El gigante responsable de Nueva York

The One Bryan Park es el segundo rascacielos más alto de la ran Manzana; y también el primero en Estados Unidos en la carrera hacia el edificio más amigable con el ambiente.
One Bryant Park  (Foto: Cook + Fox Architects LLP)
Marcos G. Betanzos Correa

A inicios de 2008 Obras se reunió, en pleno corazón de Manhattan, con los connotados arquitectos Richard Cook y Robert Fox. Ahí nos contaron cómo convertirían a uno más de los rascacielos neoyorquinos en un verdadero paradigma de la construcción vertical.

Sólo tuvimos algunos instantes para escuchar parte de la historia de esta obra y subir rápidamente a una estructura incipiente que a simple vista parecía común: el ruido, los obreros, las máquinas en pleno y una tensión constante.

Afuera todo parecía ir en calma. La Avenida de Las Américas (6th Avenue), vialidad principal que limita el predio entre las calles 42 y 43 al Este de la Gran Manzana, se mostraba indiferente a la construcción de otro rascacielos, el segundo más alto en toda la isla con 365.8 metros, después del Empire State Building (381 m). En ese momento se concluía el colado de la losa del piso 47.

Modestos inicios
La complejidad estaba a la vista; los arquitectos Fox y Cook hablaban de planes, objetivos semanales y estrategias. Nunca se mencionaron premios, certificaciones o reconocimientos. Quizás estaban seguros que estos tarde o temprano llegarían, o tal vez era que de verdad no les preocupaba.

Lo cierto es que ya en 2005, durante la celebración de Global Warming Solutions, el proyecto fue galardonado con el Climate Champion Award, por representar un motor de influencia sobre los nuevos proyectos urbanos que buscan generar sociedades fuertes y saludables a nivel ambiental. Pero eso tampoco fue mencionado.

Estaban conscientes de que esta gran encomienda no hubiera sido posible sin la responsabilidad ecológica que pregonan Douglas y Jody Durst, dueños de la Durst Organization, quienes han comenzado a desarrollar proyectos sustentables como el Condé Nast Building terminado en 2000 y en la cual participó Robert Fox.

Cook enfatiza una idea que lo ha perseguido desde que inició este proyecto. “Es curioso que un edificio con tanta tecnología inicie como cualquier otra obra: una hoja en blanco manipulada por el arquitecto. Conservo mis primeros croquis y puedo ver que parte de ellos está en lo que hoy se está construyendo, es un inicio común para una obra muy diferente. ¿Por qué clasificarla así? Bueno, simplemente porque el reto principal no era diseñar un edificio y luego ver cómo podía hacerse sustentable; consistía en transformar el método de construcción reduciendo todo, desde el uso del transporte para los suministros, hasta el consumo energético y el gasto de recursos naturales”.

Puntos y dólares
The Bank of America Tower cuenta con un sinnúmero de sistemas sofisticados que ya lo posicionan como la única candidata real a la certificación LEED Platinum en su país. Sin pretender ser certificado, al final del proyecto ejecutivo uno de los clientes solicitó una revisión a los puntos del United States Green Building Council (USGBC) y encontraron la cantidad necesaria para comenzar su legitimación para tal categoría.

Un costo aproximado de 1,000 millones de dólares y una confianza ilimitada en relación al análisis costo-beneficio permitió su construcción.

Vale la pena señalar que esta sede es 60% más costosa que un edificio de igual escala sin los principios de construcción verde. El beneficio parece favorable: desde su inicio en 2004 a la fecha las tarifas por suministro de agua y energía eléctrica en la ciudad han aumentado 40% y siguen incrementándose, por lo que gracias al diseño especialmente dirigido a este fin, el ahorro anual se espera supere el millón de dólares por este concepto.

