De la guerra a las oficinas de Google

Un programador de ‘software’ de la firma cuenta su experiencia como infante de marina en Afganistán; para Dan Cross, las lecciones aprendidas durante su servicio podrían servir a la gerencia de...
soldados  (Foto: Cortesía Fortune)
Patricia Sellers

El Día de los Veteranos es un momento ideal para oír acerca de uno de esos raros hombres que combinan una carrera corporativa y militar. Dan Cross, un ingeniero de software de Google y teniente primero en el Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos, tomó una licencia para realizar un servicio activo en Afganistán, llegó a casa hace un año y trajo de vuelta lecciones que no podría haber aprendido en los negocios. Aunque nunca se había considerado del tipo militar hasta que una tragedia personal le hizo desviar su carrera, es un hombre mejor por ello. Cross, de 34 años, es ahora un miembro activo de la Red de Veteranos de Google (VetNet), una comunidad de unos 400 veteranos y otros empleados de Google que apoyan a estas personas notables. Cross comparte lo que aprendió en la guerra:

Yo era un estudiante de la Universidad de Columbia con un par de empleos a mis espaldas, cuando el mundo cambió. Estaba en el centro de la ciudad la mañana del 11 de septiembre y vi caer las torres.

Aunque no perdí a ningún ser querido ese día, como muchos otros, me sentí personalmente afectado por la tragedia; sobre todo porque mi hermano David era un piloto de helicóptero de la Marina en ese momento. Yo era un adolescente de 14 años de edad y cabello largo que andaba en patineta cuando David, mi único hermano, se unió a la Infantería de Marina. A través de los años, mi hermano describía la vida en servicio, y aunque amaba sus historias, el ser un infante de marina no parecía ser el camino para mí.

El 22 de enero del 2003, David estaba volando en una misión de lucha contra las drogas a lo largo de la frontera Estados Unidos-México, en el sur de Texas, cuando su helicóptero de ataque Cobra cayó tras una colisión en el aire. Todos -cuatro infantes de marina en dos helicópteros- murieron.

Nunca había considerado la carrera militar hasta la muerte de mi hermano. Pero realmente me conmovió la forma en que la Infantería de Marina realizó su funeral. Miembros del escuadrón de David llegaron de todas partes, y era imposible ignorar el vínculo que tenían. Yo quería saber más sobre lo que unía a estos infantes de Marina, lo que los había obligado a venir desde todos los rincones del país para conmemorar a uno de los suyos. También recordé el 11 de septiembre. Quería encontrar una manera de hacer una diferencia y proteger a mis seres amados. Así que me alisté en las Reservas. Tenía 26 años.

Mi vida como un recluta fue reglamentada. El campo de entrenamiento consistió en las 13 semanas más dolorosas de mi vida, pero las sufrí, me gradué y obtuve el título de 'Marine'. Fui al Entrenamiento de Combate de Marina en Carolina del Norte, y luego al Cuerpo de Marina de la Escuela de Comunicaciones Electrónicas en el desierto de Mojave. 15 meses después de que me bajé del autobús en Parris Island regresé a Nueva York, a Columbia y a la vida estudiantil. Servía con la Infantería de Marina un fin de semana al mes y durante los llamados de dos semanas en el verano.

Decidí convertirme en oficial, y justo cuando estaba terminando en Columbia y preparándome para la Escuela de Candidatos a Oficiales, mi vida de civil sufrió un cambio. Google me llamó de la nada. Una reclutadora había visto mi currículo en mi sitio web personal y me llamó para una entrevista. Me ofrecieron un trabajo como ingeniero de confiabilidad de sitio en Google, en Nueva York. Para un ingeniero de software, una oferta de trabajo de Google es equivalente a una invitación a Disneyland. "¿Pueden ser flexibles?", pregunté a la reclutadora de Google, pensando en mis compromisos militares. "Sí, claro", me dijo.

