Silicon Valley atrae dinero y políticos

La capital tecnológica se ha convertido en parada obligada en las visitas de los líderes mundiales; las firmas que ahí radican son una promesa de inversión y empleos para sus países.
sillicon  (Foto: Getty)
Verne Kopytoff

Los líderes extranjeros que visitan Estados Unidos pueden llenar sus itinerarios con una larga lista de destinos fabulosos para realizar diplomacia internacional. Las pintorescas montañas, las cálidas playas y una cierta ciudad que nunca duerme parecerían los principales contendientes.

Sin embargo, los presidentes y primeros ministros de todo el mundo están acudiendo masivamente a Silicon Valley, la tierra de los parques de oficinas y la expansión suburbana. Conocer a los altos ejecutivos de Google, Facebook y Apple resulta ser casi tan importante como las reuniones y las oportunidades de ser fotografiados en Washington, DC.

La semana pasada, el presidente francés, François Hollande, se convirtió en la última de estas figuras en peregrinar a la capital tecnológica del mundo. En los últimos años, los líderes de Israel, Irlanda, Nueva Zelanda, Turquía, Rusia, Países Bajos, Lituania y Malasia también la han visitado. Su interés refleja la creciente fuerza de las empresas de Silicon Valley y los capitalistas de riesgo, con quienes los jefes de Estado están tratando de congraciarse con la esperanza de atraer a empresas, inversión y cualquier distinción política que provenga de promover la innovación.

“Están buscando empleos”, dijo un exrector de la Universidad de Stanford que ha acompañado a varias delegaciones extranjeras en Silicon Valley a través de los años, William Miller. “Ellos también tienen la idea de que una gran empresa -ya sea Intel o Google- podría ubicarse ahí (en sus países de origen) y convertirse en un imán para las demás”.

Durante su breve visita, Hollande se reunió con decenas de altos ejecutivos de Silicon Valley. Un almuerzo privado incluyó al presidente de Google, Eric Schmidt; la directora de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg; y el cofundador de Twitter, Jack Dorsey. Además, Hollande abrió una nueva incubadora de tecnología en San Francisco para nuevas empresas francesas, las cuales no están teniendo mucho éxito en su país.

Las incubadoras enfocadas en un solo país, las cuales a menudo son patrocinadas por gobiernos extranjeros, se han convertido rápidamente en un elemento habitual de Silicon Valley. Israel, Irlanda, Dinamarca, Alemania y Australia se encuentran entre aquellos con puestos de avanzada que respaldan a empresas jóvenes y les ayudan a tener acceso a inversores y socios estadounidenses.

La estrategia seguida por los líderes extranjeros está bien establecida. Baja del avión en San Francisco, realiza algunos eventos para destacar tu entusiasmo por todas las cosas relacionadas con la tecnología; luego, mézclate con algunos ejecutivos tecnológicos de renombre durante un almuerzo gourmet o en una reunión en el ayuntamiento.

Cambiar el mundo desde EU

En 2012, el presidente de Israel, Shimon Peres, hizo el viaje a la sede de Facebook en una gira de cuatro días por Silicon Valley para promover emprendimientos israelíes. Durante una entrevista sobre el escenario con Sandberg, se describió a sí mismo como un fanático de las redes sociales. La gente puede usarlas, dijo, para eludir a los gobiernos y lograr la paz por su cuenta; a pesar de que la paz en Medio Oriente parece ser tan esquiva ahora como siempre lo ha sido.

El año pasado, el primer ministro de Haití, Laurent Lamothe, hizo un raro triplete al visitar la sede de Facebook, Google y Apple en un solo viaje a Estados Unidos. Fue una oportunidad para pedir a las adineradas empresas de tecnología que ayudaran con empleos y ayuda a su empobrecido país, que se estaba recuperando de un terremoto devastador. Las empresas donaron servidores gratuitos y algunas herramientas premium en línea. Pero pocos haitianos tienen conexiones a Internet en sus hogares, y las promesas de ayuda fueron pequeñas en comparación con el sinnúmero de problemas del país.

Al igual que muchos jefes de estado que visitan Silicon Valley, Hollande estaba tratando de enviar un mensaje en casa de que él apoya la innovación y de está trabajando para convertir a Francia en una “república de emprendimientos”. Sin embargo, muchos empresarios franceses lo acusan de afectarlos con una nueva ley que establece una tasa impositiva máxima del 75%.