Desde el hoyo
Volviendo hacia atrás se recuerda que la cercanía extrema de la estación 42nd Street del subterráneo restringió el uso de explosivos para comenzar la excavación, por lo que fue necesario utilizar palas mecánicas las cuales consumieron poco más de 12 meses para extraer los 198,000 m3 de material rocoso que ahí se encontraban.
Al llegar a los 30 m que los estudios de mecánica de suelo habían determinado como ubicación del nivel de estrato de desplante, comenzó el tapial de la excavación para formar un cajón de concreto con casi 50 cm de espesor y una superficie de 60 m de ancho por 140 m de largo.

A partir de este punto la planta estructural siguió una retícula ortogonal de columnas de acero que, debido al diseño seccionado de la torre, se interrumpen de forma aleatoria en diversos niveles al llegar a las vigas perimetrales de las losas de entrepiso, realizadas bajo el sistema de losacero.

Núcleo vital
La columna vertebral de toda la torre está ubicada al Oriente del terreno —la fachada más cercana a la Sexta Avenida—, donde se localizan 32 elevadores principales; ocho ductos de instalaciones; dos escaleras de emergencia y tres montacargas.

Los accesos en las calles que confinan el predio fueron remetidos para generar 30% más de espacio público e incorporar mobiliario urbano, un elevador y dos escaleras para la estación del subterráneo. Pero en este nivel lo que más destaca es el jardín a cubierto localizado en la esquina de la calle 43, con lo que se pretende entablar un mejor diálogo con el parque ubicado en contra esquina, el cual rinde homenaje al poeta William Cullen Bryant (1794-1878) y a la materialidad traslúcida del desaparecido Crystal Palace de Nueva York, obra de Carstensen y Gildemeister.

Fortalezas y ligerezas
A decir de los ingenieros de Severud Associates, el cumplir con las expectativas formales requirió resolver la estructura y lograr una imagen etérea. Los marcos estructurales fueron confinados por vigas inclinadas que, al mismo tiempo, dan soporte a la fachada, compuesta por 8,600 paneles de cristal serigrafiado que permiten el paso de la luz pero no de su temperatura. El diseño de la cancelería fue sometido a pruebas en el Construction Research Laboratory, de Miami. Ahí fueron simuladas lluvias torrenciales para verificar que la pared de cristal fuera totalmente hermética. Ésta acusó un flambeo máximo de 6 mm, en otro ensaye donde se generaron rachas de viento a 80 km/h, mediante un turbopropulsor. Cada uno de estos paneles tiene 4.5 x 6 m de altura (el promedio resultante entre pisos) y un peso de 453 kg.

La solución estructural garantizó la conservación del histórico teatro Henry Miller, ubicado en el extremo Poniente.

El teatro fue sometido a una remodelación integral para aumentar a 1,000 butacas la capacidad de la sala principal; instalar un nuevo sistema acústico, 20 estaciones para sillas de ruedas, una plataforma para la orquesta, la nueva maquinaria teatral, y rediseñar su vestíbulo oval y las taquillas.

Hecho con todo
La estructura resultó ser mucho más que un soporte físico; es uno de los principales factores de sustentabilidad: 60% de la composición final proviene de material reciclado de automóviles, cocinas, y electrodomésticos que una planta recolectora de chatarra procesó hasta conseguir la aleación solicitada.

La escoria resultante se convirtió en el agregado principal del concreto, que en esta mezcla representó más del 45% de los agregados. Con esto —afirma Cook— fue reducida la emisión total de carbono durante la producción del concreto; además, “la resistencia a compresión aumentó en un 25% al utilizar la escoria de alto horno”.

Los camiones que transportaron la estructura de acero arribaban diariamente a la obra antes de las cinco de la mañana, suministrando cada uno hasta 36 toneladas del material proveniente de la planta, que al igual que las de todos los materiales e insumos con los que se construyó provenían de un radio de no más de 800 km.
Para los arquitectos esto representó establecer una estricta norma para que cada uno de los contratistas adquiriera o especificara productos que en su fabricación, traslado, instalación y uso emitiera el menor número de sustancias tóxicas durante la vida útil de la construcción. Todos la acataron.

