El negocio de la infidelidad

La tecnología permitió la aparición de negocios que ayudan a quienes engañan a sus parejas; sus fundadores dicen no sentirse culpables por un negocio cada vez más boyante.
infidelidad  (Foto: Especial)
Amy Serafin

En la primavera, mientras el presidente de Francia, François Hollande estaba en el huracán por su affaire, una investigación del Pew Research Centre encontró que 47% de los ciudadanos franceses considera el adulterio moralmente inaceptable. Incluso si algunos franceses tienen algo de fama por ello, no significa que les guste ser sorprendidos. Los dispositivos móviles e Internet (y los paparazzis armados con ambos) hacen más sencillo sorprender a un cónyuge malportado, sin embargo, también la tecnología ayuda a quienes engañan a cubrirse. Una rápida búsqueda en Google revela que hay una industria para ello en Francia.

Un detective llamado Gérard (cuyo apellido se omite para efectos de esta historia) comenzó con uno de estos negocios en 2005 al darse cuenta de que “quienes engañan necesitan espacio para ser libres”. Ahora juega en ambos lados de la cancha al seguir a los cónyuges de quienes se sospecha y proveerles a quienes engañan algunas excusas a través de su sitio de Internet. Afirma no haber tenido jamás un conflicto de interés.

Los clientes adúlteros le piden varios documentos falsos, desde boletos de avión hasta programas para convenciones imaginarias. Su secretaria crea los papeles en la computadora y por una tarifa extra envía una llamada telefónica o un mensaje. Gérard también sugiere escenarios enteros para los clientes que tienen pocas ideas.

Por ejemplo, un “evento” de fin de semana del trabajo cuesta 39 euros. Cada elemento adicional –una confirmación por correo electrónico o un recibo del restaurante donde se supone está la persona- cuesta 39 euros más, “La cifra puede aumentar rápidamente”, dice Gérard. Pese a que las infidelidades son a prueba de recesiones, parece que esconderse no lo es. “Hace unos años, los clientes pagaban hasta 500 euros”, afirma. “Ahora cuando les digo que cada documento cuesta 39 euros, dicen ‘oh la lá’, pero ese es el precio”.

En 10 años ha otorgado estos documentos a más de 2,000 personas. Sorprendemente, afirma que el 70% de sus clientes son mujeres, quienes además usan sus servicios de una forma distinta a los caballeros. “Los hombres vienen a buscarme para explicar dónde estuvieron el fin de semana pasado. Las mujeres planean. Dicen cosas como ‘En dos semanas estaré tres días con mi amante y tienes que encontrarme una buena excusa’”.

Desde que Gérard comenzó, otros han entrado al mercado, que requiere un poco más que una computadora y algunas habilidades de diseño. Sébastien, quien vive cerca de la región de Clermont-Ferrand, comenzó su negocio en línea tras encontrar el concepto a través de la televisión. “Estaba desempleado y necesitaba trabajar, así que me dije ¿y esto por qué no?”, afirma. Abrió su sitio mientras estudiaba para proveer servicios de cuidado de niños y ahora divide su tiempo entre ambos negocios, se encarga de los menores hasta las 6 de la tarde y después al negocio de la infidelidad. Su clientela la componen ligeramente más hombres que mujeres y sus ingresos fluctúan en cerca de 800 euros al mes en invierno y casi el doble en verano, cuando algunos franceses toman largas vacaciones del trabajo y, evidentemente, de la vida marital.

Sébastien está casado y tiene cuatro hijos pero no siente culpa por los servicios que provee, diciendo que habría menos divorcios si la gente fuera descubierta menos seguido. “Antes de que estas agencias aparecieran, la gente que engañaba se ponía a pensar maneras de hacerlo, generalmente pidiendo a sus amigos que los cubrieran. Estamos trayendo algo de profesionalismo al proceso”.

Existen otras opciones para quienes tienen un menor presupuesto. Una app llamada SOS Alibi, que ha sido descargada 120,000 veces desde que salió al mercado en 2011. Los usuarios pueden programar la app para que haya un mensaje de texto o una llamada en una fecha determinada, para que parezca que están llamando amigos o colegas.

El servicio es gratis, generalmente ofrecido como complemento a un sitio para relaciones extramaritales llamado Infideles.com, de la compañía Neteden. Damien Poulain, jefe de operaciones de la empresa, dice que el sitio ha crecido de forma exponencial, con 600,000 suscriptores desde que se estrenó hace tres años, y ahora dice que es el tercero más grande después de Ashley Madison y Gleeden (los dos fundados también por franceses). Poulain también cree que estos sitios no animan flamas que seguramente ya están ardiendo. “¿Existe más infidelidad desde que aparecieron los sitios?, pregunta. “No lo creo, Internet está ahí para crear los servicios que la gente necesita. Nosotros no creamos el comportamiento.

Neteden planea hacer algunos cambios para mejorar sus productos para adúlteros: camuflagear su ícono, modificar el nombre del sitio por algo menos obvio, etcétera. En la página, están añadiendo un calendario para que los suscriptores sepan en qué días y horas estrán disponibles. Planean incluir sugerencias de actividades para las parejas como clases de cocina o visitas al museo. “Los sitios extramaritales llevan a otro nivel el flirteo”, dice Poulain. “No sólo porque dos personas sean infieles puedes ponerlos frente a frente e irán a la cama juntos. Necesitas que se conozcan un poco para generar deseo”, afirma.

A medida de que cada nuevo concepto avanza, existe también otra batalla. Mientras el caballero busca que no le descubran, la dama puede encontrar varios sitios para ver si su pareja le es fiel como “Tester-sa-fidelité”. Una mujer francesa llamada Shana comenzó el servicio y ahora contrata a 40 empleados de mediotiempo para vigilar a los sospechosos por teléfono, Internet o en persona. Por 290 euros, enviará a un “tentador” o “tentadora” en el camino del cónyuge para iniciar una conversación, coquetear y ver si el sospechoso atrapa el anzuelo.

¿Cuántos fallan? “Muchos”, dice Shana. “La gente que usa nuestros servicios generalmente tiene buenas razones para dudar de sus parejas”. Sin embargo, se apresura a señalar que no son trampas, ya que quienes seducen no son vulgares o no proponen sexo. “Es sólo una manera de tener respuestas”, explica. “Generalmente nos damos cuenta que no conocemos a las personas con quienes llevamos viviendo años”.

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