El legado del presidente de Citigroup

Tras anunciar su renuncia, Richard Parsons ha recibido alabanzas por su labor en el banco; sin embargo, sus resultados al frente de Citi muestran un desempeño mixto en el mejor de los casos.
citi  (Foto: AP)
Stephen Gandel

El viernes pasado, Citigroup anunció que su presidente, Richard Parsons, dejará el cargo. Su salida ha sido recibida mayormente con alabanzas a un trabajo bien hecho. El titular del New York Times fue: Con Citigroup estabilizado, Parsons decide retirarse. El Wall Street Journal dijo que Parsons había fortalecido la posición del presidente ejecutivo Vikram Pandit en la firma, reforzando la opinión de que las cosas habían resultado generalmente bien bajo la vigilancia de Parsons. Y el mismo Parsons dijo: "Dada la fuerte posición en que Citi está hoy en día, he concluido que ha llegado el momento de que me retire". Pero el legado de Parsons en el banco es más complicado que eso. A continuación, presentamos algunas medidas para analizar la labor de Parsons mientras estuvo a cargo:

Precio de la acción: Ajustada tras una división de 10 por 1, la cual en sí misma fue probablemente una buena decisión de relaciones públicas -ya que negociar una acción de Citigroup por menos del precio de una Big Mac no era bueno para los empleados o para la adquisición de clientes-, las acciones de Citigroup han subido casi 57% desde que Parsons se hizo cargo como presidente el 23 de febrero de 2009. El único problema es que el índice Standard & Poors ha subido más: casi 80% durante aproximadamente el mismo periodo. Y en los últimos 12 meses, la acción ha caído aproximadamente un 25%. Veredicto: Muy mal, Parsons.

Ganancias: El año pasado, Citigroup ganó más de 11,000 millones de dólares. Pero esas ganancias incluyeron casi 2,000 millones de dólares que el banco obtuvo en los llamados ajustes de valor de crédito, que son beneficios sólo en papel. Y en el cuarto trimestre, recibió un impulso al guardar 2,250 millones de dólares menos por pérdidas por préstamos; aproximadamente el doble de la caída real en pérdidas por préstamos. Lo que es peor, las ganancias parecieron disminuir hacia el final del año. Sin embargo, el año antes de que Parsons se hiciera cargo, Citi perdió 27,700 millones. Así que le damos el visto bueno a Parsons en este rubro.

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Subsidio gubernamental: Para Citigroup no existió el argumento de Goldman Sachs de 'No necesitamos el rescate'. El banco casi definitivamente iba a hundirse sin el apoyo del Tío Sam a finales de 2008 y en 2009. El banco devolvió el último centavo de los 45 millones de dólares que tomó prestados del gobierno a finales de 2011, y Parsons sin duda merece parte del crédito por ayudar a la empresa a atravesar por ventas de activos que redujeron la ayuda del gobierno, así como por negociar los términos de su salida del rescate del Gobierno. Así que Parsons merece mayormente el crédito por colocar al banco de nuevo en sus propios pies. Algunos dicen que Citi y otros grandes bancos obtienen una calificación mejor de la que deberían por parte de Standard & Poors y otras agencias porque son considerados "Demasiado Grandes Para Quebrar". Y además, Citi tuvo que diluir su participación con el fin de pagar al gobierno tan rápido como lo hizo. Sin embargo, éste es otro visto bueno para Parsons.

Cultura: Tal vez el mayor problema de Citi era su total falta de preocupación por el riesgo o, en algún nivel, por la ley. Simplemente recuerda la famosa cita del ex presidente de Citi, Chuck Prince: "Mientras la música siga sonando, debes levantarte y bailar". Así que, cambiar la cultura de 'ganancias primero, prudencia después' fue quizás el mayor desafío de Parsons. Y al parecer, en ese frente, el sucesor de Parsons, Michael O'Neil, aún tiene mucho trabajo por hacer. Hace unas semanas, Citigroup tuvo que pagar 158 millones de dólares para resolver una demanda por estar introduciendo préstamos defectuosos en un programa de seguro gubernamental. Peor aún, los funcionarios de crédito de Citi estaban haciendo estas operaciones apenas en julio de 2011. Los peligros de los préstamos laxos deberían haber quedado grabados en las cabezas de todos los empleados de Citigroup desde hace años. Patético. Así que, como agente de cambio de la cultura corporativa de Citi, Parsons recibe nuestra franca desaprobación.

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