Arquitecto de su propio destino

Bernardo Gómez-Pimienta Magar
—Paola Rosado González

Sin duda, uno de los representantes máximos de la arquitectura mexicana contemporánea es Bernardo Gómez-Pimienta, quien desde muy pequeño se interesó por esta profesión: “Mucha gente tiene dificultad en escoger su carrera, en mi caso no había otra opción; la única disciplina que me interesaba era la arquitectura”. Graduado de la Universidad Anáhuac, obtuvo su maestría en la Universidad Columbia de Nueva York en 1987. Terminando su posgrado, el primer proyecto que tuvo en sus manos fue un edificio de la Alianza Francesa que hizo junto con su ex-socio: “Fue un concurso en el que éramos tres participantes: Agustín Hernández, Abraham Zabludovsky y nosotros…

Sabíamos que teníamos muy pocas posibilidades y finalmente ganamos contra todos los pronósticos”.

Su pasión por la arquitectura —que él describe como “congelar el momento en el que estamos viviendo no sólo de técnica, sino de aspiraciones, de cultura y de organización social”—, ha sido reconocida ampliamente; destacan el premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana y el premio DuPont Benedictus. También ha sido galardonado en diseño industrial: “Para mí es lo mismo diseñar un vaso o una silla es igual que diseñar un edificio o una casa, lo único que cambia es la escala, la manera de pensar es exactamente la misma”.

Hoy dirige la firma BGP Arquitectura y aunque dice que el negocio no es su fuerte, esta empresa es muy reconocida: “Aprovecho las posibilidades de cada proyecto y lo llevo al máximo sin importar el presupuesto… Tratar de leer entre líneas lo que el cliente está diciendo sin haberlo dicho, y eso obviamente toma tiempo y cariño”. Dedicado también a la docencia y consejero editorial de varias publicaciones especializadas, dice: “La arquitectura es como un tripié, por un lado tiene la práctica profesional; la otra parte es la docencia, donde muchas veces el que más aprende es el profesor… Y la tercera, es la difusión de la arquitectura”.

El futuro para él depara “seguir con mucho entusiasmo haciendo más casas y edificios, una catedral, un puente… Yo no cambiaría nada; lo que importa es seguir haciendo arquitectura”.

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