John Elkann, la cara fresca de Fiat

La automotriz ha tenido uno de sus años más exitosos de la mano del heredero de la familia Agnelli; la empresa Exor, el negocio familiar, ha despegado gracias a su participación en Chrysler.
fiat  (Foto: Cortesía de Fortune)
David Whitford

"Apaga eso", dice Sergio Marchionne, señalando mi grabadora. Me parece justo. Él quiere enseñarme un par de nuevos anuncios de televisión de Chrysler en su computadora de la oficina antes de que sean lanzados.

Uno se trata de veteranos que vuelven de la guerra, narrado por Oprah Winfrey, y el otro es sobre agricultores, protagonizado por Paul Harvey como la voz de Dios.

Ambos son acerca de los productos de Chrysler, por supuesto, pero el mensaje -sensiblero, pero eficaz- es Estados Unidos.

"Nosotros somos los únicos que podemos hablar sobre Detroit hoy", dice Marchionne, quien es el presidente ejecutivo tanto de Fiat como de Chrysler.

 "Somos el más pequeño de los tres, y hay un nivel de legitimidad asociado con nosotros promocionando la historia estadounidense. Lo cual es casi extraño porque la cosa es de propiedad extranjera".

El reciente linaje de Chrysler es complicado de explicar. La compañía fue secuestrada por Daimler en 1998, vendida a capital privado en 2007 y rescatada por el gobierno federal estadounidense en 2008, y desde entonces ha entrado poco a poco en el redil de Fiat.

El fabricante de automóviles italiano comenzó a comprar acciones después de que Chrysler se acogiera al Capítulo 11 de bancarrota en 2009, y para 2011 había acumulado una participación mayoritaria.

Fiat espera comprar el 41.5% restante a un fondo fiduciario para jubilados de la UAW, cuando se produzca la decisión de un tribunal de Delaware acerca de cuánto vale la participación, lo cual podría suceder este verano. Chrysler, como se ve, es realmente Fiat.

Pero Fiat, si seguimos adelante, es realmente Exor, una sociedad de inversión con sede en la histórica fábrica de Lingotto en Turín, Italia, que es donde me entrevisté con Marchionne en medio de una nube de humo de cigarrillos al día siguiente de su regreso del Detroit Auto Show.

Además de poseer el 30% de Fiat, que a su vez es dueño de Ferrari, Maserati, Lancia, Alfa Romeo y, curiosamente, el diario turinés La Stampa, Exor también tiene grandes participaciones en el corretaje de bienes raíces comerciales (Cushman & Wakefield) y equipo pesado (CNH Industrial, que incluye a la antigua Fiat Industrial); y participaciones menores en la promoción inmobiliaria (Almacantar); en banca (Banca Leonardo); en medios de comunicación (The Economist y el Banijay Group); papel (Sequana); y en el equipo de futbol Juventus de Turín.

Sus ventas totales en 2012 fueron de 146,300 millones de dólares. Eso coloca a Exor en el sitio 26 en la lista Fortune Global 500 de este año, un salto de 19 puestos respecto al año pasado.

Aunque Exor es una empresa pública, está estrechamente controlada por los descendientes de Giovanni Agnelli, quien cofundó Fiat (que es un acrónimo de Fabbrica Italiana di Automobili Torino) en 1899, la convirtió en una de las grandes empresas industriales en Europa y dio lugar así a una fortuna familiar permanente. Exor, como puede verse, es la familia Agnelli.

Historia

La familia Agnelli tiene un líder, un capo di famiglia. Siempre uno, siempre hombre. Fue Giovanni Agnelli hasta su muerte en 1945. Él eligió como su sucesor a su nieto y homónimo, el Agnelli que conocimos como Gianni, o l'Avvocato (un guiño a su título de abogado, aunque nunca ejerció).

Gianni, en su mejor momento, era brutalmente guapo, indiscriminadamente apasionado y audaz al extremo. Nacido con privilegios, luchó en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial, coleccionó arte, automóviles y amantes, se codeaba con la realeza, usaba su reloj de pulso por fuera de la manga, luchó contra los sindicatos y ganó. Llegó a personificar ante el mundo lo que significaba ser un italiano en su máximo esplendor durante las estridentes y brillantes décadas centrales del siglo XX.

Gianni murió en 2003, tras dejar a Fiat al borde de la quiebra. Su sucesor -el hijo mayor de su única hija- es un ingeniero desgarbado de mejillas sonrosadas y pelo rizado, que todavía era un estudiante universitario cuando el peso de la familia comenzó a caer sobre sus hombros.

