JPMorgan, ¿debe reducir su tamaño?

Una reforma regulatoria obligaría a los grandes bancos a prever las consecuencias de sus errores; Jamie Dimon podría recuperar su jerarquía en Wall Street si decide quitarle peso a la entidad.
jamie dimon  (Foto: CNN)
Sheila Bair

Cuando era niña, a mi hermana y a mí nos encantaba ver el ajetreo de una granja de pollos cerca de la casa de mi abuela, en la zona rural de Kansas. Las gallinas son interesantes animales sociales. Se asemejan, en cierta forma, a la manera en que interactúan unos con otros en Washington. Siempre estaban a la caza de un ave más vulnerable que arrinconaban en el gallinero para luego picotearle la cabeza sin cesar.

Jamie Dimon, el CEO de JP Morgan Chase, está recibiendo una lluvia de picotazos en estos días. Sin duda, él mismo se expuso a ello al liderar abierta y públicamente el coro de críticas de la industria contra las reformas financieras. Dimon ha tomado muchas buenas decisiones para el banco, pero los recientes pasos en falso de Chase les han dado a los defensores de la reforma munición que sirve a su causa. Quiero decir, ¿perder 2,000 millones de dólares (y contando) por "cubrir" una cartera de bonos contra posibles pérdidas? ¿En qué estaban pensando él y sus subordinados? Si Dimon quiere recuperar su lugar en la jerarquía, debería tomar la iniciativa y reducir Chase a un tamaño manejable.

Mientras tanto, el mercado está castigando a su banco aún más severamente que los expertos de Washington. El precio de la acción de Chase ha caído más del 20% en la semana posterior a que anunciaran la pérdida por trading el 10 de mayo. Los apologistas de Chase señalan que una pérdida de 2,000 mdd representa menos del 1% del capital, y tal vez el mercado está reaccionando de forma exagerada, pero seamos sinceros, nadie sabe realmente lo que está pasando en el interior de Chase ni entendemos bien a bien los riesgos de los otros megabancos.

Como escribí en esta columna en enero, los bancos del tamaño y la complejidad de JPMorgan Chase, Citi y Bank of America son sencillamente muy difíciles de gestionar, incluso para gerentes con talento como Dimon. Cualquiera que sea el beneficio que obtengan los megabancos gracias a su tamaño se ve más que contrarrestado por los desafíos de gestionar instituciones de billones de dólares que realizan actividades de trading, de creación de mercado, de banca de inversión, de derivados y seguros, además de la actividad principal de la concesión de préstamos y la captación de depósitos. Esta es una de las razones por las que, incluso antes de la crisis, sus acciones tuvieron un peor desempeño que las de aquellos bancos regionales bien gestionados, una tendencia que no ha cambiado.

Dados los pobres rendimientos para los accionistas, ¿por qué se les permite existir a estos gigantes inestables? Existe la percepción de que el Gobierno no los dejará quebrar. Además, su tamaño y complejidad los protege de la presión del mercado, y aquellos accionistas activistas con la idea de fragmentar esos bancos mastodónticos se ven frustrados por la compleja red de miles de entidades jurídicas de los megabancos.

En Washington nadie está discutiendo con seriedad la disolución de los grandes bancos. Dicho esto, la mejor manera de controlar a estos gigantes es la muy importante reforma regulatoria, que está siendo implementada hoy por la FDIC (Corporación Federal de Seguros de Depósitos Bancarios) y la Reserva Federal, que obliga a los bancos a formular "testamentos en vida". Estas normas requieren que los grandes bancos elaboren un mapa claro que vincule sus líneas de negocio a sus entidades legales. Así, por ejemplo, Chase y otras instituciones tendrían que identificar las entidades jurídicas que apoyan sus operaciones de banca de inversión, sus actividades de trading y de corretaje, sus préstamos comerciales, sus créditos a particulares, y así sucesivamente. La idea es tener un plan creíble de disolución por si llegan a estar en problemas.

El cumplimiento de esta regla y la divulgación pública de los planes ayudaría a convencer al mercado de que la era del "demasiado grande para quebrar" se acabó. También ayudaría a que los accionistas idearan la forma para comenzar a disolver estos Goliat.

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Pero en lugar de esperar a que el Gobierno o los accionistas actúen, la directiva de estos megabancos debería tomar la iniciativa de reducir su tamaño. Para Dimon, la mejor manera de ofrecer un mejor rendimiento a sus inversionistas es reconocer que su banco es más valioso en piezas más pequeñas y fáciles de gestionar. Seamos realistas, generar un retorno competitivo sobre el capital será una labor más difícil para los megabancos a medida que sus requerimientos de capital aumenten, se refrenen y controlen sus actividades de trading y derivados, y aumenten sus costos de préstamo cuando los inversionistas en bonos reconozcan el fin del "demasiado grande para quebrar". Si, mediante la reducción de su banco, Dimon logra valoraciones comparables a las de los bancos regionales, él potencialmente liberará decenas de miles de millones de dólares de valor para sus accionistas. Y llevará la batuta otra vez en la granja.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 11 de junio de 2012.

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