La salvadora de Archie

La emprendedora, Nancy Silberkleit, tomó a la editorial de cómics sin saber del negocio; junto con su hijo, la firma de historietas trata de revivir a un gran personaje infantil de EU.
archies-ceo  (Foto: Fortune)
Josh Hyatt

Cuando recibió la llamada, Nancy Silberkleit estaba en su lugar usual: frente a un salón de clases, enseñando arte a niños de tercero de primaria. No tenía idea de lo que le esperaba. A principios de 2009 llegó la llamada de la ex-esposa del socio de negocios de su difunto esposo. Los dos hombres, Richard Goldwater y Michael Silberkleit, murieron con diez meses de diferencia, y su compañía, Archie Comic Publications, iba por mal camino debido a problemas con el equipo administrativo. Los ingresos iban a la baja, y había un vacío en el puesto más alto. ¿Silberkleit ayudaría a manejar a la compañía?

"No iba a decir que sí", recuerda Silberkleit, ahora de 56 años de edad. Pidió tiempo para pensarlo. "No tenía experiencia en el negocio y nunca había pensado en manejar Archie Comics", dice. "No sé si mi esposo o su socio alguna vez pensaron en quién podría hacerlo si ellos no estaban. Quizás lo pensaron un poco, les dio un dolor de cabeza y terminaron con la conversación".

Durante su matrimonio de 20 años ella nunca pasó mucho tiempo en las oficinas centrales de estilo industrial de la compañía, ubicadas en Mamaroneck, Nueva York. Ella iba de entrada por salida, escondiéndose para que nadie la viera con sus overoles llenos de pintura y sus zapatos viejos. "Archie era su vida", dice sin rodeos. "Pero no era la mía". 

Pero en abril de 2009, dos meses después de que Silberkleit recibiera la llamada, se unió a Archie Comics como copresidenta ejecutiva, compartiendo el puesto con Jon Goldwater, hijo del fundador de la compañía, John L. Goldwater.

Al principio ella no se sentía muy cómoda, pero cómo estarlo. Los miembros de la familia de los creadores de las compañías suelen atravesar dificultades para poder seguir los pasos de un fundador, y eso que pasan toda su vida preparándose para hacerlo. Por cada Donald Trump o Ted Turner, herederos que superaron a sus predecesores, ha habido calamidades dinásticas como Edsel Ford o Christina Onassis. Aunque las esposas de los políticos de alto perfil en ocasiones los han superado, ¿alguien puede pensar en alguna esposa que inesperadamente aceptara el reto de manejar un negocio? Silberkleit hizo la pregunta y nadie lograba ofrecerle una respuesta, hasta que en una ocasión, un fotógrafo que visitaba la compañía le recomendó leer One Though Mother, un éxito publicitario de 2005, de la coautoría de Gert Boyle, presidenta de Columbia Sportswear, el gigante de ropa deportiva y para el exterior.

En 1970, Boyle era ama de casa y madre de tres cuando su esposo, Neil, murió repentinamente de un infarto. Ella llegó a la compañía de ropa de su esposo, que en ese entonces tenía una enorme carga de deudas y tenía ingresos anuales de aproximadamente 800,000 dólares. Durante el primer año de Boyle, las ventas cayeron 25%; en 1973, los bancos le insistían para que vendiera el negocio. Boyle redobló sus esfuerzos cuando el único postor le ofreció apenas 1,400 dólares. En 1984, las ventas habían llegado a 3 millones de dólares; diez años después, la compañía pública superó la barrera de mil millones de dólares.

Incluso antes de leer el libro, Silberkleit llamó a la autora. En abril pasado visitó a Boyle en las oficinas centrales de Columbia, en Portland, Oregon. Ahora, a sus 86 años, Boyle aseguró a Silberkleit que sus sentimientos de incompetencia no tenían nada que ver con el hecho de que tuviera o no lo necesario para manejar un negocio, sino que reflejaban la enorme falta de apoyo que las mujeres sentían cuando entraban a industrias dominadas por los hombres. "Cualquiera que piense que las mujeres no son igualmente capaces que los hombres para aceptar puestos ejecutivos debería llamarse Torombolo", dijo Boyle, en referencia a Torombolo Delgadillo, el amigo de Archie.

Lo más importante es que Boyle le ofreció lineamientos para convertirse en una líder de negocios efectiva: debes descubrir lo que quieren tus seguidores, y dárselos. Columbia probó el éxito cuando Boyle (ayudada por su hijo, Tim), respondió a las solicitudes de los clientes para crear chamarras para ir de cacería y para esquiar con forros removibles. "Todo lo que hago se remite a lo que Gert me dijo", dice Silberkleit.