El nuevo chico tiene un apellido germánico, bebe té en vez de café, y prefiere las salidas familiares a las noches en la ciudad. ¿Pero qué tal es como hombre de negocios? Tiene solo 37 años, y ha ocupado el puesto de presidente ejecutivo en Exor apenas desde 2011, pero teniendo en cuenta las cosas buenas que han sucedido bajo su gestión -la estabilización de Fiat, el éxito de la inversión en Chrysler, la reorganización del vasto imperio familiar-, podría llegar a eclipsar a sus antepasados. La familia Agnelli, hoy en día, es John Elkann.

"A veces el abuelo me decía: 'Siento haber arruinado su juventud'", dice el padre de John, el novelista y periodista Alain Elkann. "En el sentido de que cuando se es joven, uno debe tener más luz, más diversión, estar menos abrumado por las responsabilidades. Una cosa es crear de la nada cuando se es joven. Otra cosa es heredar una situación muy pesada".

De hecho, John había sido preparado sin saberlo para ese rol desde que era un niño. Él tenía cinco años cuando sus padres se divorciaron, y aunque él dice que no se acuerda de la ruptura, recuerda bien la amargura y las recriminaciones entre sus padres que perduraron durante mucho tiempo.

"Debido a que él era el mayor, recibió todas las cosas desagradables", dice su hermano, Lapo. "Él tuvo que endurecerse en ciertas áreas que son más emocionales, y tuvo que hacerlo muy joven". Él era "el más serio de todos nosotros", dice su hermana, Ginevra, señalando que era John quien les recordaba a todos que se lavaran los dientes, era John a cuya cama acudían en la noche cuando estaban asustados; y John quien, cuando los niños hicieron una película casera, eligió como vestuario un traje y una corbata.

John Jacob Philip Elkann (apodado "Jaki" en la familia), nació en la ciudad de Nueva York y se crió como hijo de un diplomático en Londres, Río de Janeiro y París.

Él habla las lenguas de todos esos lugares, además de un poco de ruso; su italiano, dicen los nativos, está bien, pero su construcción de las oraciones a veces suena un poco rara, como si estuviera traduciendo del francés.

A menudo pasaban las vacaciones en Italia con sus abuelos de ambos lados de la familia. Cuando llegó el momento de ir a la universidad, decidió regresar al país en el que se sentía más como en casa. Gianni le recomendó estudiar Economía en Bocconi en Milán, pero Elkann optó por Ingeniería en el elitista Politecnico di Torino. Porque "la Ingeniería era más difícil", dice Elkann. "Simplemente, me parecía más desafiante".

Estar en Turín también significaba más oportunidades para pasar tiempo con su abuelo Gianni. A menudo se reunían para comer y tener largas conversaciones acerca de los negocios. Poco a poco, dice Elkann, los esbozos de un futuro en algún lugar dentro de la empresa familiar comenzaron a tomar forma. Sin embargo, él no estaba en absoluto preparado para la breve conversación que tuvo lugar en Villa Frescot, la casa de la familia Agnelli en las colinas cubiertas de pinos con vistas a Turín, cuando tenía 21 años.

Un primo mayor Agnelli, que estaba siendo preparado para la posición de capo, había muerto repentinamente, dejando vacante un asiento en el Consejo de Fiat. Después del almuerzo ese día, recuerda Elkann, su abuelo dijo: "'Estoy pensando en la designación en el Consejo, y creo que debes ser tú'. No me esperaba eso. Le pregunté: '¿Crees que tiene sentido?'".

Era una pregunta razonable. En algunas fotografías de Gianni cuando era joven se puede ver claramente que el abuelo y el nieto son descendientes de la misma línea. Sin embargo, sus personalidades no podrían ser más diferentes. Gianni era diabólico y ostentoso; Elkann, por su temperamento y apariencia, es casi angelical. Invariablemente es descrito como tímido.

Liderazgo

Después de haber pasado recientemente una buena cantidad de tiempo con Elkann -para una serie de entrevistas formales en Nueva York y Turín, tras haber almorzado con sus hijos en el restaurante Eataly enfrente de la sede de Lingotto, en un vuelo de Turín a Roma a bordo del jet de la empresa, y durante una visita a los estudios del artista chino disidente Ai Weiwei en Pekín- no creo que "tímido" sea la palabra correcta. No para un empresario multimillonario que lleva excelentes trajes, disfruta de navegar en yate y conducir autos veloces ("no la velocidad absoluta, más aceleración"), que está casado con una condesa, y nombró a sus tres hijos Leona, Océano y Vita (vida).

