Balance de unión Pemex-Sacyr, desastroso

Expertos afirman que la paraestatal debió prever los líos financieros de la constructora española; surgen dudas de que haya realizado una auditoría a su socio para ampliar el poder de voto en Repsol.
Pemex Refinacion  (Foto: Cortesía Pemex)
Roberto Jiménez Anguiano
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

El fin del acuerdo de sindicación entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Sacyr Vallehermoso para tener una mayor representatividad accionaria en la española Repsol, pone en evidencia que se pasó por alto la complicada situación financiera de la constructora ibérica. Mario Alberto Di Costanzo, secretario de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados, advierte que para la petrolera nacional era absurda la sociedad con Sacyr, misma que terminó esta semana como un "desastre".

De acuerdo con la profesora e investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Miriam Grunstein, surgen dudas sobre la efectividad de la auditoría que la paraestatal mexicana debió realizar para conocer la situación de la constructora española.

"¿Por qué se metió con esta empresa (Sacyr) que estaba tan conflictuada, tanto desde el punto de vista del manejo corporativo, como desde el punto de vista financiero?", cuestiona.

"Con ese tipo de socio, era evidente que la relación se iba a romper".

Y es que desde que se anunció el convenio, a finales de agosto pasado, se sabía que Sacyr enfrentaría al término de 2011 el vencimiento de deuda por 4,900 millones de euros, correspondiente al préstamo original que solicitó en 2006 para financiar su entrada a Repsol.

Ello llevó a que este martes se anunciara que Repsol acudió al rescate al recomprar títulos propios en manos de la constructora, que gracias a la operación logró refinanciar una parte vital de su deuda. Esa notificación significó también el término de la sindicación con Pemex.

Grunstein, especialista en el marco legal del sector petrolero, destaca que la dirección general de Pemex -a cargo de Juan José Suárez Coppel- debió estar enterada de las condiciones en que se encontraba su contraparte.

"Al parecer, Suárez Coppel tampoco conocía el estado de gravedad de Sacyr, porque si lo hubiera sabido, es dudoso que hubiera aprobado el acuerdo sindicado", afirma.

"Lo que no me llego a explicar es si fue un ‘pecado' por acción o por omisión".

Además, el acuerdo de accionistas les generó un conflicto a Pemex y Sacyr con el resto de los integrantes del consejo de Repsol.

"Tenemos un problema para entender el sentido de la operación", señala Grunstein.

El martes por la tarde, Pemex informó que mantiene canales abiertos de comunicación y negociación con los distintos accionistas de Repsol y su administración.

"Repsol ha ofrecido realizar un convenio industrial para maximizar las oportunidades de colaboración conjunta, además de ciertas medidas que le darían un mayor peso en el Consejo de la empresa", dijo la paraestatal por medio de un comunicado.

Cabe recordar que, como parte del acuerdo de sindicación, la petrolera mexicana se comprometió a comprar 5% de acciones de Repsol para aumentar su tenencia a 9.8% y sindicarla con Sacyr (de 20%), para alcanzar una participación de 29.8%. Pemex anunció en su momento que emitiría deuda para financiar el 70% de la operación de compra de acciones, que fue valuada en 1,700 millones de dólares.

"No necesariamente lo que era bueno para Sacyr lo sería para Pemex", afirma Di Costanzo, diputado del PT, "amén de que hubo muy poca transparencia y yo estoy casi seguro de que se violó la ley".

Si en un principio la falta de información pública sobre el acuerdo desató la especulación, al dar a conocer las razones de la operación se pudo entender los argumentos de Suárez Coppel, dice Grunstein.

Entre esos objetivos destacaba participar en mayor medida en los proyectos internacionales de Repsol; la transferencia tecnológica; una diversificación de la cartera de clientes, y los cambios en la estructura de la petrolera española.

"Si lo que se quiere es cumplir los objetivos de la sindicación, pues entonces se tiene un apretujón importante", menciona Grunstein.

Para el legislador del PT, el problema radica en que Suárez Coppel tomó una decisión unilateral, y los argumentos esgrimidos para justificar el convenio ya quedaron rebasados por completo.

El peso del voto sindicado iba a efectuar una serie de cambios en Repsol, que ahora no alcanza con menos de 10% de participación de Pemex en la petrolera española, coinciden Grunstein y el legislador.

Asimismo, Di Costanzo subraya que en la inversión para aumentar la participación accionaria de Pemex en Repsol y en el acuerdo de sindicación no se contó con la autorización del Consejo de Administración de la paraestatal, ni hubo una evaluación de su comité de inversiones.

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"Ahora la mayor participación en Repsol no le sirve para nada a Pemex, ¿para qué hizo ese gasto?", dice el legislador.

"Esta operación fue un desastre para Petróleos Mexicanos, y podría configurarse un daño patrimonial".

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