Las revelaciones de un CEO enfermo

Cuando Hugh Martin, CEO de Pacific Biosciences supo que tenía cáncer, lo reveló a sus 300 empleados; pese a la gravedad de su padecimiento, la junta decidió mantenerlo como presidente ejecutivo.
Hugh Martin  (Foto: Cortesía Fortune)
Kevin Davies

Todos en Pacific Biosciences sabían que algo andaba mal cuando el presidente ejecutivo, Hugh Martin, llamó para sostener una junta el jueves. La compañía siempre tenía sus juntas en viernes. A los 300 empleados de la creciente compañía de tecnología médica les sorprendió tener que reunirse en un auditorio en las oficinas de PacBio ese día de enero. Martin, de 56 años, supo de qué hablaba la multitud. En Silicon Valley (PacBio se encuentra en Menlo Park, California), una reunión no planeada suele significar el anuncio de una fusión. "Sé lo que están pensando", dijo Martin a la multitud con una pausa dramática. "Que nos van a comprar, pero no es así. Lo que quiero decirles es que tengo un tipo de cáncer llamado mieloma múltiple, y antes de seguir, quiero que dejen sus iPhones y sus BlackBerrys".

Después, con todo detalle, Martin describió su enfermedad, cómo se la detectaron, qué podría pasarle a él y a la compañía que él encabezaba. "Pero no se apresuren; lo que le importa a los inversionistas es que me queden al menos cinco años para que puedan ver sus rendimientos, y les garantizo que no me voy a morir en cinco años". Los empleados quedaron impresionados, tanto por la noticia como por la franqueza.

Cuando un presidente ejecutivo se enferma de gravedad, un impulso común es mantener el secreto lo más posible; en el caso de más alto perfil de los últimos tiempos, Steve Jobs enfermó de un supuesto "desbalance hormonal", y el público y los inversionistas intentaron adivinar por meses por qué Jobs bajaba de peso misteriosamente y por qué estaba evitando aparecer en público. 

El transplante de hígado de Jobs, realizado en abril de 2009, fue publicitado, en un inicio, por los medios, no por Apple. Dejar a los inversionistas en la oscuridad no le pareció correcto a mucha gente, como al miembro de la junta de Apple, Jerry York. En una entrevista realizada por el Wall Street Journal, antes de su muerte en marzo, York dijo estar molesto por la forma en la que Apple redujo la seriedad de la enfermedad de Jobs, y sintió que debieron haberlo dado a conocer antes. York confesó que le hubiera gustado renunciar a la junta por ese asunto. Un vocero de Apple se negó a hacer comentarios, y agregó que la compañía seguirá manteniendo su forma de hacer declaraciones en torno a la salud de Jobs.

Como Pacific Biosciences es una compañía privada (desarrolla herramientas para secuencias de genes), Martin no tiene la obligación de revelar sus problemas de salud a nadie, excepto a su junta. Pero dio a conocer casi todo a inversionistas, empleados y socios, y no en un arranque de desesperación, sino como un enfoque medido que no sólo ha beneficiado la salud personal de Martin, sino que también mantuvo la trayectoria de negocios de PacBio, planeada por el ejecutivo de 56 años y por su equipo.

Los chequeos del cáncer

Desde hace más de una década, Martin supo que había posibilidades de que desarrollara mieloma múltiple, un tipo de cáncer de sangre que, de no ser cuidado, primero destruye los huesos y después el resto del organismo. En la sangre de Marin se detectó un marcador biológico, y si sus niveles se elevaban, había posibilidades de que desarrollara cáncer. Cada año se sometía una revisión, con miedo a ese 1 a 2% de posibilidad de que el marcador se hubiera elevado, pero nunca lo había hecho.

Martin tenía que acomodar su horario para ajustar su rutina de trabajo, criar a tres hijos adolescentes, correr autos, esquiar y andar en bicicleta. Es un hombre guapo, inteligente y gracioso, con varias compañías exitosas que fundó o guió, como consejero de la compañía de inversión Kleiner Perkins Caufield & Byers. Martin es un arquetipo de un ejecutivo estrella en Silicon Valley.

Pero en el verano de 2009, su mundo se derrumbó. PacBio estaba a la mitad de una recaudación de fondos, y a Martin no dejaba de dolerle la espalda. A finales de agosto, Martin tomó varias docenas de Advil para poder soportar ese día, cuando tuvo que volar de Londres a Nueva York, y de ahí a California, hablando con inversionistas potenciales.

Finalmente, fue con un ortopedista para ver lo que estaba ocurriendo. "Ahí lo supe todo. Mi ortopedista llegó con mi resonancia y me dijo que mi vértebra T9 había desaparecido, y parecía que había tumores en la otra vértebra". Durante la cirugía de 7 horas para remplazar la vértebra destruida con titanio, los médicos descubrieron, con una biopsia, que el cáncer se estaba esparciendo a su pelvis, costillas y esternón. El mieloma múltiple que tanto había temido durante 12 años se había manifestado con fuerza.  

Cuando Martin supo que podía desarrollar el mal en los 90, los diagnósticos de cáncer daban una sentencia de muerte de no más de un año, por lo que, enfrentando la incertidumbre, hizo lo que hacen los presidentes ejecutivos: priorizó. Primero se cuidó la espalda, después descansó de la cirugía (septiembre de 2009) y después comenzó su tratamiento, y pensó cómo manejaría su enfermedad como presidente ejecutivo de una compañía de ágil crecimiento.

La primera persona del negocio a la que contactó Martin fue el abogado de PacBio, el gurú de Silicon Valley, Larry Sonsini, quien ha aconsejado a otros presidentes ejecutivos en sus enfermedades, como a Kenneth Oshman, de Echelon, y a Jobs, aunque dice que no lo aconsejó durante su última enfermedad. Su consejo fue dar la noticia hasta donde él pudiera, lo más pronto posible.

