Félix Candela: un reconocimiento

Antonio Toca cree paradójico que no se reconozca a Candela como un gran arquitecto del siglo XX.
Antonio Toca Fernández. Arquitecto e investigador de temas d  (Foto: Obras)
Antonio Toca*
CIUDAD DE MÉXICO -

Uno de los más graves defectos en cualquier cultura es no reconocer el talento de sus creadores. En México se ha sobrevalorado a unos cuantos y se ha ignorado a muchos, como a Félix Candela (1910-1997).

Candela nació y se educó en España. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y en la Academia de San Fernando, en Madrid. Eduardo Torroja lo recomendó para un posgrado en Alemania, al que fue aceptado, pero al estallar la Guerra Civil se enroló en el ejército republicano, por lo que luego tuvo que emigrar a México, en 1939.

Así inició una segunda etapa, la más creativa como arquitecto, constructor e ingeniero. Ya nacionalizado mexicano, en 1950 fundó Cubiertas Ala, una constructora que realizó más de 300 obras, con una extraordinaria tecnología que permitía cubrir grandes claros, con ligeras cáscaras de concreto armado.

Entre sus obras están el pabellón de rayos cósmicos de la UNAM (1951); la iglesia de la Virgen Milagrosa (1953); los mercados Anáhuac, Azcapotzalco, Coyoacán, Jamaica, Lagunilla y Tepito; la escuela de danza en Chapultepec (1956); el restaurante Los Manantiales  (1957); la capilla en Santa Mónica (1960); las estaciones de San Lázaro, Candelaria y Merced del metro (1968); las bodegas de Bacardí en Cuautitlán (1960); las plantas de Cervecería Moctezuma en Orizaba, DF y Monterrey (1965-71), el Palacio de los Deportes (1968) y L'Oceanogràfic, en Valencia (1997).

Candela se desempeñó como profesor en la UNAM (1963-1970) y en las universidades de Harvard (1961-62), Virginia (1966), Cornell (1969-74), Illinois (1971-78) y Ledds (1974-75). Sus conferencias en el MIT (1954), Columbia, San Luis (1955) y Yale (1960) le acercaron a los principales arquitectos estadounidenses, como Marcel Breuer, Richard Neutra, I. M. Pei, Paul Rudolph y, muy especialmente, a Eero Saarinen, cuya terminal para la TWA (1963) fue influenciada por Candela. 

Además, se realizaron exposiciones sobre su obra en Los Ángeles (1957) y en los museos de Arte Moderno de Dallas (1962) y Houston (1964). En 1961, Candela recibió el primer premio Auguste Perret de la UIA.

Para 1963 ya era el arquitecto mexicano más reconocido internacionalmente. Incluso se publicó una monografía sobre su obra en Nueva York (Candela: The Shell Builder). Sin embargo, en México sólo era visto como ingeniero, o como modesto colaborador, en obras que claramente fueron creaciones suyas.

Por eso tuvo que emigrar a Chicago, donde trabajó el último tercio de su vida como consultor, profesor y conferencista. Incluso, su influencia se puede ver en la obra de Santiago Calatrava, que tuvo contacto con él en esa etapa. Murió en Carolina del Norte, en 1997.

Ante la sorprendente cantidad y calidad de su obra, resulta paradójico que aún no se le considere en México como uno de los grandes arquitectos del siglo XX. Por eso, para la cultura mexicana es necesario reconocer la aportación de Candela y realizar un catálogo actualizado de sus trabajos, para conocerlos y protegerlos.

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 *Arquitecto e investigador  de temas de urbanismo

toca.antonio@gmail.com

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