El nuevo titán de los mercados

Las comercializadoras de materias primas han crecido de la mano del ascenso de China; sin embargo, existe el riesgo de que distorsionen los precios de los alimentos y la gasolina.
commodities  (Foto: Getty)
Financial Times -

Si quieres recaudar 10,000 millones de dólares rápidamente, necesitas saber a quién llamar. Cuando Igor Sechin, presidente de Rosneft, decidió comprar TNK-BP y crear la mayor productora de petróleo cotizada en Bolsa, se enfrentó a un problema: los bancos no eran capaces de proporcionar el total de los 55,000 millones de dólares necesarios.

Así que Sechin fue a otra parte. El año pasado, llamó a dos de los titanes del comercio mundial: Ian Taylor e Ivan Glasenberg, los presidentes ejecutivos de Vitol y Glencore. En cuestión de semanas, las casas comercializadoras le ofrecieron un préstamo de 10,000 millones de dólares que la empresa estatal rusa garantizó con suministros futuros de crudo. Vitol y Glencore estaban financiando uno de los mayores acuerdos en la historia de la industria petrolera. "Nunca hemos visto casas comerciales embarcándose en un acuerdo de esta magnitud", dice un banquero que ayudó a armar el contrato. "Estamos en un nuevo territorio".

El acuerdo Rosneft concluyó el 21 de marzo. El tamaño del préstamo ofrece un claro ejemplo del formidable y creciente papel de las oscuras casas comercializadoras (trading houses), cuyos nombres son relativamente poco conocidos fuera de la comunidad de operadores especializados en energía, metales y productos agrícolas. Enriquecidas por el apetito voraz de China por las materias primas, las 20 principales casas comercializadoras del mundo han alcanzado niveles sin precedentes de influencia durante la última década.

La escala de ascenso de las casas comercializadoras "ha surgido de una revisión del Financial Times de miles de páginas de documentos, desde prospectos de bonos hasta presentaciones confidenciales para inversores y presentaciones judiciales. La escala de sus operaciones ha sido difícil de determinar desde hace mucho. Once de las 20 casas más grandes no cotizan en Bolsa o sólo recientemente han sido obligadas a presentar documentos para los intercambios. Los documentos, junto con docenas de entrevistas con ejecutivos, banqueros y consultores, dan una visión poco común sobre el alcance mayor que los comerciantes han ganado en todo el mundo.

Fundamentalmente, los documentos revelan un crecimiento de ganancias más propio del desarrollo explosivo de los emprendimientos de Silicon Valley que del centenario negocio del trading. Las mayores 20 comercializadoras independientes de materias primas registraron una ganancia neta récord de 36,500 millones de dólares en 2008, un alza de cerca de 1,600%, desde 2,100 millones de dólares en 2000. Durante la última década, esas 20 casas comercializadoras registraron una utilidad de 250,000 millones de dólares, más que las cinco principales automotrices del mundo.

Glasenberg subraya que un factor decisivo ha sustentado esta transformación vertiginosa. "El crecimiento ha estado, y seguirá estando, estrechamente vinculado con China", dice, "sobre todo desde la entrada del país en la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace 10 años".

Trafigura es un ejemplo del auge que Beijing ha ayudado a alimentar en la última década. De acuerdo con documentos presentados en Amsterdam, la compañía era un poca exitosa comercializadora al inicio del superciclo de las materias primas, registrando una ganancia de sólo 24.2 millones de dólares en 2000. El año pasado la cifra fue de 991 millones de dólares, ligeramente por debajo de un récord de 1,100 millones de dólares en 2011.

 

Vitol es otro ejemplo. El comerciante de petróleo más grande del mundo casi no tenía ninguna ganancia a finales de 1990, y luchó por mantenerse por encima del punto de equilibrio entre los años 1996 y 1999. En 2000, ganó 296 millones de dólares. Para 2009, sus ganancias habían aumentado a 2,280 millones de dólares.