Dicho esto, la mayoría de los hombres con la riqueza y posición de Elkann con quienes he convivido parecen moverse por el mundo como si la cámara siempre estuviera rodando. Elkann, que tiene un hábito a veces desconcertante de mirar fijamente a la gente, se comporta más como si estuviera viendo la película. Gianni siempre tomó al volante; Elkann, cuando está trabajando, se contenta con que alguien más conduzca. Si el auto está lleno, se mete en cualquier asiento disponible, incluso el de en medio de la parte trasera. Una vez, después de una visita a Grugliasco, la nueva planta de ensamblaje de Maserati cerca de Turín, insistió en que yo tomara las llaves del Quattroporte de manos de su muy renuente guardia personal y que nos llevara a todos a Lingotto.

La deferencia innata de Elkann y sus modales "talmúdicos", como su padre judío los describe, de evitar la contradicción directa, y su disposición a hacer preguntas -le dieron espacio para crecer dentro de la incubadora familiar. "Todo el mundo estaba esperando ser útil", dice Elkann, quien fue guiado cercanamente en esos primeros días por el consigliere de toda la vida de la familia, Gianluigi Gabetti.

Gianni Agnelli murió en enero de 2003, seguido 16 meses más tarde, después de una breve enfermedad, por su hermano menor Umberto. De repente Elkann era el último en pie. Su aprendizaje, que había incluido un verano trabajando de incógnito en una fábrica de faros en Birmingham, Inglaterra, y una gira mundial con la élite del Personal de Auditoría Corporativa de GE, había terminado. "¿Que si estábamos preocupados porque él era demasiado joven en ese momento? Probablemente", dice el miembro de la familia Lupo Rattazzi. "Veníamos de un periodo muy traumático. Heredó un Fiat que estaba esencialmente quebrado. Los retos del futuro eran absolutamente impactantes".

La marca insignia de la familia estaba a la deriva. Dos infusiones de capital importantes no habían podido corregir las cosas. Fiat sufría de una hemorragia de dos millones de dólares al día, la acción estaba cayendo en picada, y los bancos, que poseían más de 3,000 millones de dólares en deuda convertible, estaban acechando.

Aunque el negocio de la dinastía Agnelli siempre ha tenido un jefe de familia, las empresas dentro de ella, como Fiat, a veces habían tenido presidentes ejecutivos externos. Cuando Umberto murió, el presidente ejecutivo de Fiat era un hombre llamado Giuseppe Morchio. Él presionó al Consejo para que lo hicieran presidente también. La mayor parte de la familia creía que Morchio estaba haciendo un buen trabajo en circunstancias difíciles, pero eran reacios a ceder el control total a alguien externo. Temiendo que Morchio pudiera renunciar si no conseguía lo que quería, Elkann viajó a Ginebra para tener una reunión secreta con Marchionne.

Marchionne en ese entonces era presidente ejecutivo de SGS, una empresa suiza controlada por Exor. Había sido nombrado para integrarse al Consejo de Fiat un año y medio antes, pero el hecho es que dirigía una empresa que prueba tostadoras y juguetes para bebés. "Nunca había hecho un coche o un tractor", dice ahora. "Realmente no sabía una mierda".

Comieron en el restaurante favorito de Marchionne en Ginebra, el Windows en el Hotel d'Angleterre, con vistas al lago, y después, cuando la tarde había degenerado en beber grappa y Elkann, quien normalmente no fuma, prendía un cigarro tras otro a la par de Marchionne, pidió humildemente ayuda a Marchionne: Si Morchio iban a renunciar, ¿consideraría Marchionne convertirse en el próximo presidente ejecutivo de Fiat?

"Espero sinceramente que no me necesite", dijo a Elkann.

A las siete de la mañana siguiente, Marchionne dice que recibió una llamada de Gabetti, el consigliere de la familia. "Me dijo: 'Sé que vio al joven la noche'", recuerda Marchionne, "'pero él estaba hablando a nombre de la familia'". Marchionne acordó seguir adelante. Cuando el consejo eligió a un nuevo presidente -al veterano de Fiat (y actual presidente de Ferrari) Luca Cordero di Montezemolo - Morchio renunció, y dos días más tarde, Marchionne asumió el cargo de presidente ejecutivo. Aunque en un principio pocos fuera de la familia tomaron en serio a Marchionne (todavía está furioso por la "mirada condescendiente", que recibió la primera vez que se reunió con el presidente ejecutivo de GM Rick Wagoner), su nombramiento marcó el inicio de una reorganización en Fiat y, finalmente, en Chrysler, y contó como la primera gran victoria del historial de Elkann.

