Arquitectura en la era digital

Los programas de diseño asistido por computadora han permeado entre los diseñadores.

Desde 1994, en un artículo sobre la revolución electrónica mencioné que su velocidad sería cada vez más rápida. Esta revolución es la primera de las grandes transformaciones que están aconteciendo y que ya han modificado la actividad de numerosas profesiones de la industria de la construcción. En los talleres de arquitectura transfiguró la manera de trabajar modificando los dibujos y también la creación misma de los proyectos.

Los cambios acelerados en los programas de CAD y en los materiales de construcción están replanteando la manera en que se diseñan los edificios; pero la práctica de la arquitectura, tal como la conocemos, no se ha adaptado aún a estas nuevas posibilidades.

La presión de los clientes por alcanzar una mayor calidad en los edificios ha llevado a elaborar sistemas de control más eficientes e interactivos que garantizan la funcionalidad, seguridad y economía de operación. Ante ese avance, el arquitecto enfrenta una rápida erosión de su posición. Por eso es preciso entrenar a los futuros profesionales no sólo para producir dibujos, sino para mejorar todo el proceso del proyecto y cuestiones técnicas de los procesos de construcción.

La mayoría sólo utilizan la computadora para sustituir al dibujo manual, pero no como generaradora de ideas, con lo que realmente transformarían su práctica. Este salto cualitativo aún no se comprende, pero detona una verdadera revolución en la manera de crear y construir. La tecnología electrónica ofrece control sobre geometrías de una enorme complejidad, que deberían ser aprovechadas para la realización de proyectos. Esas geometrías permiten que una membrana continua trabaje estructuralmente, obteniéndose un sistema estático, en el que se integran superficies complejas, como curvas y dobleces.

Surge la duda de si esas nuevas formas responden a cuestiones importantes en el entorno y funcionamiento del edificio o si son resultado de la moda, que tiende a cautivar más por lo inusual, atractivo y complejo de las formas de los edificios, que por su adecuación a la cultura y al medio en donde se proponen estos seductores objetos visuales. En México, esa revolución está aún por iniciarse.

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