Los segundos pisos quedaron en el pasado

Al menos siete vialidades elevadas de EE.UU. desaparecerán, de acuerdo con Celina Yamashiro; la experta en infraestructura opina que la Ciudad de México carece de planeación urbana integral.
Celina Yanashiro  (Foto: Patricia Aridjis)
Celina Yamashiro*

Antes de que existiera el segundo piso del periférico podía trasladarme en coche desde el poniente a cualquier punto del DF en un lapso no mayor a una hora. Hoy, dicha infraestructura representa un gran embudo vehicular en horas pico.

En cuatro años, la mala planeación elevó el número de autos y nos atrapó en un tráfico permanente. Sin embargo, las autoridades mantienen el discurso de que pavimentar es sinónimo de progreso, cuando países como Estados Unidos tuvieron que derrumbar los segundos pisos y los freeways, para impulsar un transporte público y eficiente, que mejore la conectividad.

Al menos siete vialidades elevadas de Estados Unidos  desaparecerán: Cleveland, Seattle, Oklahoma City, New Haven, Buffalo, Syracuse y Baltimore. Corea del Sur pretende eliminar la autopista principal Cheonggye Expressway, para restaurar el canal Cheonggyecheon y rescatar los espacios naturales, y mejorar la calidad de vida de sus habitantes y del medio ambiente.

México va en retroceso. La inexistencia de una planeación urbana integral converge con el interés político de algunos gobernantes empecinados en hacer desaparecer las escasas zonas verdes y la recarga de mantos acuíferos que permiten un menor hundimiento de la ciudad; y en empalmar las vialidades con más concreto para construir obras como la supervía Sur-Poniente, que sólo promoverá el aumento de las horas-hombre arriba del auto, y no el disfrute de espacios públicos y culturales.

La Secretaría de Transporte y Vialidad reconoce que ni siquiera se tiene la capacidad para cuidar la infraestructura existente, porque las autoridades no se coordinan entre ellas, y menos con la iniciativa privada, para llevar a cabo obras de construcción y mantenimiento.

Ésta es una de las razones por las que las calles y banquetas lucen como queso gruyère, mutiladas y con escombros. Después de que son pavimentadas, las delegaciones otorgan permisos a los privados para abrir zanjas e instalar fibra óptica, telefonía y agua, entre otros servicios.

Por si fuera poco, se desconoce el destino del "apoyo económico para las colonias afectadas" que pagan los privados por dichos permisos a las delegaciones, que no están obligadas a reportar a la ciudadanía en qué se gastan los recursos públicos.

El arrojo de esa cadenita ineficiente no sólo se centra en el derroche oderrumbe de piedras y fierros innecesarios, sino en el costo social y económico que deriva de decisiones urbanas incongruentes, que ya se reflejan en el aumento de enfermedades como el estrés y las adicciones a los medicamentos relajantes, para poder sobrevivir en una ciudad poco o nada sustentable.

¿De qué nos sirve invertir en vialidades que no nos llevan adonde queremos o necesitamos ir, cuando existen prioridades urgentes como el relleno de baches provocados por las lluvias o la sincronización de semáforos para alivianar el tráfico de la ciudad?

 

*Desde 1997 cubre los sectores de infraestructura y transporte en diferentes medio de comunicación.

obras@expansion.com.mx

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