El 24 de enero de 2013, el clan Agnelli se reunió en la Catedral de Turín para una ceremonia para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de Gianni. El presidente de Italia, Giorgio Napolitano, asistió, junto con miembros del gabinete, banqueros, industriales, el embajador de Estados Unidos, lo que parecía ser todo el equipo de fútbol de la Juventus, y siete filas completas de miembros de la familia. Turinenses comunes y corrientes llenaron las bancas y abarrotaron la plaza exterior. El arzobispo de Turín leyó una misiva del Papa.

Elkann se sentó justo en frente -con su esposa, Livinia, sus dos niños (la niña de un año de edad se quedó en casa), y la viuda de Gianni, Marella. El día del funeral, 10 años antes, según recuerdan varios, los cielos de la ciudad habían sido plomizos. La penumbra parecía captar la tristeza de la familia por el fallecimiento de una época y su preocupación por el futuro.

Recompensa

Hoy, apropiadamente, el cielo estaba azul. Aunque los resultados no serán informados hasta dentro de una semana, Elkann ya sabía que Fiat acababa de concluir uno de sus años más exitosos en la historia, gracias completamente a los crecientes beneficios de Chrysler. Las ganancias netas del grupo automotriz en 2012 fueron de 1,860 millones de dólares; sin Chrysler habría perdido 1,380 millones de dólares. "Sentí que era una oportunidad", dice Elkann acerca de la decisión de empezar a comprar a Chrysler en 2009. "Sentía que iba a ser un gran agente de cambio".

Enterrada en los resultados de Fiat, se encuentra nueva evidencia de cuán dramática ha sido la transformación que Elkann ha supervisado a medida que la empresa familiar se inclina cada vez más hacia los mercados mundiales. Hace una década, Italia representaba casi la mitad de las ventas de Fiat y sus marcas filiales, hoy en día representa menos de 10%. Esto se debe en gran parte a la aportación positiva de Chrysler, pero también a las crecientes ventas en Brasil, y el impacto negativo del mercado de automóviles colapsado en Europa. Las ventas de todas las marcas en Italia cayeron el año pasado a niveles vistos por última vez en 1979.

El mismo cambio hacia lo global está teniendo lugar de manera más amplia en Exor: Hace diez años, tres cuartas partes de los ingresos de Exor provenían de Europa, hoy en día representan menos de un tercio. El mayor mercado de Exor ahora es Estados Unidos, seguido por Brasil, Europa y Asia. Es por eso que Exor mide su desempeño contra el MSCI World Index, un punto de referencia al que superó en más de nueve puntos porcentuales en 2012 a medida que su valor de activo neto aumentaba 20.6%, a 10,040 millones de dólares.

Gestionar esa transición ha sido tanto una difícil hazaña política como un desafío de negocio. Fiat no es cualquier otra empresa, es muy cercana al centro de la identidad nacional de Italia. La asistencia pública al servicio del aniversario luctuoso de Gianni fue solo el último recordatorio de eso. Otro de ellos fue la primera vez que los sindicatos se enteraron de que Fiat y Chrysler iban a fusionarse y exigieron una explicación más completa. Marchionne y Elkann fueron llamados a Roma para una reunión con el primer ministro de Italia.

En su apogeo, Fiat empleaba a 300,000 trabajadores de fábricas en Italia, hoy solo quedan 62,000. Esa cifra incluye a 950 trabajadores que recientemente volvió a contratar en Grugliasco para construir la sexta generación del Maserati Quattroporte - parte de la estrategia de Elkann para redistribuir los activos de producción en Italia para fabricar autos de lujo para exportación. "La oportunidad de hacer ese coche, si no estuviéramos presentes en los mercados globales, no sucedería allí", dice Elkann, y va más allá: Si no fuera por esos mercados globales, "la compañía habría estado en bancarrota".

El mes pasado, Exor vendió su considerable participación en SGS a una empresa belga, Groupe Bruxelles Lambert, por 2,600 millones de dólares. La venta convirtió un 20% adicional del valor del activo neto de Exor en efectivo, dejando a la empresa con un fondo de financiamiento de casi 4,000 millones de dólares. La mayoría de los reportes de prensa han especulado que Exor usará el dinero para comprar el resto de Chrysler, pero la compañía tiene más de lo que necesita para ello.

Así que, este es Elkann: un hombre todavía joven, con el apoyo de su clan, sentado sobre un enorme montón de dinero en efectivo en un momento en que los activos de todo el mundo están en riesgo. Es de esperar que haga un gran movimiento pronto -el próximo acto de un drama familiar que ha estado interpretándose en el escenario mundial desde hace más de 100 años-.

Este artículo es de la edición del 22 de julio de 2013 de Fortune.

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