Fiat debe aprender de la historia

El CEO de la firma italiana intenta crear un imperio automotriz sumando a Chrysler y a Opel; pero las lecciones del pasado muestran lo difícil que le será concretar sus ambiciones.
Fiat-automotriz-AP  (Foto: CNN)
Alex Taylor III
NUEVA YORK -

Mientras Chrysler se afana por salir de la bancarrota, su ángel guardián ha sido Sergio Marchionne, de Fiat, que está listo para arriesgar su reputación como presidente ejecutivo de la compañía reorganizada.
Al mezclar el conocimiento de coches pequeños de Fiat con las pickups y minivans de Chrysler, Marchionne espera levantar a su automotriz italiana a una gran categoría de peso y darle a Chrysler una oportunidad de sobrevivir.
Pero la ambición de Marchionne no termina ahí. Ahora leemos que está moviéndose por Opel, de General Motors, para crear un trineo de tres. "Son nuestro socio ideal", se cita que dijo (en un periódico italiano propiedad de Fiat, ha de notarse).
Bueno, nos alegramos de la amibición y oportunismo de Marchionne. No hay momento como el fondo de una recesión automotriz para comprar activos abajo de su precio (Nótese el uso de "abajo de su precio" y no "abajo de su valor". Las compañías que se ven valiosas al inicio de una baja económica frecuentemente se ven menos valiosas al acabar ésta).
Pero si estudia la historia, recordará que otros presidentes ejecutivos amibiciosos han transitado por ese camino antes, sólo para encontrar que lo que se veía bien en papel resultó ser mucho menos agradable en acero y concreto.
Lee Iacocca, el antiguo presidente ejecutivo de Chrysler, solía soñar con unir Volkswagen (o Fiat o Renault) con Mitsubishi, de Japón. El y el presidente del consejo de Fiat Gianni Agnelli eran particularmente cercanos, pero nunca salió nada de sus ideas. Iacocca tenía las manos llenas con sólo mantener a Chrysler en un curso estable.
Jac Nasser, antiguo presidente ejecutivo de Ford, hizo una serie de adquisiciones en 1999 y 2000. La familia Ford lo desalentó de hacer una oferta por Nissan, pero tuvo éxito en adquirir Volvo y Land Rover. Sin embargo Nasser nunca articuló una estrategia a gran escala como base para las adquisiciones, y Ford, habiendo vendido Land Rover a Tata, de India, ahora está tratando de deshacerse de Volvo.
El último jefe automotriz cuyo alcance sobrepasó a su capacidad fue Jurgen Schrempp de Daimler-Benz. Schrempp compró Chrysler en 1998 después de una famosa reunión de 17 minutos con Bob Eaton, presidente del consejo de Chrysler, y luego adquirió 33.4% de Mitsubishi en 2000 y una participación menor en Hyundai, de Korea.
Schrempp quería crear una Welt AG (corporación global), pero cuatro de las cinco patas de su silla se volvieron inestables y fue obligado a retirarse en 2006.
¿Tendrá mejor suerte Marchionne? Las probabilidades no están de su lado.
Primero, las compañías automotrices son negocios complejos, intensivos en activos, y con un largo tiempo de realización. Podría tomar una década sincronizar los programas de productos de dos o tres compañías para lograr las economías de escala necesarias.
Además, Opel no es exactamente una compra de primera línea. Las compañías automotrices europeas y estadounidenses representan al viejo orden, y ni Fiat, ni Chrysler, ni Opel están en óptima condición de pugna. Los nuevos prodigios en el mundo automotriz están en Japón, Corea, y China. Además, los pronósticos varían, pero regresar los volúmenes de coches en el mundo occidental a donde estaban hace unos años podría tomar mucho tiempo.
Para concluir, están los inevitables choques culturales. A pesar de las mejores intenciones de todos, una mezcla de Italia, Alemania, y Detroit del Medio Oeste no parece prometedora ni bajo las mejores circunstancias.
Si quiere consejos, Marchionne siempre le podría hablar a Iacocca, Nasser, o Schrempp. Y si falla en su búsqueda, al menos estará bien acompañado.

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