Aún no es hora de crucificar a Facebook

El jefe financiero es culpado por el resultado de la OPI, pero su estrategia podría ser correcta; David Ebersman justificaría sus decisiones si el dinero recaudado es bien aplicado en la empresa.
facebook nasdaq  (Foto: CNN)
Miguel Helft

La carrera de David Ebersman ha sido una especie de cuento de hadas. Graduado de la Universidad Brown, analista de investigación en Wall Street, y empleado estelar durante 15 años en Genentech, la compañía líder a nivel mundial en biotecnología. Como treintañero, emergió como la mano derecha del CEO Art Levinson, una luminaria de Silicon Valley, y su acto final en Genentech fue negociar la venta por 46,000 millones de dólares de la empresa a Roche Holding. Ebersman hizo todo esto sin dejar de ser un discreto hombre tras bambalinas que era tan querido como respetado.

Pero cuando Ebersman salió a la luz pública este mes, el cuento de hadas se convirtió rápidamente en una pesadilla.

Como director financiero de Facebook, Ebersman, de 42 años, fue uno de los principales titiriteros detrás de la oferta pública inicial (OPI) de la compañía, que está siendo descrita como uno de los más deficientes debuts en Wall Street realizados por una gran empresa. Fue Ebersman quien autorizó a los aseguradores aumentar en 25% el número de acciones que serían vendidas a los inversores, apenas pocos días antes de la oferta. Y fue Ebersman quien suscribió el precio de oferta de 38 dólares, en la cima del rango que la empresa había anunciado que estaba considerando. En conjunto, estas decisiones están siendo consideradas en gran parte como culpables de la caída en picada de 18% en el precio de las acciones de Facebook en dos días de esta semana.

Es más, también se dice que Ebersman -o alguien en su equipo- advirtió a analistas de Wall Street que redujeran sus previsiones de ingresos, una advertencia que no fue transmitida ampliamente a los inversores individuales. Como resultado, Ebersman ha sido nombrado en una demanda de accionistas contra la compañía y sus aseguradores. Para Ebersman, quien pasó la mayor parte de este último año planificando hasta el último detalle de la gigantesca salida a Bolsa de Facebook, esto difícilmente cuenta como otro logro en su destacado currículum.

Pero es demasiado pronto para crucificar al director financiero de Facebook.

En primer lugar, una buena parte de la culpa de la debacle de la OPI recae en el Nasdaq, que sufrió problemas técnicos, retrasos y fue incapaz de lidiar eficazmente con un gran número de órdenes de cancelación de la acción, según diversos informes. Los problemas técnicos podrían haber tenido un profundo efecto en la psicología del mercado, provocando que muchos inversores se volvieran más asustadizos acerca de comprar la acción.

En segundo lugar, aunque el equipo Ebersman parece haber orientado a un selecto grupo de analistas acerca de las perspectivas de sus ingresos, no está claro que esa orientación contradiga la información que Facebook proporcionó en su folleto informativo, la cual delineaba muchas áreas de incertidumbre y que específicamente destacó las preocupaciones acerca de su potencial de crecimiento a medida que los usuarios estaban cambiando desde la web a los teléfonos móviles. Se ha informado que una investigación preliminar de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) está analizando la cuestión de la divulgación selectiva.

En tercer lugar, según algunas mediciones, Ebersman ha hecho un buen trabajo para Facebook, y por lo tanto, para sus accionistas (por lo menos para los que pretenden permanecer a largo plazo). Fijar el precio de una acción que sale a Bolsa es una mezcla de arte y ciencia. Se debe evaluar la demanda, algo que es muy difícil en un caso como Facebook, donde un gran número de inversionistas individuales que no suelen participar en las OPI desean entrar. Y se deben equilibrar objetivos contrapuestos: maximizar la cantidad de dinero que la empresa recauda, mientras dejas algo de espacio para que los nuevos inversores tengan buenos rendimientos. Ebersman claramente logró el primer objetivo al fijar el precio de Facebook a 38 dólares, pero fracasó totalmente en el segundo, al menos en el corto plazo.

La decisión de Ebersman que parece más difícil de justificar es el llamado a aumentar el tamaño de la oferta. Más acciones negociadas podrían ayudar a reducir la volatilidad en los días posteriores a una OPI. Sin embargo, las acciones adicionales no fueron vendidas a través de Facebook. Más bien, fueron vendidas por los primeros inversores, un grupo que incluye a Peter Thiel, Accel Partners y Greylock Partners, Tiger Global Management y DST Global. Todos ellos se hicieron más ricos, pero Facebook no; como tampoco lo hicieron los nuevos titulares de las acciones públicas de Facebook. Como mi colega Allan Sloan señaló, enriquecer a los que tienen buenos contactos a expensas de la gente común difícilmente entra dentro de los valores declarados de Facebook.

Dicho esto, reconsiderar la decisión de Ebersman de fijar el precio de las acciones de Facebook en 38 dólares es una propuesta bastante arriesgada tan cerca de la OPI.

Toma como ejemplo a LinkedIn, que salió a Bolsa el año pasado en una oferta pública inicial que generó 353 millones de dólares y fue vista en gran medida como exitosa. En su primer día de cotización, la acción aumentó en más del doble su precio a 94.25 dólares. Desde entonces, las acciones han zigzagueando hacia arriba y hacia abajo, pero nunca han caído cerca del precio de oferta de 45 dólares. Y debido a que la empresa está en una posición financiera fuerte, las acciones de LinkedIn ahora se cotizan en 103 dólares. ¿Un negocio exitoso? Depende de quién seas. Quienes compraron en la OPI tuvieron buenos rendimientos. Pero está claro que LinkedIn podría haber recaudado mucho más dinero sin tener que vender más acciones. Al fijar el precio a 45 dólares, podría haber dejado fuera hasta 300 millones de dólares, una suma que aumentaría su balance general en alrededor de una tercera parte y fortalecer aún más la empresa.

O considera a Amazon, cuya salida a Bolsa en 1997 fue considerada cara después de que la compañía elevó su precio de oferta en el último minuto. Las acciones de Amazon languidecieron durante meses después de su salida a Bolsa. Pero en retrospectiva, Bezos y compañía hicieron buen uso del dinero adicional que recaudaron. Con un valor de mercado de 97,000 millones de dólares, Amazon ahora es un gigante con un valor 200 veces mayor del que tenía cuando debutó.

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"Es demasiado pronto para juzgar", dice Lise Buyer, acerca de la OPI de Facebook. Buyer es una consultora de OPI en Silicon Valley que jugó un papel fundamental en la salida a Bolsa de Google, mientras trabajaba para la compañía de búsquedas en 2004. "En última instancia, lo que importa es la eficacia con la compañía utiliza el dinero que es recaudado. Si utiliza el dinero extra para construir un negocio más fuerte, Ebersman habrá hecho lo correcto por la empresa y por sus accionistas".

De todos modos, Ebersman y compañía probablemente tendrán que responder a muchas preguntas de los abogados de los demandantes, reguladores y legisladores en los próximos meses. Y mientras tanto, la debacle de la OPI de Facebook puede cumplir un propósito útil: recordar a los inversores grandes y pequeños que las OPI no siempre van hacia arriba, no importa cuántos bombos y platillos les antecedan.

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