Todo esto se ha construido sobre ingresos que han alcanzado máximos históricos extraordinarios. Las ventas de las 10 principales casas comercializadoras independientes de materias primas del mundo -Vitol, Glencore, Trafigura, Cargill, Mitsubishi, ADM, Noble, Wilmar, Louis Dreyfus y Mitsui- alcanzaron 1.2 billones de dólares el año pasado, más o menos el equivalente al producto interno bruto de España o de Corea del Sur. Vitol por sí solo tuvo ingresos de 303,000 millones de dólares el año pasado, un poco menos que el PIB de Dinamarca.

Pero la reseña del Financial Times también muestra que, por primera vez desde que el superciclo de las materias primas comenzó hace más de una década, la industria está enfrentando fuertes vientos en contra a medida que el crecimiento de China se desacelera. La ganancia neta de Glencore se enfrió el año pasado a 3,060 millones de dólares desde el pico de 5,200 en 2007. Vitol reportó 1,050 millones de dólares en ganancias el año pasado, menos de la mitad de los abundantes 2,280 millones de dólares en 2009. Los ingresos netos de Cargill se redujeron a 1,170 millones de dólares en 2012, un descenso brusco desde el récord de 3,950 millones de dólares en 2008.

"Los tiempos han cambiado, un crecimiento más lento y una intensa competencia están erosionando los márgenes en todos los sectores", dice Ian Taylor, presidente ejecutivo de Vitol. "A medida que las empresas crecen, la rentabilidad sobre el capital está destinada a caer; esto se ve agravado por un difícil entorno de mercado", añade.

Sin embargo, el rápido ascenso de las comercializadoras en la última década ha desatado la alarma entre las organizaciones no gubernamentales y los legisladores. Los críticos acusan a las casas comercializadoras de distorsionar los precios de los alimentos y la gasolina a través de la especulación y dicen que disfrutan de relaciones cómodas con regímenes conocidos por sus abusos de los derechos humanos, como Irán y Sudán.

"El aumento en las ganancias ilustra la necesidad de cerrar la enorme brecha de transparencia de la industria del comercio de materias primas", dice Oliver Classen de Berne Declaration, una organización no gubernamental que impulsa una mayor supervisión. "Ahora mismo, la industria es un agujero negro".

Los competidores también están intimidados por las extensas redes de inteligencia de las empresas. Los operadores realizan un monitoreo de la oferta y la demanda en todo el mundo, datos que luego utilizan para un comercio arbitrario. En su nivel más básico, despliegan personas para contar las existencias de cacao en Costa de Marfil o colocar cámaras para filmar las existencias de carbón en las centrales eléctricas japonesas, todo eso para determinar las fluctuaciones de los inventarios y las discrepancias de precios a través de las cuales hacen sus millones.

Una ventaja aún más polémica para las casas comercializadoras, que ahora las destaca por encima de los grandes bancos, es que en gran parte no están reguladas. Esto también está causando consternación, especialmente a medida que las casas entran en el vacío de financiamiento dejado por los bancos occidentales. El gobierno de Suiza, el centro principal de los titanes comerciales, recientemente reconoció el desafío en un lenguaje inusualmente franco para un informe oficial: "Los comerciantes de productos básicos físicos, en principio, no están sujetos a ningún tipo de supervisión".

Estas ventajas son impulsadas por una carga impositiva inusualmente baja, gracias a la cual los comerciantes de materias primas pagan considerablemente menos que los grupos mineros o petroleros, o de hecho, que los bancos de Wall Street.

