Facebook, el saldo de su OPI

El fallido debut de la red social implica que otras ‘startups’ busquen medios para financiarse; gracias a una legislación, Facebook habría podido aplazar indefinidamente su salida a Bolsa.
facebook  (Foto: Cortesía CNNMoney.com)
Dan Primack

Hay muchas lecciones que aprender de la Oferta Pública Inicial (OPI) de Facebook: No dejes que tu director financiero mendigue hasta el último centavo; asegúrate de que tu director ejecutivo se vista mostrando la debida muestra de respeto a Wall Street; elimina a miembros de la junta que sean más leales a sus cuentas bancarias que a la compañía... Pero todas esas enseñanzas son relativamente menores comparadas con la gran moraleja de esta debacle: no salgas a Bolsa. ¿Te acuerdas de Facebook antes de su salida al parqué? Era el equivalente al chico más popular (era Fonz, el legendario protagonista de Happy Days), de alguna manera habitaba en esa línea invisible entre ser accesible y ser inalcanzable. Luego vino el 18 de mayo y de repente Facebook se transformó en un chico segundón (como Potsie, otro personaje de Happy Days), más apariencia que sustancia, y un poco nerd. En pocas palabras, dejó de ser el chico popular.

Facebook perdió simpatía, aceptación, en el momento en que sus acciones comenzaron a cotizar en el Nasdaq, no cuando expuso sus secretos financieros varios meses antes. La red social había mantenido su atractivo como compañía de medios y de capital riesgo luego de revelar públicamente que su crecimiento había comenzado a desacelerarse (como es normal en una empresa de ocho años de edad) y que enfrentaba importantes desafíos a la hora de trasladar su éxito de los ordenadores de escritorio a los dispositivos móviles.

Lo que cambió el 18 de mayo fue que algo que alguna vez perteneció a un grupo relativamente pequeño, era ahora propiedad común. Lo que realmente debe fastidiar a Mark Zuckerberg, por supuesto, es que él sabía que tal transformación podría ocurrir. Él era parte de una generación de emprendedores tecnológicos que llegaron a su mayoría de edad después del colapso de las puntocom y que por lo general consideraban las OPI como un mal innecesario. A menos de que tu empresa estuviera desesperada por dinero, ¿por qué someterla a los caprichos de los analistas, a la supervisión de los reguladores, y al escrutinio de los medios que siempre acompañan a las firmas que cotizan en la Bolsa?

No sorprende que la carta de Zuckerberg a los compradores potenciales de la OPI comenzara con la frase: "Facebook no fue creado originalmente para ser una compañía. Fue construido para cumplir una misión social". Traducción: Estoy siendo arrastrado a los mercados públicos contra mi voluntad.

Al igual que le sucedió antes a Google, Facebook había tropezado con una normativa: superó el número arbitrario de accionistas externos que estaba permitido tener antes de ser obligada a revelar públicamente ciertos datos financieros. Para todos los efectos prácticos, eso significaba que era hora de cotizar.

En consecuencia, Facebook tramitó su primera oferta pública el 1 de febrero. Dos meses más tarde, el Congreso elevó -al cuádruple- ese techo de accionistas externos en el marco de la Ley JOBS, una legislación diseñada para aumentar las ofertas públicas iniciales (al reducir los requisitos de información, entre otras cosas). Así es: una ley hecha con el propósito de facilitar las OPI podría haberle dado a Facebook la posibilidad de posponer indefinidamente una de las mayores salidas a Bolsa en la historia estadounidense.

Aquí es donde pienso que a Zuckerberg le hubiera gustado una segunda oportunidad. El Congreso le había dado una salida fácil, pero la ignoró. Tal vez estaba preocupado por una revuelta de empleados, pues todos esos millonarios en papel ya estaban visualizando una nueva casa en Palo Alto. Tal vez tenía en mente la exitosa OPI de LinkedIn en junio de 2011, hasta el punto de pasar por alto los problemas que acarreó la salida a Bolsa para Groupon y Zynga. O quizás simplemente se dejó llevar por el calor del momento.

No importa la razón última por la cual Facebook debutó en los mercados, su experiencia posterior sirve como un recordatorio de cómo las OPI puede trastocar el guión completo de una empresa en un solo día. Piensen en todo lo que la compañía ha perdido a cambio de un dinero que realmente no necesitaba. Ante esa lección, ¿por qué no iban a pensárselo dos veces los CEO de otras grandes startups tecnológicas y analizar alternativas a largo plazo para la liquidez de accionistas y empleados, tal vez a través del floreciente mercado secundario para acciones que no cotizan en Bolsa?

Algunas personas en Silicon Valley insisten en que Facebook es una excepción, una anomalía en términos de la rapidez con la que creció y la rapidez con la que está cayendo. Pero se equivocan. Facebook es la encarnación de por qué salir a Bolsa a menudo es causa de problemas para grandes y exitosas startups.

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Acaso el Congreso estadounidense sabía lo que estaba haciendo, al buscar promover las OPI a la vez que le ofrecía a Facebook la posibilidad de evitar la cotización inmediata. Desafortunadamente, Zuckerberg no se dio por aludido. Los chicos que no son populares rara vez lo hacen.

Este artículo pertenece a la edición de Fortune del 8 de octubre de 2012.

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