Panorama difícil para nuevo CEO de S&P

Doug Peterson deberá franquear indagaciones del Gobierno de EU, que busca regular a las agencias; no obstante, la experiencia del ex CEO de Citigroup podría restituir la dañada reputación de S&P.
douglas peterson  (Foto: AP)
Katie Benner

Cuando Doug Peterson asuma la presidencia de Standard & Poor's este septiembre, heredará una serie de problemas que pocos envidiarían. La agencia S&P es el blanco de las críticas de los políticos estadounidenses por haber rebajado la calificación de la deuda del país de AAA a AA+. El Departamento de Justicia también investiga a la compañía por otorgar altas calificaciones a títulos respaldados con hipotecas subprime antes de que estallara la 'burbuja' inmobiliaria. En tanto que los reguladores intentan reducir la importancia de las agencias calificadoras en el gran esquema de los mercados financieros.

Sin embargo, Peterson ha construido una reputación de ser un ejecutivo capaz de manejar el escrutinio gubernamental, mejorar los estándares del negocio e incluso reparar la dañada reputación de una firma.

En 2004, Peterson fue designado director ejecutivo de Citigroup en Japón, el mismo año en que la Agencia nipona de Servicios Financieros ordenó a Citigroup suspender su actividad de banca privada por prácticas irregulares y realizar transacciones que podían estar relacionadas con lavado de dinero. Se le prohibió al banco participar en subastas de bonos gubernamentales y aceptar depósitos en monedas extranjeras de nuevos clientes. La agencia financiera japonesa dijo a la prensa que Citi daba a las ganancias una "importancia indebida" y cultivaba un "sistema de ventas que violaba las leyes y las regulaciones de Japón". 

El entonces CEO de Citigroup, Charles Prince, envió a Peterson para descubrir y corregir lo que se había hecho mal, reparar las relaciones con el gobierno nipón y restablecer esa división de importancia estratégica. Peterson limpió la casa y acometió revisiones internas en la división, recuperando la confianza de las autoridades reguladoras. El banco reapareció en la lista de la Bolsa de Tokio y adquirió Nikko Cordial, la tercera mayor casa de valores de Japón. 

"Cuando estás solo en un país, no todo consiste en ingresos y beneficios", explica Ajay Banga, quien sirvió como jefe ejecutivo de Citigroup para la región Asia-Pacífico entre marzo de 2008 y agosto de 2009 antes de convertirse en CEO de MasterCard. "Se trata de gestionar la franquicia con los gobiernos, de responderle a tus empleados y orientarlos. Se trata de estar en el punto de mira político y regulatorio. (Peterson) no es ajeno a esto, y su experiencia en Japón y en Latinoamérica le será muy útil". 

El nuevo CEO de la agencia calificadora, quien declinó hablar con Fortune, declaró en un comunicado de prensa: "Estoy deseoso de dirigir al equipo de S&P y continuar la expansión de la compañía alrededor del mundo, edificando sobre sus muchas fortalezas". 

Peterson es el tipo de ejecutivo que los inversionistas desean ver a la cabeza de S&P. Es descrito por los actuales y anteriores empleados de Citigroup como una persona extremadamente metódica y orientada a los procesos, rasgos que hablan de sus raíces como graduado en matemáticas por el Claremont McKenna College. Además, es muy querido en Citi. Es conocido por no tener enemigos en un banco que, como muchas otras firmas de Wall Street, tiene una arraigada cultura política salpicada por feudos, camarillas y luchas de poder. Tiene lo que Banga denomina ‘un alto cociente emocional'. "Siempre es cortés, incluso cuando no está de acuerdo contigo", comenta Banga. 

"El entusiasmo y la gran naturaleza de Doug lo han hecho un mentor y amigo para muchos en el transcurso de los años", escribió Gene McQuade, CEO de Citibank, en un memo interno que circuló anunciando la salida de Peterson. 

Citigroup contrató a Peterson en 1985, recién graduado del programa de MBA de Wharton, y subió escalones desde un puesto en la banca empresarial de Argentina a gerente general en Costa Rica y luego en Uruguay. Tras la fusión de Citicorp y Travelers en 1998, Peterson supervisó la integración de sus respectivos departamentos de auditoría. Fue nombrado auditor principal del grupo conjunto en 2001. 

Con todo, el éxito que Peterson logre en S&P aún está por verse, en parte porque el negocio está bajo un proceso de cambio. Incluso si ayuda a reparar la credibilidad de S&P, el ejecutivo debe franquear investigaciones y denuncias judiciales que podrían prolongarse por años. Los resultados de estas acciones legales podrían cambiar grandemente el panorama para las agencias de calificación crediticia y sus responsabilidades legales con respecto a las calificaciones que otorgan. 

Reguladores y políticos también están trabajando para quitarle a las agencias su poder regulatorio, algo que cambiaría de fondo la actividad de S&P. Las reglas que establecen qué títulos de renta fija pueden poseer los bancos y los inversionistas institucionales, así como la cantidad de esos títulos, dependen de las agencias calificadoras. Y las únicas calificaciones que cuentan son aquellas procedentes de las Organizaciones de Calificación Estadística Reconocidas a nivel nacional (NRSROs, por sus siglas en inglés), entre las que Moody's, Fitch y S&P son las firmas dominantes, lo que les confiere un papel pseudo-regulatorio y un mar de clientes que deben usar sus calificaciones (recordemos la famosa declaración que el columnista del New York Times, Thomas Friedman, le dijo a Jim Lehrer: sólo hay dos superpotencias en el mundo: Estados Unidos y Moody's). Incluso Deven Sharma, último presidente de S&P, dijo a Fortune que las regulaciones no deberían exigir el uso de calificaciones.

Eliminar la necesidad de las calificaciones podría reducir considerablemente el poder y la influencia que esas tres grandes agencias calificadoras tienen sobre Wall Street, y posiblemente perjudicaría sus ingresos. Pero falta mucho para que una reforma de ese tipo cristalice, apuntan los observadores de las calificadoras, como Larry White, profesor de la Stern School of Business.  

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Si bien el empresario heredará una situación difícil en S&P, su nombramiento pudiera ser muy provechoso para él. Aunque todavía no se han anunciado planes de sucesión para McGraw-Hill, matriz de S&P, es posible que Peterson se perfile como el sucesor del actual CEO, Terry McGraw. Después de todo, él estará a cargo de la división más lucrativa de McGraw, y cuenta con una amplia experiencia gerencial en una organización de escala masiva. 

Más aún, el fondo de cobertura Jana Partners y el fondo de pensiones Ontario Teachers, accionistas de McGraw-Hill, están presionando para que el conglomerado se separe en cuatro negocios independientes: educación, medios, índices y calificaciones. Si S&P se escinde de su matriz, Peterson repentinamente pasaría de ser un jefe de división a ser el director ejecutivo de una firma autónoma, influyente y altamente lucrativa de Wall Street (McGraw ha rechazado la idea de una medida tan drástica). Si el ejemplo de Moody's sirve (la agencia se escindió de Dun & Bradstreet en el año 2000), los accionistas de S&P podrían cosechar los beneficios de una separación. Las acciones de Moody's subieron casi un 40% anual luego de su oferta pública inicial. Cinco años después, el valor de las acciones se ha triplicado. La cascada también llegó a los ejecutivos de Moody's, pues se disparó el valor de las opciones sobre acciones que se entregaron a directivos. 

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