratnam desde 2007. En 2008, las conversaciones intervenidas comenzaron a escuchar a otros socios de Rajaratnam, incluyendo a Chiesi. Además de grabar las conversaciones, el Gobierno reunió información que sugería que Moffat daba a Chiesi información confidencial sobre IBM y sobre las negociaciones entre IBM y Sun.

Las cintas muestran que Chiesi es una excelente investigadora. Descubrieron que Moffat daba información de forma accidental cuando estaba desprevenido. Chiesi se hizo amiga de su secretaria e incluso le dio un regalo, así que ella también le ofrecía información, como el paradero de su jefe. En una ocasión él le ofreció información sobre los resultados de una reunión con Lenovo.

Al hablar con Steve Fortuna, asesor de un fondo de cobertura en Westwood, Massachusetts, Chiesi notó que Moffat se había comprado un Audi R8, un auto deportivo de 100,000 dólares. Ella dijo a Fortuna que IBM debía estarse desempeñando bien para costear ese auto, según las cintas. No queda claro si alguien traficó información en este caso en particular pero Fortuna se declaró culpable de fraude de valores en relación a la investigación de Galleon.

Según el Gobierno, Galleon y New Castle hicieron 20.8 millones de dólares gracias al tráfico de información ofrecido por Chiesi y otras fuentes, pero incluso con la información de Moffat, New Castle y Galleon no hacían dinero siempre. Perdieron en AMD, en parte, debido a la crisis de 2008, y en parte, porque juzgaron mal la reacción de Wall Street ante la fusión.

El niño bueno de la industria pierde su buena reputación

A finales de 2009, el Gobierno había amasado buena evidencia. El 16 de octubre, el FBI arrestó a los principales involucrados en el caso Galleon.

Amor Moffat estaba en pijama cuando escuchó la puerta: 5 agentes federales llegaron a decirle que iban a arrestar a su esposo. Ella les indicó que su esposo se iba a trabajar siempre a esas horas de la madrugada. Los agentes comenzaron a buscar en la casa y ella les dijo que lo que veían era lo que había; los perros incluso ya les habían llenado sus uniformes de pelo. De inmediato llamó a su esposo.

Después de entregarse al FBI, Moffat fue transportado por agentes a Manhattan, donde le tomaron huellas digitales y fotografías; también se sometió a un análisis de orina. Las autoridades lo llevaron a una celda con Kurland y Rajaratnam, a quienes conoció gracias a Chiesi. También habían sido arrestados esa misma mañana, y compartían la celda con un joven. Moffat le preguntó su delito y él respondió que portaba ilícitamente un arma. "Quizás deberíamos cambiar de papeles", bromeó Moffat. "No, no quieres hacer eso, ésta es la tercera vez que me detienen", respondió el joven.

A las siete de la mañana, Moffat salió con una fianza de 2 millones de dólares. Abrazó a su hermano, Stephen, quien le preguntó si era culpable. "No", respondió Moffat, viendo a los ojos a su hermano. No hablaron mucho en el camino, pues Moffat se sentía apenado. Al llegar a su casa, Moffat habló con Amor, le pidió disculpas. Ella lo escuchó con calma y le dijo que le daría tiempo para que atravesara el duelo por la muerte de su carrera y de su reputación.

"Pero no me voy a quedar parada viendo cómo te destruye esto", dijo con firmeza. Ese fin de semana decidió renunciar a IBM. Por meses, Moffat vivió en un limbo legal. Le habían levantado cargos pero no había sido acusado. Dijo a sus amigos que lucharía, pero para acusarlo, el Gobierno no necesitaba probar que Moffat había hecho dinero, sino que había obtenido cualquier tipo de beneficio. Lo malo fue que el afecto de una mujer es un beneficio.

Después de meses, su esposa y él decidieron que declararse culpable de un cargo de conspiración y uno de fraude de valores con respecto a información que ofreció a Chiesi era lo más sano. Moffat y su abogado, Kerry Lawrence, juraron decir verdad y él se declaró culpable. "Yo le di información a la señorita Chiesi de forma intencional y sabía que lo que hacía estaba mal", dijo, después de describir a Chiesi como una amiga. Moffat pudo conservar su libertad condicional, pero los fiscales probablemente dictaminarían que debería pasar seis meses en prisión.

Mark Kurland fue el primer sentenciado. Admitió sus crímenes pero intentó minimizar sus implicaciones; dijo ser menos culpable que Moffat, quien daba la información, y debería recibir una sentencia similar. También arrastró con él a su ex empleada estrella y ex amante: Chiesi, según dijo él, solicitaba información privilegiada todo el tiempo y ella fue la responsable de esta conspiración ilegal de tráfico de información.

Pero el juez no permitió que intentara restarse responsabilidad. Kurland agregó que abusó de su poder y fue parte de la multitud que hizo que la economía de Estados Unidos cayera en su intento de obtener ganancias más grandes y más expeditas. Fue sentenciado a 27 meses en prisión y lo obligaron a pagar al Gobierno 900,000 dólares.

Otros amigos de Chiesi también pagaron el precio, como John Joyce, ex presidente financiero de IBM, quien la presentó con Moffat. Renunció hace pocos meses de la compañía Silver Lake Partners por las preguntas que Fortune le hizo con respecto a su amistad con Chiesi. Joyce, quien sigue siendo un director de HP, se negó a hacer comentarios.  

Hector Ruiz, ex presidente ejecutivo de AMD, está siendo investigado por su relación con Chiesi, quien tiene que tomar una decisión importante: puede defenderse y arriesgarse a pasar gran parte de su vida tras las rejas, o puede cooperar con el Gobierno.

Hasta ahora, se sabe que se quiere defender conociendo el riesgo, alegando que fue un peón de Kurland. "Es una víctima de un hombre que se suponía era su mentor", dijo su ex prometido, William Bischoff. "Creo que Mark era una persona que abusaba de forma psicológica y se aprovecho de ella".

En lo que respecta a Moffat, él ha luchado para adaptarse a su nueva vida fuera de IBM como delincuente convicto. La que más ha pagado el costo ha sido su esposa, Amor, quien ha visto cómo se agrava su enfermedad. En ocasiones su visión es tan mala que no puede ni conducir a la tienda, o sus piernas están tan débiles que no puede subir las escaleras.

En entrevista con Fortune, Moffat lució emocional y arrepentido. Habló de la vergüenza que llevó a IBM, a sus colegas y a su familia. Dijo que ya está pagando el costo, pues al haberse retirado de IBM, estaba renunciando a 65 millones de dólares en acciones y a una pensión que habría cobrado cuando se retirara a sus 60 años. "Pero lo que más perdí fue mi reputación". Su abogado no le permitió hablar de su relación con Chiesi, pero dijo que pretendía escribir un libro al respecto. "Todos quieren que esto se trate de sexo. Danielle tenía una extensa red de colaboradores, y agregó claridad a lo que pasaba en el mundo de los negocios. Yo sé, desde el fondo de mi corazón, que esa relación se trataba de la claridad en al ambiente de los negocios", dijo. Tal vez incluso lo crea.

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Moffat suele recordar el consejo que le dio su compañero de celda: "recuerda que lo que importa en la vida es la familia".

Las palabras pretendían ser de confianza, pero lo alteraron. Cuando su hijo le preguntó si tantas horas en IBM habían valido la pena, Moffat no pudo responderle.

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