Los verdaderos villanos de StanChart

La investigación a Standard Chartered por hacer operaciones con Irán culpa a abogados internos; sin embargo, el banco pretende atribuir esa responsabilidad a sus empleados de ‘outsourcing’.
Standard Chartered  (Foto: Archivo)
Frank Partnoy*
Financial Times -

Una nueva tragedia bancaria shakespeariana se inició esta semana, con Standard Chartered como el malvado villano. El día del juicio final será el miércoles, cuando el Departamento de Servicios Financieros de Nueva York escuchará la defensa del banco contra las acusaciones de haber ocultado la participación de clientes del gobierno iraní en 60,000 transacciones electrónicas, por un valor de al menos 250,000 millones de dólares. Puedes llamarlo "los Idus de agosto".

La audiencia se enfocará en las "reparaciones" de datos. Los empleados de Standard Chartered presuntamente ocultaron el hecho de que las transferencias electrónicas a Nueva York provenían de instituciones de propiedad estatal iraní al borrar las referencias a ese país de las instrucciones en los cables enviados. Standard Chartered llamó a esto un "procedimiento de reparación", e insiste en que estaba permitido.

Comentaristas de medios de comunicación y analistas bancarios han sugerido que los agentes malvados de este drama eran los empleados que hacían las "reparaciones" y los gerentes que los supervisaban. Otros han absuelto a Standard Chartered, aceptando el argumento del banco de que el alcance de la infracción fue mínimo y que no tenía nada que ver con el terrorismo. Sin embargo, la orden de reguladores de Nueva York se enfoca en el abogado general del banco y en las oficinas de cumplimiento de las normas. Este enfoque sobre los abogados es importante.

Entre los documentos más comprometedores citados en la orden se encuentran memorandos y correos electrónicos de los abogados del banco, quienes supuestamente aconsejaron que las instrucciones de los cables no debían de identificar los nombres de los clientes iraníes, debido a que dispararían un escrutinio en Nueva York. Los funcionarios jurídicos y de cumplimiento estaban presuntamente involucrados en un plan llamado Proyecto Gacela (Project Gazelle), que buscaba construir los negocios del banco con clientes iraníes sin exponer a la sucursal de Nueva York "al riesgo de un incumplimiento de las sanciones". Ante estas afirmaciones, la primera frase en la audiencia de la próxima semana podría ser: "Lo primero que haremos: Matemos a todos los abogados".

En efecto, la orden ubica a los abogados de alto nivel del banco y a sus funcionarios de cumplimiento en el corazón de este sistema de 'reparación de la información', incluso cuando el consejero externo sugirió lo contrario.

Desde 1995, poco después que el presidente Bill Clinton anunciara las sanciones económicas contra Irán, el consejero general del banco supuestamente "aceptó un marco normativo para la evasión regulatoria". El banco elaboró una estrategia para evitar el escrutinio de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos, (OFAC, por sus siglas en inglés) e indicó a los empleados que un memorando que describía el plan para evitar el cumplimiento de las regulaciones era "altamente confidencial" y no debía ser enviado a Estados Unidos.

Sabemos que los banqueros pueden ser despiadados en lo que se refiere a conseguir beneficios. Pero se supone que los abogados del banco no piensan como los banqueros. Décadas atrás, el abogado general de un banco se preocupaba más por la ética que por la eficiencia. Pero los abogados internos de hoy a menudo están enfocados en los beneficios y son fuentes de sabiduría acerca de cómo evadir las normas de contabilidad, reducir impuestos y mantener en secreto las prácticas dudosas.

Una de las razones de la reciente ola de abusos en los grandes bancos es que sus abogados internos se han enfocado más en la velocidad y en las ganancias que en el bien y el mal.

Ahora es evidente que la velocidad era una preocupación de los abogados de Standard Chartered: si las instrucciones de los cables hubieran contenido referencias a Irán, probablemente habrían sido investigados y, por lo tanto, demorados. El director de asuntos legales del banco y responsable de la vigilancia de las normas en su negocio de banca mayorista, supuestamente llamó al riesgo de tales demoras un "factor de ruptura" de los esfuerzos por desarrollar nuevos negocios.

Los abogados de Standard Chartered supuestamente también "tercerizaron todo el proceso de cumplimiento de normas de la OFAC de la sucursal de Nueva York a Chennai, India, sin evidencia de ningún tipo de supervisión o comunicación entre las oficinas de Chennai y Nueva York". Personal entrenado inadecuadamente en las debidas diligencias supuestamente tenía la responsabilidad simultánea de los "procedimientos de reparación" y de "cumplimiento".

Los reguladores llamaron a este doble papel "una tarea paradójica por decir lo menos". Al parecer, cuando el personal en India encontraba revelaciones cuestionables, se ponían en contacto con los clientes, quienes luego enviaban cables "reparados" despojados de cualquier referencia a Irán. Incluso si se comprueba que ese proceso era legal, era una debida diligencia solamente en nombre.

Como demuestran los recientes debacles en Barclays, HSBC y ahora en Standard Chartered, los empleados de los grandes bancos globales carecen cada vez más de una brújula moral. Algunos abogados generales y funcionarios de vigilancia de las normas sí proporcionan una orientación ética. Pero muchos son facilitadores o instructores de vacíos legales que se encargan de mostrar a los empleados la mejor manera de eludir la ley. Ni siquiera los abogados de la mafia van tan lejos; a diferencia de muchos banqueros, los mafiosos comprenden el valor de un consiglieri imparcial que les dice cuando parar.

Ejecutivos bancarios recientemente han sido criticados e incluso reemplazados, y más cabezas rodarán. La saga de Standard Chartered no ha terminado: el banco supuestamente orquestó esquemas similares en Sudán, Myanmar y Libia. Pero a medida que se desarrolla la trama, muchos en la audiencia se preguntarán ¿Quiénes eran los verdaderos villanos? ¿Los banqueros o los abogados siempre dispuestos que posiblemente los facultaron y alentaron?

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Se supone que los abogados son los adultos en la fiesta, profesionales que guían a sus compañeros y les dicen qué pueden y qué no pueden hacer. Deberían ser defensores, no facilitadores. Una de las lecciones de los escándalos recientes es que los bancos necesitan un abogado interno independiente y confiable con una sólida fortaleza moral.

*El autor es profesor de Derecho y Finanzas en la Universidad de San Diego y autor de Wait.

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