La complacencia sentencia a Europa

Las autoridades intentaron dar un golpe sobre la mesa obligando a sus bancos a recapitalizarse; al no fijar el cómo, se desencadenó una espiral de ventas de miedo sobre el mercado de deuda.
societe general francia banco  (Foto: Cortesía CNNMoney)
Charles P. Wallace

La liquidación masiva que actualmente asola a los mercados de deuda europea, que los reguladores temen pueda propagarse a los bancos estadounidenses, fue causada en gran medida por una serie de errores cometidos por las entidades reguladoras y las autoridades bancarias europeas.

El 26 de octubre, la dirigencia de la Unión Europea acordó exigir a los bancos elevar su ratio de capital de 5% a 9%. La suposición era que los 70 bancos más grandes de Europa obtendrían nuevo dinero de los inversionistas o renunciarían a los dividendos, recuperando en consecuencia la confianza en el sistema financiero. Pero la decisión dejó la puerta abierta para otra posibilidad: deshacerse de los activos, que es exactamente lo que están haciendo los principales bancos.

Por ejemplo, BNP Paribas, el mayor banco de Francia en términos de activos, anunció el 3 de noviembre que había vendido 24,000 millones de euros (32,000 millones de dólares) en bonos soberanos.

"Reducimos bastante nuestra exposición a la deuda soberana", declaró Baudoin Prot, presidente ejecutivo de BNP Paribas, a la cadena de televisión Bloomberg, reconociendo que la exigencia de nuevo capital era la causa para acelerar el proceso de venta. Entre los títulos vendidos estaban 11,000 millones de dólares (mdd) en bonos gubernamentales italianos.

El banco indicó que esperaba perder más de 1,300 mdd con las ventas de dichos activos de deuda.

Societe Generale y la alemana Commerzbank también anunciaron liquidaciones de sus deudas soberanas, y se cree que muchas otras instituciones están deshaciéndose, si bien sin divulgarlo, de sus bonos italianos.

"Fue un gran error. Los bancos vieron lo que les costaría elevar su capital y dijeron que era prohibitivo. Han sido bastante claros en su respuesta: lo que haremos será recortar activos," apunta Benn Steil, director de economía internacional del organismo neoyorquino Council on Foreign Relations.

Charles H. Dallara, director gerente del Institute of International Finance, una entidad que representa a 450 bancos en sus negociaciones con Grecia, advirtió a los líderes europeos que el plan para recapitalizar a los bancos causaría graves problemas. "El valor de mercado de la deuda de los países bajo mayor escrutinio muy posiblemente se desplome más a medida que los bancos se deshagan de los bonos soberanos", escribió Dallara en una carta enviada a la cumbre del G20 celebrada en Francia.

Las lecciones de Estados Unidos

El temor es que, ahora que todos los bancos europeos luchan por alcanzar los nuevos niveles de capital, opten por vender primero los activos de menor valor.

Esos activos son los bonos gubernamentales emitidos por Italia, donde las tasas de interés han escalado a 7%, obligando al nuevo Gobierno de Mario Monti a adoptar precipitadamente un severo programa de austeridad. La preocupación ahora es que el menguante valor de los bonos italianos desestabilice a los bancos de otras naciones, como Francia. Eso podría provocar que los bonos franceses perdieran también algo de su valor, en una interminable "espiral de muerte", como la calificó un analista.

Steil señala que Europa debería haber aprendido la lección que dejó el antiguo secretario del Tesoro Henry Paulson, quien el 13 de octubre de 2008 convocó a los directores de los nueve bancos más grandes de Estados Unidos, y les dijo que no tenían otra opción más que acordar una inyección de capital gubernamental. Y los obligó a firmar una carta compromiso en la que aceptaban recibir el dinero.

La estrategia de Paulson funcionó, dice Steil, porque no les daba a los bancos ninguna otra alternativa salvo aceptar el dinero. Los bancos europeos, por otro lado, tienen hasta junio de 2012 para ajustar sus ratios de capital.

"Debieron haber exigido la nueva capitalización justo el 26 de octubre, y no esperar nueve meses. En ese lapso, el daño ya se habrá hecho," comenta Karel Lannoo, responsable de la unidad de mercados financieros en el Centro de Estudios de Políticas Europeas en Bruselas.

Otro error político que Lannoo señala es la declaración hecha por Mario Draghi, el nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE), que anunciaba que el BCE no sería un prestamista de último recurso para países que se van a pique, como Italia. "Es la estupidez más grande", advierte Lannoo, pues envía un mensaje a los mercados de que el BCE compraría bonos italianos en el mercado abierto, pero sólo una cantidad limitada. Los banqueros, entonces, concluyeron que deberían vender inmediatamente sus bonos italianos antes de que el BCE cambiara de opinión, desencadenando la huída masiva.

El BCE enfrenta actualmente una división política sobre si debe continuar comprando deuda soberana de los países europeos más atribulados con el fin de mantener las tasas de interés a niveles razonables. Los alemanes, en particular, se oponen. El presidente del Banco Central de Alemania, Jens Weidmann, dijo que el BCE no puede otorgar préstamos a gobiernos soberanos porque violaría el tratado sobre el que se funda la Unión Europea. "No veo cómo puedes garantizar la estabilidad de una unión monetaria violando sus provisiones legales," dijo Weidmann al diario Financial Times

Lannoo también culpa a la Autoridad Bancaria Europea por continuar asignándole un riesgo cero a los bonos soberanos, a pesar de que todo mundo sabe que países como Grecia y Portugal no pueden pagar sus deudas y que no les pagarán íntegramente a sus bancos acreedores. Bajo las leyes europeas, si un banco posee un bono soberano de Europa, no está obligado a tener un capital de respaldo frente a él, por eso muchos bancos han engullido sin reparo títulos de deuda de su propio país.

Esta situación ha creado una extraña dicotomía en Europa: los bancos que se atiborraron  de deuda soberana, en especial en Francia y Alemania, están considerados como los más solventes; mientras que los bancos en España, que prestaron dinero al sector privado y diversificaron concienzudamente sus operaciones en Latinoamérica, son considerados riesgosos, lo que los obliga a reunir mayor capital.

El ejemplo más absurdo es el banco español Santander, considerado por la mayoría de los analistas como una de las entidades mejor gestionadas de Europa. Sin embargo, bajo las nuevas disposiciones de capitalización, Santander debe reunir 9,000 mdd en nuevo capital.

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De acuerdo a Nicolas Véron, investigador de regulación financiera en el organismo Bruegel, con sede en Bruselas, el problema de la recapitalización de los bancos se vio agravado por el hecho de que muchos gobiernos nacionales se negaron a inyectar efectivo en sus bancos por falta de fondos. "Es una ecuación imposible. Los estados miembro de la Unión no quieren nacionalizar sus bancos, pero el mercado no está listo para proveer enormes inyecciones de capital. Por lo tanto, el recurso de última instancia es reducir el apalancamiento, lo que claramente no es bueno en términos económicos y de hecho puede resultar muy malo," advierte Véron.

Véron indica que es necesario un fondo europeo para recapitalizar a los bancos, un fondo al que debería ofrecérsele algún tipo de permuta de activos para rescatar a los bancos. De lo contrario, dice, la crisis europea seguirá su marcha.

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