EU tiene a George Soros ‘en la mira’

El multimillonario cerró sus fondos para mantenerse exento de las regulaciones de la ley Dodd-Frank; aunque varios se oponen a los cambios, supervisar las actividades de Soros y otros no está de más.
soros  (Foto: Cortesía Fortune)
Duff McDonald

Pobre George Soros. Las nuevas regulaciones han obligado al multimillonario gestor de fondos a devolver el dinero a inversionistas, retirarse de los fondos de cobertura y convertir sus operaciones de inversión en un simple ‘negocio familiar'.

El martes pasado, los hijos de Soros, Robert y Jonathan, enviaron una carta a los inversionistas externos de los instrumentos de inversión Quantum Group of Funds del fondo Soros Fund Management (SFM), aludiendo a la "desafortunada consecuencia de... las nuevas circunstancias", como la razón detrás de la decisión de cerrar el fondo. La nueva circunstancia es, desde luego, la Ley Dodd-Frank, que hubiera exigido al SFM registrarse en la Comisión de Bolsa y Valores antes de marzo del 2012. A pesar de la enorme fortuna familiar (Soros y sus parientes valen un estimado de 25,000 millones de dólares), la perspectiva les pareció demasiado grave, por lo que han eliminado a los inversionistas para mantenerse exentos de las nuevas regulaciones. 

Con esa decisión, Soros se une a otros dos multimillonarios afectados que recientemente 'tiraron la toalla' en lugar de someterse a ese nuevo trámite: Stanley Druckenmiller y Carl Icahn. 

La noticia, claro está, generó las usuales sospechas respecto a las reacciones que suscitaría. ¿Qué diría la página editorial del Wall Street Journal al respecto? Seguramente condenaría las restricciones con las que Washington ha maniatado a Wall Street luego de que éste provocara un cuasi-cataclismo. ¡Y hete aquí! Soros no es sólo un hombre de 81 años que necesita algo de calma; es una ‘víctima' de la ley Dodd-Frank. 

Todas las voces del libre mercado exclaman que la ley fue demasiado lejos, que estrangula el alma del capitalismo de mercado. Pregunta a cualquier banquero y te contará la misma triste historia. Las nuevas regulaciones diseñadas para frenar la imprudencia provocarán un efecto cascada y repercutirán en nuestras vidas, haciendo de Estados Unidos un lugar peor. ¿Cómo podremos competir otra vez? Si los fondos de cobertura deben presentar documentos ante las autoridades gubernamentales, todo se irá al garete. 

Pero hay otro ángulo desde el cual analizar la situación: la Ley Dodd-Frank no fue demasiado lejos. Es sorprendente cómo hombres tan ricos están predispuestos a rechazar cualquier cambio en la forma en que nos gobernamos que ayudaría a darle seguridad al sistema. Pregunta a cualquier desempleado estadounidense (por favor, no a un desempleado que milite en el Partido del Té). ¿Cómo serían las cosas si en lugar de que hubiera gente indignada por perder sus empleos, protestaran porque se quiere regular a George Soros? (Si escucho a otra persona decirme que lo que hace grande a Estados Unidos es la capacidad de poder hacer lo que a uno le venga en gana, incluso si eso lleva al mundo a una recesión terrible, entonces quizá... tenga que unirme al Partido del Té). 

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Incluso si las duras críticas que ha recibido el Gobierno estén bien merecidas, me parece increíble que todavía haya alguien que defienda que las riesgosas actividades de los grandes jugadores de los mercados financieros no necesitan más supervisión. De igual modo, es igualmente absurdo pensar que hoy los reguladores no necesitan saber qué hace la familia Soros con sus 25,000 millones de dólares sólo porque han convertido su negocio en una operación familiar. Yo sugeriría que no hay que suavizar la ley Dodd-Frank, hay que ampliarla. Regulemos también a los llamados ‘family office' que gestionan el patrimonio familiar. Si tienes suficiente dinero para que un profesional gestione tus activos patrimoniales, entonces eres suficientemente importante para ser regulado.

 

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