"Para un presidente ejecutivo de alto perfil, lo mejor es dar la cara en estas cosas, porque de cualquier forma se va a saber", dice Sonsini. "Debes mostrar que tienes el control de la información". Además, le dijo que debería estar preparado para contestar cuatro preguntas antes de dar la noticia al mundo: ¿cuál es el problema? (cáncer), ¿de qué tipo?, ¿cuál es el pronóstico? y ¿cómo manejará la compañía la ausencia del presidente ejecutivo? Martin no sabía como responder las últimas dos, pero resolverlas se volvió prioridad.

Se reunió con un grupo de médicos del Hospital Stanford y aprovechó las investigaciones de la Fundación de Investigación de Mieloma Múltiple. Descubrió que dos medicamentos desarrollados la década pasada, junto con un esteroide, habían dado buenos resultados. El mieloma ya no es una sentencia de muerte automática. Se preparó para el tratamiento, y dos semanas después de hablar con Sonsini, Martin llamó a su amigo y miembro de la junta, Brook Byers, socio de Kleiner Perkins.

Plan de acción

Byers estaba de viaje en Nueva York cuando recibió la llamada de Martin. La junta sabía de la cirugía de espalda, y Martin dijo a Byers que tenía cáncer. "Mi primera respuesta fue que me lo dijera todo, qué sabía de la enfermedad, todo". Después, Byers le preguntó cómo lo podía ayudar. "Conozco a mucha gente".

Byers pidió a Martin que dibujara dos líneas para formar tres columnas; la primera era la salud, la segunda familia y amigos, y la tercera era Pacific Biosciences. Byers y Martin analizaron las primeras dos columnas, haciendo una lista de las cosas que necesitaban hacer para cuidarlo. Después, hablaron de Pacific Biosciences, y lo que necesitaban hacer para que su maquina de secuencias de genes llegara al mercado e hiciera que la compañía se volviera pública en 2010. Byers preguntó a Martin lo que podía dejar por PacBio, y a Byers le quedó claro que Martin necesitaba concentrarse en su salud y en la gente que lo rodeaba.

Byers se disculpó y le dijo que debía ponerse en los zapatos de los directores, porque PacBio había perdido muchos empleados, afectando a sus familias. "Hasta ahora, la compañía ha recaudado mucho capital de inversión (370 millones de dólares, a la fecha), y debemos pensar en los trabajadores". Byers dijo a Martin que la junta se reuniría sin él para crear un plan.

La junta vio que tenían tres opciones: podían quitar a Martin del puesto y dejarlo como presidente, podían contratar a un presidente activo y dejarlo como presidente ejecutivo, y podían dejarlo como presidente y presidente ejecutivo para que los miembros de la junta tuvieran un papel más activo en la compañía si Martin debía ausentarse por periodos prolongados.

La junta votó unánimemente por la última opción. "Fue una buena decisión", dijo Byers, y de inmediato reclutó a un director financiero para eliminar esa carga a Martin. "Dividimos los trabajos: operativos, de ingeniería, reclutamiento y finanzas. Algo que nos ayudó como junta para decidirnos por esa opción fue que teníamos un buen equipo administrativo y sabíamos manejar nuestras posiciones; podíamos confiar en ellas, y Hugh podía confiar en que podía darse su tiempo". La decisión de la junta se encargó de responder la cuarta pregunta de la lista de Sonsini. Ahora sólo quedaba el pronóstico de los médicos.

De vuelta y a pasos acelerados

Después de una dolorosa recuperación de la cirugía, Martin comenzó una terapia médica. Después de una fiebre alarmantemente alta, su sistema se ajustó a las terapias, y la cantidad medible de marcadores bajó rápidamente. Martin tuvo suerte: sus compensadores genéticos se ajustaron bien a los medicamentos. En la junta de empleados en enero, el pronóstico de los médicos era bueno. En marzo, una biopsia de médula no mostró evidencias de mieloma; Marin estaba en remisión.

En medio de todas las fuertes noticias, la cirugía, los tratamientos y el dolor, Martin manejaba la empresa. El instrumento de secuencia genética de la compañía tuvo su debut en el evento comercial más importante de la industria en febrero. Entre las reuniones de ventas con clientes probables, Martin permanecía en cama hasta el evento siguiente. La primera ronda de clientes que pagaron comenzó a firmar en marzo. Martin recaudó otros 109 millones de dólares, trato que cerró en julio. El 16 de agosto, PacBio solicitó hacerse pública en una oferta de 200 millones de dólares, casi un año después de que Martin fuera al médico para saber qué pasaba con su espalda.

En ese horrible año, la pregunta para Martin fue "¿por qué hacerlo?". Y su respuesta fue que ama el trabajo. "Pude haberme quedado en casa y pensar en lo mucho que quería recuperarme, o pude ponerme a trabajar y ponerme mejor. Realmente creo que una gran parte del proceso de curación es la actitud mental", afirma.

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La otra parte es la tecnología que creó PacBio: Martin siente que es una obligación ver cómo se convierte en un éxito. Si puede hacer lo que Martin cree que puede, hacer que las secuencias de genes puedan estar disponibles para todo el mundo, entonces los estándares médicos del mundo tienen mayores posibilidades de encontrar una cura a largo plazo, no sólo para el cáncer de Martin, sino para todo tipo de cáncer y otras enfermedades.

"Hugh es como muchos otros pacientes. Cuando están en la cima de poder controlar lo que tienen, quieren una venganza", dice Byers. "Al crear esta máquina y darla al mundo, Hugh estará obteniendo su venganza".

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