Ella no estaba bromeando. Google me contrató en enero del 2007. Trabajé ocho meses, y en otoño estuve fuera durante 15 meses en un entrenamiento oficial del Cuerpo de Marina. Regresé y trabajé para Google durante casi todo el 2009 (y VetNet, el grupo de recursos de Google para empleados veteranos, me ayudó enormemente a re-aclimatarme y ponerme al día). Entonces recibí la orden de presentarme para servir en Afganistán, para ayudar a entrenar al Ejército Nacional Afgano (ANA, por sus siglas en inglés) a hacerse cargo después de la retirada de las tropas estadounidenses. Sabía que ésto sería muy diferente a mi vida en Google.

Pasé siete meses en la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán. Y aprendí dos grandes lecciones que han permanecido conmigo.

La primera es la paciencia. La cultura afgana es increíblemente civilizada. Cuando conoces a alguien, ellos quieren evaluarte y entender de dónde vienes. En Estados Unidos, la gente habla por teléfono y profesan conocerse después de 15 minutos. En Afganistán las nuevas amistades beben chai, hablan durante unas horas y poco a poco descubren la historia familiar y personal del otro. Esto fue un gran ajuste, sobre todo para un infante de Marina, ya que tenemos un sesgo hacia la acción. A pesar de que tuve algún tipo de formación sobre la inmersión cultural, como tantas otras cosas en la vida, nada te puede preparar hasta que lo ves.

La segunda lección que aprendí es la aceptación. Hay una idea errónea acerca de las fuerzas armadas: que te despojan de tu individualidad. No es cierto. De hecho, el trabajo en equipo se trata completamente de la aceptación de la diversidad. Y nunca he visto tanta diversidad como en Afganistán. Nuestro 'equipo de asociación integrado' estaba formado por hombres únicamente (ya que no hay mujeres en el ANA). Pero era una mezcla de hombres con una amplia gama de antecedentes. Nuestro líder de equipo nació y creció en Bolivia, y se mudó a Estados Unidos cuando era un adolescente, se alistó, y más tarde se convirtió en oficial. "¡Hey, Google!", me llamaba.

Aprendí a aceptar a las personas por lo que son. Y me di cuenta que no necesariamente van a hacer las cosas del modo en que podrías esperar... o aconsejar. No le dices a un infante de Marina que "lleves esa caja del punto A al punto B, recogiéndola...". El ejército está mucho menos preocupado por cómo se mueve la caja, siempre y cuando sea movida. En vez de eso, entrenas a tus infantes de Marina para tomar buenas decisiones, actuar éticamente y hacer lo correcto; a hacer lo mejor que puedan dadas las circunstancias y su conocimiento en ese momento. Ofreces retroalimentación y entrenas de nuevo: enjabonas, enjuagas y repites. Y ciertamente no puedes decir a los afganos que hagan las cosas de la manera en que nosotros las haríamos. Ellos van a hacer las cosas a su manera: la manera en que funciona para ellos. Después de todo, es su país.

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Volver a Google el otoño pasado fue una gran transición. De pronto, la única persona por la que tenía que preocuparme era yo mismo. Estaba escribiendo código de nuevo, no viajando en convoyes. Y no era un comandante de misión, así que tuve que re-entrenarme sobre cómo interactuar con mis compañeros. Afortunadamente, VetNet estaba allí de nuevo para apoyarme y ayudarme a aprender a encajar de nuevo. Y ayudó que me pagaran por hacer lo que amo. Pensé: "Wow: esto es lo mejor del mundo: puedo escribir software durante todo el día... ¡con almuerzo gratis!".

Afganistán me hizo comprender el valor del trabajo en equipo y cómo las contribuciones individuales encajan en un marco más grande. Mi tiempo allá también me hizo preguntarme si puedo y debo hacer más en Google que producir código. Recientemente, he estado hablando con mi jefe acerca de cómo puedo compartir mis experiencias y lecciones con los gerentes de la empresa. Esto es lo que hacemos en el Ejército. ¿Por qué no intentarlo en casa?

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