De hecho, Silberkleit ha comprometido a los lectores de Archie de cualquier forma que puede: respondiendo su propio teléfono, respondiendo los correos y pidiendo retroalimentación en eventos de la industria, ya sea que provenga de una niña de 7 años (que, por cierto, una lectora de esa edad tuvo una "magnífica idea" para crear una fragancia de Archie) o hablando con un restaurantero entusiasta que creía, irónicamente, que la pandilla de la preparatoria Riverdale transmitía invaluables lecciones de negocios. Ella ya comenzó a aceptar invitaciones para dictar ponencias.

A mediados de 2009, Silberkleit tuvo una revelación de media noche, en la que se le ocurrió una idea que no pudo sacar de su cabeza. Pensó en satisfacer las necesidades de los clientes al mismo tiempo que aprovecha sus habilidades como educadora: ferias de historietas cómicas.

Ella sabía que las escuelas necesitaban nuevos medios para recaudar fondos: la tradicional venta de pasteles, con mesas llenas de tentadoras grasas trans, se estaba volviendo algo de mal gusto en esta era de altísimas tasas de obesidad infantil. Otros artículos que suelen venderse para recaudar fondos, como papel para envolver regalos, eran muy costosos para los padres afectados por la recesión. Las historietas eran costeables, pues su precio varía de entre 1.50 y 14.95 dólares, y las escuelas podrían quedarse con el 40% del dinero que recaudaran. Y habría mucho dinero. Escuchando a los clientes, Silberkleit se dio cuenta de que los fans de Archie (el 60% de los cuales está compuesto por niñas de entre 8 y 15 años de edad), estaban muy emocionados con la idea de poder poner sus manos en más historietas.

Los vendedores tradicionales, como las farmacias, habían dejado de vender números independientes porque terminaban quedándose en los estantes, destrozados por todos los niños que los abrían, leían, reían, y volvían a dejar en su lugar. Las tiendas de cómics buscaban llamar la atención de los niños, que preferían comprar historietas sobre los superpoderes de sus héroes favoritos más que leer los traumas de un muchacho de 17 años de edad que no logra decidir a qué chica llevar al baile.

En enero de 2010, Silberkleit lanzó una nueva división de historietas para ferias de libro en la compañía de 40 millones de dólares al año. Aunque ha habido pocas ferias del libro en lo que va del año, Silberkleit espera que el número de escuelas participantes se triplique el próximo año. Recientemente hizo su primera contratación: alguien que la ayudará a crear planes de estudios basados en las historietas. "Mi división necesitará mucha gente", predice. "Me estoy convirtiendo en una buena mujer de negocios".

Y puede hacerlo bajo sus propios términos. "Soy una educadora en un ambiente nuevo, con una plataforma maravillosa", dice, en parte porque es copresidenta ejecutiva. El ex-promotor de música, Goldwater, de 51 años de edad, funge como cerrador de tratos, pues logró arreglar el envío de 1.5 millones de historietas a India, consigue los permisos para colocar el rostro de los personajes en ropa y supervisa las iniciativas de tecnología como la creación de una aplicación móvil de Archie y un sitio de suscripción digital. Está preparándose para crear la primera película de Archie con personajes reales, y asegura que la pandilla regresará a la televisión. The Archie Show, una caricature de los sábados por la mañana, comenzó a transmitirse en 1968 y atravesó una gran cantidad de cambios durante una década. También está negociando acuerdos para aumentar la visibilidad de otros personajes bien conocidos de la compañía, como Sabrina, la bruja adolescente, y Josie y las Gatimelódicas, una banda de rock multi-racial que usa disfraces de gatos.

Las familias de Goldwater y Silberkleit son dueñas de la compañía. Goldwater compró una parte "sustancial" de participación en el capital, lo que le da la última palabra sobre cualquier decisión sobre las operaciones diarias. Aún así, el padre de dos hijos dice que él y su copresidenta ejecutiva comparten un "compromiso irrompible" para preservar a la compañía para la próxima generación. "No es como si tuviéramos intereses distintos", dice.

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Poder manejar con destreza un negocio aún está entre la lista de pendientes de Silberkleit. Como miembro de la Organización de Mujeres Presidentas, se reúne con 14 contrapartes una vez al mes. Cuando leyó en junio pasado que la abogada Kimberly Earle había sido nombrada presidenta ejecutiva de la organización Madres en Contra de Conducir Bajo los Efectos del Alcohol, en Irving, Texas, la contactó, y conversaron mientras almorzaban en Nueva York.

"Nancy tiene estupendos instintos de negocios", dice Earl, de 44 años de edad. "No sólo piensa de forma abierta, sino que nunca haber pensado de forma cerrada la ayuda mucho". Ahora que la parte más difícil de la transformación quedó atrás, Silberkleit aprecia su posición como una fuereña. "Es ridículo", admite. Pero claramente encontró un nuevo hogar en Riverdale, Estados Unidos.

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