Los comerciantes han conservado un notable nivel de anonimato a pesar de un papel tan crucial en el suministro diario de energía y alimentos. Las principales casas comercializadoras independientes de energía -Vitol, Glencore, Trafigura, Mercuria y Gunvor- manejaron en conjunto más de 15 millones de barriles de petróleo al día el año pasado; más que suficiente para satisfacer las necesidades de importación de Estados Unidos, China y Japón. El sector agricultura es similar: el llamado grupo ‘ABCD' formado por ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus, que domina los mercados agrícolas mundiales, maneja casi la mitad de los flujos comerciales de cereales y soya del mundo, dicen los ejecutivos. Glencore y Trafigura forman un duopolio que controla hasta el 60% de algunos mercados, como el zinc.

En los nichos de mercado, como el café, el azúcar, el cacao o el algodón, empresas relativamente desconocidas poseen un poder extraordinario. Neumann Kaffee Gruppe es un buen ejemplo: la comercializadora de propiedad familiar con sede en Hamburgo está detrás de los granos que entran en una de cada siete tazas de café en todo el mundo. Ecom Agroindustrial muele más granos de café que cualquier otra compañía. Casi desconocida para el público, la casa comercializadora con sede en Suiza cuente entre sus clientes a nombres muy conocidos como Nestlé y Starbucks, según un documento del Banco Mundial.

El comercio de materias primas es tan antiguo como la misma civilización. Pero el desarrollo de la industria se aceleró en los años 1970 y 1980 a medida que surgió un nuevo tipo de casas comerciales más agresivas.

Entre ellas Marc Rich + Co, la precursora de Glencore, fundada por el ex fugitivo Marc Rich - y por John Deuss de Transworld Oil. En la última década, la industria ha experimentado su más rápida transformación, impulsada por cuatro pilares del crecimiento.

En primer lugar, el auge económico de los países emergentes a partir de 2000 provocó una gran expansión en el comercio de materias primas. Los datos son escasos, pero las estimaciones para el comercio de granos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA; por sus siglas en inglés) ilustran las fuerzas en juego. El USDA estima que el comercio mundial de cereales aumentó 20.9% entre 2001 y 2010, en comparación con un aumento de sólo un 1.9% entre 1991 y 2000, y una caída del 0.9% entre 1981 y 1990.

En segundo lugar, aunque los comerciantes por lo general no se benefician de las altas y bajas del mercado, sino más bien de las fluctuaciones de precios entre localidades, un impulso en la inversión que les permitió beneficiarse del superciclo. A partir de la década de 1980, algunas casas comercializadoras -con Glencore y la japonesas 'sogo shosha' a la vanguardia- comenzaron a invertir en activos: yacimientos, minas, refinerías, fundidoras y tierras de cultivo. Cuando el precio de los productos básicos aumentó, también lo hizo el valor de sus activos -y de su producción.

Tercero, los mercados estrechos ayudaron ampliamente a los comerciantes. Cuando la creciente demanda superó al suministro, los comerciantes se beneficiaron de las oportunidades de arbitraje  ofrecidas por una abundancia de discrepancias de precios entre regiones.

Finalmente, la competencia decayó. El período de escasez de 1985 a 2000 puso a muchas casas comercializadoras fuera del negocio. Otros se vinieron abajo cuando la volatilidad de precios aumentó a partir de 2000. André & Cie, uno de los mayores comerciantes de productos agrícolas, quebró en 2001. Algunos grandes comerciantes compraron a grandes rivales, Cargill compró a Continental en octubre de 1998.

El mega-fusiones petroleras de finales de 1990 y principios de 2000 también ayudaron a reducir la competencia. Los compradores -empresas como Exxon y Chevron con una cultura "no comercial"- adquirieron a grupos con experiencia en el comercio como Mobil y Texaco. En el proceso de fusión, la cultura no comercial ganó, eliminando a varios competidores.

Sin embargo, las casas comercializadoras están perdiendo esta última ventaja. Durante los últimos años, la competencia ha remontado. Wall Street y la City de Londres se han aventurado en el comercio de materias primas físicas, con Morgan Stanley y JPMorgan moviendo enormes volúmenes de materias primas como fueloil y aluminio por encima de su negocio bancario tradicional de proporcionar instrumentos financieros derivados sobre materias primas.