Tras evitar el tema de los impuestos en sus comentarios en público, Hollande colocó una alfombra de bienvenida para la inversión estadounidense en las empresas francesas. De toda la inversión estadounidense en empresas francesas, un tercio proviene de California, señaló.

“En California, quieres cambiar el mundo, y es una hermosa misión; una misión muy ambiciosa, pero es una que realmente entendemos porque tenemos la misma visión”, dijo en un discurso en San Francisco City Hall. “Durante siglos, Francia quiso cambiar el mundo, y juntos podemos cambiarlo. Podemos cambiar la manera en que la consumimos y producimos; la manera de lidiar con la salud o la tecnología con el fin de hacer que el mundo sea un lugar mejor”.

El lado oscuro

Por lo general, los líderes extranjeros se mantienen alejados de las diferencias que tienen con las empresas de tecnología que están cortejando. Después de todo, no hay necesidad de exacerbar las tensiones en cuestiones como privacidad, derechos humanos y reglamentos.

El Gobierno de Hollande está investigando si empresas de tecnología como Google, Facebook y LinkedIn evadieron ilegalmente el pago de impuestos. Por otra parte, Francia castigó recientemente a Google por violaciones de privacidad al exigirle la publicación de un vergonzoso aviso sobre sus fechorías en su página de inicio durante 48 horas.

Google no respondió a solicitudes de comentarios sobre la visita de Hollande o sobre su Gobierno, o sobre las investigaciones en su contra. Facebook solo dio una vaga declaración en este sentido: “Trabajemos todos juntos”.

“Dimos la bienvenida a la oportunidad de reunirnos con el presidente Hollande y con algunos miembros de su Gobierno para una discusión abierta acerca de Francia, y su papel en el fomento de la innovación y la atracción de inversión extranjera”, dijo la red social que recientemente adquirió WhatsApp.

Fenómeno con precedentes

El fenómeno de líderes extranjeros que acuden en masa a Silicon Valley no es totalmente nuevo. Otro presidente francés, François Mitterand, realizó una gira a Silicon Valley en 1984, durante la cual su esposa Danielle acribilló a Steve Jobs con preguntas incómodas sobre el bienestar de los trabajadores como pago de horas extras y vacaciones, en lugar de hablar sobre tecnología, de acuerdo con la biografía de Jobs de 2011, escrita por Walter Isaacson.

Antes del ascenso de Silicon Valley, los líderes extranjeros visitaban fábricas en la zona del Rust Belt. Ahora, es la misma idea, solo que es una industria en crecimiento distinta.

Los líderes de Silicon Valley corresponden a parte de la atención que reciben. Cuando van al extranjero, a menudo encuentran una cálida recepción. El presidente ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, se reunió con el primer ministro, Shinzo Abe, durante un viaje a Japón en 2012. Y el año pasado, tanto él como la directora de operaciones, Sheryl Sandberg, se reunieron con el presidente de Corea del Sur, Park Geun-hye.

Las reuniones no siempre son llamadas de cortesía. En algunos casos se realizan verdaderos negocios y diplomacia. El año pasado, en una reunión conjunta en París con Hollande, Schmidt de Google firmó un acuerdo en el que la empresa se comprometió a pagar 80 millones de dólares para ayudar a las firmas de medios de comunicación franceses a construir su presencia en línea. El acuerdo resolvió una disputa en la que los medios franceses acusaron a Google de robar su contenido, mostrando fragmentos de su obra en los resultados de búsqueda.

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¿Qué hacen a cambio los líderes de Silicon Valley? Mucho. Los amigos en las altas esferas solo pueden ayudar cuando llega el momento de que sus gobiernos redacten proyectos de legislación sobre la propiedad intelectual, inmigración, y licencias, por ejemplo. Lo negocios reales son pocos y distantes entre sí, por lo menos en el corto plazo. Pero las reuniones a veces consiguen echar a andar las cosas.

“Hay una sensación de que si al resto del mundo le está yendo mejor, a nosotros nos irá mejor”, dijo Miller, el exrector de Stanford, acerca del pensamiento de los CEO. “No es una competencia, sino cooperación. La innovación de productos ya no se produce en un solo lugar”.

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