SUSTENTABLE, con mayúsculas
El proyecto responde para aprovechar al máximo la ventilación natural, logrando un efecto chimenea. El aire fresco penetra a través del doble acristalamiento de la fachada y circula bajo cada nivel, donde las partículas suspendidas son filtradas hasta 95% y llegan al centro de la torre. Al encontrarse con las masas térmicas de las losas, el aire caliente es despedido por las rejillas ubicadas en los pisos superiores.

Gracias a lo anterior, se reduce hasta en 50% el consumo energético del sistema de aire acondicionado. Éste es alimentado desde 24 metros bajo el nivel de calle por 44 tanques de enfriamiento, cada uno con capacidad de 7,770 L.

Durante la noche, esos depósitos producen en conjunto 227 ton de hielo, que se descongela gradualmente en el día para regular la temperatura de cada nivel por medio de serpentines radiales bajo piso.

La ventilación pasiva no es la única fuente natural de la cual este coloso hace uso: cinco tanques ubicados en los niveles 50, 36, 23, 12 y el sótano, recolectan agua de lluvia y aguas grises para ser utilizadas nuevamente en los servicios o el mantenimiento de cuatro techos verdes que reducen el efecto de ‘isla de calor’. Con ello se ahorra un promedio de 40,000 m3 cada año.

Una clara visión
Cook espera que sean más los arquitectos, promotores y desarrolladores que se sumen a la lógica de las construcciones sustentables. Para él, basta sondear el comportamiento térmico de un edificio para entender su impacto en el medio ambiente.

También reconoce que implica mayor inversión resolverlo de manera integral, pero cree que el simple hecho de incorporar zonas verdes y estrategias pasivas de aprovechamiento climático puede ser imitado y no requiere más que la voluntad creativa del arquitecto.

“Afortunadamente estamos viviendo un momento de transformación en el que cada vez más usuarios exigen edificios que sean totalmente saludables. El mercado ha comenzado a ofertar este tipo de proyectos y en algunos casos los gobiernos locales han comenzado a dar estímulos fiscales para su realización. El futuro parece optimista ante estas acciones”, concluye Cook.

La obra en datos
Los realizadores Cook + Fox Architects se consolida como una firma de alcance internacional en 2003, al asociarse los arquitectos Robert Fox, fundador de Fox & Fowle Architects, y Richard Cook, ex director de Richard Cook & Associates.

Ambos comparten hace más de una década la firme preocupación por fusionar un diseño innovador sustentable con respuestas precisas al contexto urbano, haciendo uso de la más alta tecnología y un meticuloso proceso creativo.

Para esta firma, el equilibrio de estética, eficiencia y cooperación es el elemento principal en el diseño de cada edificio y provoca un diálogo constante con los clientes, desarrolladores, contratistas, ingenieros y colaboradores: “Intentamos mantener juntos a todos los involucrados para conciliar la arquitectura con los retos de ingeniería”.

Ficha técnica

Nombre de la obra

 

The Bank of America Tower at One Bryant Park.

Arquitectura
Cook+Fox Architects, LLP, New York.
Desarrolladores
Durst Organization y Bank of America.
Construcción
Tishman Construction Corporation.
Ingeniería mecánica
Jaros, Baum & Bolles (instalaciones especiales).
Ingeniería estructural
Severud Associates.
Ingeniería geotécnica
Mueser Rutledge Consulting Engineers.
Consultor de estrategias ecológicas Steven Winter Associates.
Laboratorio de pruebas Construction Research Laboratory.
Diseño solar y fotovoltaico Solar Design Associates, Inc.
Asesor y diseño eólico
altPower.
Periodo de construcción
2004-2009.
Inversión 1,000 millones de dólares.
Visite:
www.cookplusfox.com
www.bankofamerica.com
www.tishmanconstruction.com
www.swinter.com
www.usgbc.org
www.solardesign.com
 

 

 

 

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