¿Quieres invertir en Facebook o Twitter?

La SEC limita la propiedad de compañías privadas a inversionistas que ganan más de 200,000 dólares; en lugar de ofertas públicas, las acciones se comercian en intercambios secundarios.
facebook california central trabajo red social corporativo  (Foto: AP)
Kevin Kelleher

La web no es nada más que una fuerza democratizada. Nos ha convertido en inversionistas activos con comisiones de bajo costo de cuentas en línea y acceso libre a enormes cantidades de información financiera. Nos permite comparar tarifas de vuelo y precios de aparatos, y sitios como eBay nos han ayudado a convertirnos en vendedores.

Eso ha dado algo de humildad a los gigantes mediáticos, dejando a los usuarios responder con comentarios y publicar sus propios pensamientos en blogs. Recientemente, gracias a Facebook y Twitter, este fenómeno de publicaciones personales fue una herramienta muy importante para llevar la democracia a países como Túnez y Egipto.

Pero hay un aspecto en el que los empujes democráticos de la web aún no son bienvenidos, donde los campos de juegos siguen siendo disparejos, y donde un grupo de élite de intereses afianzados aún se lleva los beneficios mientras que el resto de nosotros permanece excluido. Contra toda lógica, esta área se encuentra ubicada justo en el corazón de la industria web: la capacidad de comprar y vender acciones de las compañías iniciales web más atractivas como Facebook, Twitter y Groupon.

Estas compañías privadas se harán públicas, pero están tomándose su tiempo. "Este año podría darse" una oferta pública inicial de Groupon, informó Bloomberg el miércoles, citando fuentes anónimas. Cuando lo haga, podría valer 25,000 millones de dólares. Facebook, que reflexiona para realizar su oferta pública en 2012, podría comerciar a varias veces ese valor. Ambas compañías podrían ofrecer algunas de las mejores oportunidades de inversión en algunos años, pero los pequeños inversionistas, y la gran mayoría de los clientes de Facebook y Groupon, se están quedando fuera.

Esto es una pena porque hay una gran demanda de propiedad en estos líderes de la web 2.0, ya sean grandes o pequeños inversionistas. Pero incluso mientras los fondos de cobertura y los inversionistas prósperos hacen fila para comprar a Facebook en rondas privadas o en intercambios secundarios como Sharespost, los pequeños inversionistas siguen quedando excluidos por dos razones primordiales.

La primera es que la Comisión de Mercados y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) limita la propiedad de compañías privadas a inversionistas acreditados, es decir, aquellos que ganan más de 200,000 dólares de sueldo o que tienen un valor neto superior a un millón de dólares. La regla es tanto bien intencionada como sensata, pues limita a los inversionistas de ventas a las compañías de comercio público, que deben publicar la información de sus finanzas y operaciones.

Esto nos lleva a la segunda razón. Las compañías exitosas y rentables que están maduras como para comerciarse en intercambios de acciones públicas luchan contra una oferta pública inicial, vendiendo rondas de inversión de riesgo para poder permanecer bajo el control privado. Es la versión de una adolescencia prolongada de Silicon Valley, la supuesta tendencia de los jóvenes que viven con sus padres hasta que son adultos.

La SEC tiene otra regla bien intencionada y sensata para las compañías iniciales privadas: una vez que una compañía tiene más de 499 accionistas, debe dar a conocer públicamente sus resultados financieros. Aunque la regla no exige que la compañía comercie públicamente, termina incitando a muchas compañías que quieren conservarse privadas a solicitar su oferta pública inicial.

Dado que las compañías usan paquetes de acciones y opciones para colocarse en la cima del talento de ingeniería y administración, suelen conseguir 500 empleados a toda velocidad. Google se resistió a solicitar su oferta pública, pero dio el gran paso en abril de 2004, cuando ya tenía más de 500 accionistas. Ser pública implicaba dar a conocer información y sostener llamadas trimestrales donde los analistas analizaban a los cofundadores, que sin duda se sentían incómodos con su nueva exposición. Y eso abrió la puerta a Google para que recibiera una gran presión para dar nuevos grandes pasos, como cumplir con los objetivos de sus ganancias netas, o prevenir la caída de los márgenes. Pero eso también permitió a los usuarios compartir su éxito financiero.

Hace dos años y medio, cuando Facebook se acercaba al umbral de 500 accionistas, pidió a la SEC una exención de la ley de valores. La SEC le cumplió el deseo. Si Facebook hubiera terminado 2008 con 500 accionistas, habría tenido que solicitar su oferta pública o dar a conocer los resultados financieros cuatro meses después. Pero gracias a la exención, los empleados de Facebook, y los accionistas internos, han crecido, mientras que su acción sólo se comercia en intercambios secundarios.

Por eso, en lugar de ofertas públicas de venta estamos viendo enormes rondas de inversión privada. Facebook recaudó 500 millones de dólares en enero de parte de Goldman Sachs y otros, que se suman a los 678 millones de dólares que ya había recaudado antes. Este tipo de rondas enormes suelen ser vistas en industrias de intensa inversión de capital fijo como manufactura solar, farmacéuticos y redes IT, pero no en la web, donde las compañías que inician tienden a lanzarse a un precio bajo. 

Pero cada vez es más común ver éstas mega rondas de capital privado. Groupon, que emplea a 3,000 personas, recaudó 500 millones de dólares a finales de diciembre. Zynga, con 1,500 empleados, supuestamente está cerca de una ronda de 500 millones de dólares. También es el caso del rival de Groupon, LivingSocial. Sin duda hay buenas razones para permanecer en el lado privado. Facebook, al igual que Google y muchas otras compañías iniciales antes de ellos, enfrenta una fina competencia y no quiere abrir sus libros de contabilidad para que lo vean sus competidores. Además, ninguna compañía disfruta el juego trimestral de ganancias, que suele exigir que las compañías reduzcan sus inversiones en proyectos a largo plazo para beneficiar ganancias en el corto.  

Pero existe la misma cantidad de complicaciones una vez que las compañías recaudan dinero de forma privada por demasiado tiempo. Las compañías públicas deben dar a conocer cuidadosamente la información sometida a investigación, algo que no disfrutan los inversionistas privados de las rondas tardías. Los inversionistas individuales piden a gritos acciones privadas, generando confabulaciones complejas y dudosas, como el plan abortado de Goldman para permitir a clientes apremiados invertir en Facebook. Esta semana, la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera advirtió sobre una ola de estafas que pretenden afectar a inversionistas potenciales en compañías web privadas.

Facebook, Groupon y otras compañías web que permanecen privadas durante sus años de crecimiento no se ven afectadas directamente por estos problemas, pero su imagen podría serlo. Junto con las consideraciones financieras detrás de una oferta pública, solía haber otra consideración arraizada en principio: las compañías se vuelven públicas para compartir su éxito con los clientes. Tristemente, hoy en día las compañías web de mayor crecimiento no quieren compartir su éxito con nosotros. Sólo los usuarios de Facebook que ganan más de 200,000 dólares al año pueden comprar acciones de Facebook, y eso si tienen suerte.

Al centro de esta insistencia generalizada por permanecer privadas hay un aire de hipocresía. Las compañías web que defienden el éxito de ideales democráticos a través de su tecnología, y que se vuelven ricas gracias a ellos, se niegan a adoptar los mismos ideales cuando se trata de sus acciones.

Traducción de Luz Noguez.

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