Multa a JPMorgan, ¿riesgo para bancos?

El acuerdo de 13,000 mdd que logró la entidad con EU puede abrir una ola de litigios en Wall Street; las autoridades podrían indagar con más firmeza las prácticas turbias de varias entidades.
chase  (Foto: Getty)
Cyrus Sanati

El supuesto acuerdo de 13,000 millones de dólares (mdd) entre JPMorgan y las autoridades estadounidenses por prácticas de inversión sospechosas sienta un precedente que podría tener consecuencias espantosas para el banco, así como para sus principales rivales.

Al someterse tan completamente, la entidad ha quedado vulnerable no solo a nuevos ataques de varias agencias gubernamentales, sino también a abogados litigantes civiles en busca de venganza en nombre de inversionistas agraviados. El resultado podría ser una orgía de costosos y agotadores litigios que podrían enredar a Wall Street en los años venideros.

"Esto ha abierto una especie de la alcancía", dice la veterana analista bancaria de NAB Research, Nancy Bush. "Estos 13,000 mdd, sin que JPMorgan obtenga mucho a cambio, alentarán al Departamento de Justicia y casi a todos los demás, incluidos abogados de demandantes, para volver, dar otra vuelta y decir: 'Hay más que obtener aquí'".

Aún no está claro qué hizo exactamente JPMorgan que era tan ilegal como para justificar una multa tan alta por parte del Gobierno.

Pero a partir de todos los rumores en Wall Street, parece que el banco tergiversó la calidad de los préstamos que utilizó en la creación de valores respaldados por hipotecas (mortgage-backed securities o MBS) durante los años de auge.

Esos valores fueron posteriormente vendidos a inversores y promocionados a la administración federal como casi libres de riesgo cuando en realidad eran bastante tóxicos.

Exactamente cómo y por qué el banco engañó al Gobierno sigue siendo un misterio. De hecho, la mayor parte del acto ilícito podría no haber sido cometido por JPMorgan, sino por aquellos que trabajaban en Bear Stearns, que JPMorgan irónicamente adquirió en marzo del 2008 a instancias del Gobierno, según una persona cercana al asunto.

El actual jefe del Departamento de Justicia de Estados Unidos, Eric Holder, y su personal, al parecer están buscando utilizar el acuerdo como un molde en una cruzada contra otras entidades financieras que podrían haber participado en tácticas similares durante ese tiempo, de acuerdo con el informante.

Al llegar a un arreglo por una cantidad tan masiva y renunciar a un juicio formal, la entidad que dirige Jamie Dimon no solo ha puesto al resto de la industria bancaria en riesgo de nuevos ataques por parte del Gobierno, también ha elevado el listón en términos de posibles multas hacia los grandes bancos.

Al parecer, cualquier dinero que las entidades financieras hayan hecho de manera fraudulenta hasta hace 10 años parece estar en juego aquí.

JPMorgan no fue el único jugador en el mercado de MBS durante esos años.De hecho, junto con los dos bancos que adquirió durante la crisis, Bear Stearns y Washington Mutual, tenía mucha competencia, incluyendo, pero no limitada, a firmas como Bank of America, Royal Bank of Scotland, Barclays, Wells Fargo, UBS, Credit Suisse y Goldman Sachs. Todos empaquetaron préstamos en valores respaldados por hipotecas que eventualmente explotaron. Los vendieron a sus propios inversionistas, así como al Gobierno, y de ida y vuelta entre ellos mismos.

Cuando la música se detuvo a finales de 2007, algunos bancos quedaron atrapados manteniendo más valores tóxicos que otros. Dos de los bancos que lograron salir relativamente ilesos del desastre de MBS fueron JPM y Goldman Sachs. En los meses posteriores a la crisis, la administración federal y los medios de comunicación derramaron elogios sobre los bancos por eludir la mayor parte de los activos tóxicos que provocaron la caída de sus rivales.

Ahora parece que entre más "inteligente" fue el banco y su presidente ejecutivo, más probable es que haya participado en actos ilícitos. De hecho, Goldman se encontró en el centro de una tormenta gubernamental no hace mucho tiempo por conspirar con un fondo de cobertura para crear vehículos de inversión rellenos con MBS basura, que posteriormente vendieron a sus propios clientes.

El banco que lidera Lloyd Blankfein terminó pagando una multa de 550 mdd por el caso, que, en su momento, pareció una cifra increíblemente alta por ser descubierto haciendo actos indebidos en Wall Street.

El nivel de astucia por parte de Goldman aparentemente resultó totalmente inaceptable para el Gobierno. Eso podría significar que queda mucha más carne por roer para los fiscales federales, así como para los abogados demandantes en busca de reparación de daños civiles en relación con otros negocios turbios que esta entidad diseñó durante los días de auge.

BofA y Wells, en la mira

Pero los bancos que definitivamente deben estar preocupados en este momento son los que ya están en la mira de la administración de Barack Obama: Bank of America y Wells Fargo. En agosto, el Gobierno acusó a BofA de fraude civil por no revelar los riesgos en relación con 850 mdd en MBS que vendió en 2008.

La demanda fue introducida a nombre de los inversores, que la administración federal afirma que perdieron más de 100 mdd.

Si el Departamento de Justicia hunde sus colmillos en la compañía que dirige Brian T. Moynihan, de la misma manera en que lo ha hecho en JPMorgan, podría producirse una verdadera sangría. Después de todo, no es solo de BofA de quien estamos hablando aquí, sino también de los prestamistas hipotecarios y de los bancos que adquirió durante la crisis, sobre todo Countrywide y Merrill Lynch. Ambas empresas básicamente se derrumbaron debido a su participación en el caos de las hipotecas, Countrywide fue el ejemplo más destacado de los prestamistas hipotecarios con negocios turbios y Merrill era considerado un capo del comercio de los MBS.

En total, Bank of America y sus malos hijastros vendieron alrededor de 57,000 mdd en valores cuestionables para el Gobierno. Eso es casi el doble de los 33,000 mdd que JPMorgan al parecer vendió a la administración. Con base en esos números, no es difícil darse cuenta de que BofA podría estar en problemas mucho más grandes que la firma que opera Jamie Dimon.

Wells Fargo parece estar en un lío similar. Fiscales federales de Nueva York han acusado al banco de tergiversar intencionadamente la calidad de las hipotecas que suscribió durante el auge con el fin de obtener un seguro de vivienda federal.

Pero en lugar de someterse como JPMorgan, Wells Fargo ha combatido durante los últimos dos años el caso del Gobierno, alegando que no hizo nada malo. A principios de este mes, un juez rechazó un intento por parte de la entidad para desestimar la demanda, lo cual ha preparado el escenario para una desagradable batalla legal.

Algunos pueden creer que JPMorgan y su presidente ejecutivo hicieron lo más inteligente al no luchar y llegar a un acuerdo con la administración fuera de los tribunales. Puede ser agotador luchar contra el Gobierno día tras día. Pero la negativa a luchar en este caso coloca una gran señal de culpable sobre el resto de la industria y coloca un blanco en sus traseros.

La firma de Dimon puede pensar que se ha ahorrado mucho dolor aquí, pero de hecho es posible que haya desatado una cadena de eventos que podrían conducir a una nueva ola de grandes quiebras bancarias.

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