Quiebra corporativa, ¿vale la pena?

Las bancarrotas muchas veces cuestan más a las firmas por pagos legales y reclamos de acreedores; los analistas además advierten que una reestructuración puede llevarl hasta a una segunda quiebra.
lehman brothers  (Foto: Especial)
Kit R. Roane

Los acreedores de Lehman Brothers podrían haberse sorprendido cuando Harvey Miller, el abogado principal del caso de bancarrota del banco, le dijo al Congreso que la cuenta final para resolver los crecientes reclamos podría alcanzar los 2,000 millones de dólares y podría tardar dos años para llegar a un acuerdo. También dijo que algunos de los acreedores podrían obtener sólo 20 centavos por cada dólar de reclamos aprobados.

Para algunos, Lehman es un ejemplo de los costos de la bancarrota que suben hasta la locura y aumentados todavía más por abogados de 1,000 dólares la hora y costosos consultores que quieren hacerse ricos a expensas de los acreedores. Tales costos también han estado bajo escrutinio durante las megaquiebras de General Motors, Chrysler y Washington Mutual, el último siendo un banco que acaba de pasar la marca de 100 millones de dólares en cuotas de reorganización.

Pero algunos expertos en quiebras argumentan que cifras como estas no son tan grandes, dadas las complejidades involucradas en instituciones como Enron o Lehman Brothers, o cuando las sumas se comparan con los activos de las causas en semejantes quiebras. De hecho, el problema más atroz y costoso con el sistema de bancarrota puede ser algo completamente diferente: que demasiadas empresas salen de la quiebra sólo para volver a sufrir problemas financieros.

Buenos tiempos para especialistas en cambios

No quiere decir que los costos de la quiebra no puedan bajar. Las reglas de la quiebra ayudan a las empresas a obtener financiación y aguantar a sus acreedores mientras reestructuran, dicen los críticos, y agregan que a los ejecutivos a cargo de las empresas no les molestan las tarifas porque los acreedores van a terminar absorbiendo el costo. También argumentan que los jueces y los abogados de los acreedores suelen ser demasiado tímidos para cuestionarlas de todas formas.

Stephen French, cuya empresa, Legalbill, ayuda a empresas a manejar los costos de abogados, dice que las empresas en bancarrota pueden ver una reducción de 15 a 20% en costos legales cuando tienen en orden sus controles de la supervisión. Pero Lynn LoPucki y Joseph Doherty, profesores de leyes de UCLA, escribieron hace poco que "las objeciones significativas a pedidos de tarifas son pocos, y que los jueces eluden su tarea de revisar las tarifas sin objeción." Los profesores agregaron que sus datos indican que sólo 1%  de todos los pedidos tarifarios son recortados y que las tarifas aumentaron a un nivel mayor a 10% por año entre 1998 y 2007 - más del doble de la tasa de inflación.

Sin embargo, puede ser difícil notar cuáles tarifas de quiebra son realmente excesivas. Como notó en uno de sus propios estudios el profesor Stephen J. Lubben, experto en quiebras de la Escuela de Leyes de la Universidad de Seton Hall, "la idea de que los profesionales reciban millones de una empresa que está aparentemente 'en la quiebra' les parece a muchos como algo peculiar, o peor," pero decidir "exactamente cuánto debería costar reorganizar una entidad corporativa es un tema sorprendentemente esquivo."

La profundidad de la última recesión se concentró de nuevo en esas tarifas, mientras que una nueva racha de quiebras de alto perfil ha vuelto a engordar las billeteras de los abogados de quiebras y a sus consultores. Nueve de las 20 mayores quiebras corporativas de los últimos 30 años fueron declaradas en 2008 y 2009. El año pasado marcó el mayor número de quiebras de miles de millones de dólares jamás visto. Y las quiebras corporativas han continuado en grandes cantidades, con alrededor del doble de las empresas solicitando protección por quiebra en el año que termina en junio de 2010, al igual que como hicieron en el mismo lapso en 2008, 2007 o 2006.

Pero a pesar de los gastos exorbitantes que emanan de los casos de Lehman y otros -500 dólares al día en limusinas, algunos cientos de tintorería, o algunos millones al mes en horas facturables- los expertos dicen que tales costos no sólo son difíciles de juzgar, sino relativamente pequeños.

A los abogados no se les paga un centavo en alrededor de 35% de las quiebras del Capítulo 11, generalmente porque los casos se cierran o la empresa se liquida. Y con la reducción del tiempo gastado en quiebras, la hora facturable más cara puede ser algo insignificante, según algunos expertos.

Los costos ocultos de la quiebra

Más importante que las tarifas legales y de consultoría por una quiebra, son sus costos indirectos: ventas y ganancias perdidas por la incertidumbre y los problemas de la empresa. Estos pueden sumar entre 10 y 15% del valor de una empresa; por otra parte, las tarifas de abogados y consultores por lo general llegan a 1 o 2% del valor activo de una empresa grande, o 4 a 5% del valor activo de las empresas más pequeñas.

Al final, los costos en abogados y consultores en una quiebra es "trivial," dice el profesor Edward Altman, experto en quiebras de la Escuela de Negocios Stern de NYU, quien cree que el enfoque en tarifas legales durante una quiebra enmascara un peligro mayor y más debilitante dentro del sistema, uno que afecte una tercera parte de todas las empresas públicas que busquen reorganización por quiebra. ¿El problema? Dentro de 4 o 5 años, se encuentran en una restructuración en problemas.

A pesar de la orden del código de quiebra que los jueces confirman independientemente que no es factible que a un plan de reorganización "le siga la liquidación o la necesidad de otra reorganización financiera del deudor," a estas empresas rutinariamente se les permite dejar la quiebra con los mismos asuntos de operación y hojas de balance sobreendeudadas que causaron sus mismos problemas mortales. Entre los delincuentes reincidentes se encuentran Polaroid, Sun Country Airlines, Spiegel/Eddie Bauer Holdings, Filene's Basement, y Firstplus Financial Group.

A algunas de estas empresas no se les debería haber permitido reorganizarse, y liquidarlas, en su lugar. Otras, argumenta Altman, hubieran podido sobrevivir con más cuidados. Pero en vez de eso, fueron forzadas a reorganizarse demasiado pronto y se les dejó demasiado apalancamiento por banqueros inversores hambrientos de tarifas y acreedores reacios al capital que quieren retirarse. Si los acreedores están a bordo, dice, las cortes suelen negarse a ver la eficiencia del plan de reorganización y a juzgar la posibilidad de que el estrés financiero reduzca la ganancia de la empresa.

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Demasiadas empresas salen de la quiebra, pero rara vez salen curadas, dice Altman, quien agrega que le preocupa mucho más que las empresas no se puedan quedar fuera de la bancarrota, y no tanto que los costos de reorganización puedan parecer mayores aquí o allá.

Después de todo, ¿qué es más caro que una quiebra corporativa? Una segunda quiebra corporativa.

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