Las casas comerciales se han vuelto tan grandes -y su importancia estratégica es tan vital- que los reguladores, asustados por el enfriamiento del superciclo, se preguntan si se han vuelto "demasiado grandes para quebrar", como los bancos y las compañías de seguros.

Timothy Lane, gobernador adjunto del Banco de Canadá y un responsable político clave en el Consejo de Estabilidad Financiera, el organismo con sede en Basilea que coordina a los reguladores financieros, articuló los temores de muchos reguladores en un reciente discurso, diciendo que el papel cada vez más destacado desempeñado por las grandes casas comercializadoras "la posibilidad de que algunas de estas instituciones se están volviendo sistémicamente importantes".

Otros consideran tales miedos como exagerados. Dos de las principales casas comerciales más importantes quebraron en los últimos 12 años sin provocar desastres. Enron, que se colapsó en 2001 tras un fraude contable generalizado, es el mejor ejemplo, dice Craig Pirrong, experto en comercio de materias primas de la Universidad de Houston: "Un sector completo de comercio de materias primas -el sector de la energía comercial en Estados Unidos- implosionó sin alterar el sistema financiero, o el comercio de energía física y gas".

Sin embargo, si Lane tiene razón, el trabajo de supervisar una compleja red mundial de comerciantes será un sobrecogedora para los reguladores.

Incentivos: Una baja carga fiscal impulsa el ascenso de las comercializadoras

Los impuestos bajos ha demostrado ser un fuerte impulso para los comerciantes de materias primas. Otras empresas del sector de los recursos, como la minería y los grupos petroleros pagan en promedio una tasa efectiva de impuestos de entre 30 y 45%. Los bancos de Wall Street pagan cerca de 20%.

Por el contrario, los comerciantes de materias primas pagan 5.15%, ya que aprovechan exenciones fiscales en países como Suiza, Chipre, Países Bajos y Singapur.

Por ejemplo, Mercuria, el cuarto mayor comerciante independiente de petróleo, indicó en su informe anual de 2011 presentado en Larnaca, Chipre, que "las operaciones del grupo se encuentran en jurisdicciones con tasas de impuestos de 9.5 y 10%".

La baja tributación es en parte producto de una carrera para atraer a las empresas para asentar sus operaciones en ciudades como Hong Kong, Dubai, Kuala Lumpur y, sobre todo, Singapur.

La ciudad-estado asiática ha ejecutado un plan denominado "programa de comerciantes globales" desde junio de 2001, que ofrece una tasa de impuesto corporativo del 10% a los comerciantes.

Las casas comercializadoras de productos básicos pueden calificar por una tasa del 5% si se comprometen a ciertos criterios, incluyendo contratar un número requerido de personal local y hacer un uso significativo de la banca y los servicios financieros de Singapur.

"El programa anima a las empresas comercializadoras globales a usar a Singapur como su base regional o global", dice International Enterprise Singapore, la agencia gubernamental que promueve la ciudad.

Otros lugares están replicando el modelo de ultra-bajos impuestos para atraer a las empresas comercializadoras, e incluso están ofreciendo tarifas tan bajas como cero.

Dubai y Hong Kong, por ejemplo, han introducido programas sin impuestos para casas comercializadoras.

Kuala Lumpur está ofreciendo una moratoria fiscal para los primeros años para empresas que comercien ciertos productos básicos.

Pero Suiza, el mayor centro de la industria, está a punto de aumentar las tasas de impuestos para los comerciantes de productos básicos, dicen los legisladores.

Ginebra elevará la tasa efectiva de impuestos que pagan los comerciantes de alrededor del actual 10 a 11% al 13% en 2018. Es probable que otros cantones (regiones administrativas de Suiza), incluyendo a Zug, sigan su ejemplo.

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