Arquitectura para los récords

Por fin la infraestructura para el deporte nacional recibe la merecida atención.
El edificio servirá para capacitar y actualizar entrenadores
Ximena Orozco

Hasta hace unos años, el deporte mexicano de alto rendimiento no estaba en forma. Nuestro país no contaba con instalaciones para desarrollar a los entrenadores de este nivel. En tanto, de 2001 a 2006 los proyectos de infraestructura deportiva fueron redireccionados hacia la remodelación y rehabilitación de instalaciones ya existentes.

Así es como surge el IDDEAC, edificio realizado por el despacho Diseñare, dirigido por el arquitecto Diego Fernández de Castro, para capacitar y actualizar entrenadores de alto rendimiento.

La institución permitirá mejorar la preparación de los deportistas de alta competencia, así como crear un espacio que promueva la generación y difusión de conocimientos y estadísticas en este ámbito. Consta de cuatro plantas donde se distribuyen 3,100 m² de construcción. Cuenta con una unidad administrativa que alberga la dirección, una sala de juntas, área de secretarias y tres privados, además de la sala de espera, recepción y elevador. Los servicios incluyen una cocina y un comedor formal con capacidad para 80 personas, núcleos sanitarios, entre otras comodidades.

Por su vocación didáctica, se le dotó con tres salones de computación, biblioteca y videoteca, papelería y tres terrazas semicubiertas por una techumbre curva que permiten la dispersión y esparcimiento de los estudiantes. También cuenta con tres aulas con capacidad para 30 personas cada una, divididas por un muro móvil —lo cual permite unirlas para triplicar sus capacidades iniciales—, además de un laboratorio en donde se realizan pruebas de esfuerzo físico. A manera de internado, el tercer y cuarto niveles ofrecen 12 habitaciones dobles con baño, de las cuales una está equipada para personas con capacidades distintas. Entregadas con mobiliario y equipo, se consideran como alojamientos de nivel 4 estrellas.

Los arquitectos Diego Fernández de Castro y David Muñoz llevaron a cabo el diseño y construcción, y el ingeniero Mauricio Osorio Villaseñor fue responsable del cálculo estructural.

El inicio de la aventura
El profesor Nelson Vargas Basáñez —entonces director de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) en su gestión 2001-2006— contacta a Fernández de Castro para proponerle el proyecto.

En la primera reunión que sostuvieron junto con el teniente coronel Alonso Pérez, presidente de la Confederación Deportiva Mexicana (Codeme), se estableció como lineamiento inicial del proyecto rescatar un predio que constaba de tres estructuras independientes, en ese entones ocupado por una corporación de la policía bancaria y comercial.

“Estaban en ruinas y mal mantenidas —comenta Fernández—. La primera tenía tres niveles, la segunda dos y la tercera uno. La idea central fue unirlas, a través de una nueva fachada, un sistema de rampas exteriores y una techumbre que reforzara el efecto de unión entre estas tres estructuras creando la impresión de un solo edificio”. El programa arquitectónico fue propuesto por Diseñare, ya que los lineamientos eran sumamente escuetos.

Una de las palabras clave en esa primera aproximación y la cual les ayudó a definir el proyecto, era que las instalaciones estarían al servicio de todas las federaciones deportivas del país, entre de las cuales se encuentran las de deportistas con capacidades diferentes. “Por ello incluimos el sistema de rampas con el que se puede acceder a todas las áreas del edificio”, precisa Fernández. Algo desatacable es que debían entregar el edificio en un lapso de 120 días, por lo cual el diseño y construcción fueron realizados prácticamente a la par.

El cuerpo toma forma
La primera fase consistió en analizar el terreno y hacer un sondeo inicial ya que no contaban con planos arquitectónicos ni estructurales, ni con un levantamiento topográfico de las estructuras existentes que habían de usar en su totalidad como parte del proyecto. “Se rascaba la cimentación y le sacábamos una foto, y así era como determinábamos el estado de la estructura, el diámetro de las varillas y las medidas de la cimentación...mientras pedíamos pruebas de laboratorio, trabajábamos el proyecto en la oficina y al mismo tiempo ya estábamos en obra”, explica Fernández.

No sabían prácticamente nada acerca de la condición de la estructura existente, excepto que había sido construida después del terremoto de 1985, con lo cual se aseguraban que había sido diseñada de acuerdo con las nuevas normas de construcción. Por ello, pudieron aprovecharla para sostener el sistema de rampas exteriores. “Diseñamos esas rampas siguiendo el concepto de ligereza, fluidez y transparencia de todo el edificio”, explica el arquitecto David Muñoz.

Para disminur la carga en la estructura usaron rejilla electrosoldada Irving y vigas de metal en el diseño. “No tuvimos que añadir volumen ni reforzar la estructura existente y buscamos que las conexiones fueran lo más sencillas posible”, comenta el ingeniero Mauricio Osorio, responsable del diseño estructural.

La ola
La techumbre curva es el elemento dominante en el diseño del IDDEAC y surgió ante la escasa superficie para incluir y proteger tres áreas de convivencia sin sacrificar su vista hacia las áreas verdes. La estructura metálica de la cubierta fue un reto más a resolver: “Hubo muchas limitaciones en cuanto a maniobrabilidad, sólo nos permitían usar el estacionamiento y en ciertos horarios, comenta Osorio.

Trazaron el diseño de los soportes en el pavimento de éste para después colocar los tubos sobre las marcas, y soldarlos. El diseño es una “Y” en donde cada tramo tiene distinta posición; cada brazo tiene tres piezas, más el elemento vertical. Se usó lámina metálica delgada para formar el techo en sí, y se dejaron franjas sólo con acrílico transparente.

Un rostro propio
En el edificio predomina el cristal en fachadas, mismo que fue modulado cuidando disimular las leves pero importantes diferencias entre los edificios, “Los entre-ejes no correspondían unos con otros, así que resolvimos la modulación sobre la base de lo que teníamos para que pasara desapercibida”, detalla Muñoz.

Diseñaron esta fachada buscando generar un elemento sorpresa de identificación al agregar en gran formato las siglas IDDEAC, efecto que lograron con pantallas añadidas al cristal. El objetivo era que no fuera tan obvio y que se descubriera después de apreciar el edificio unos instantes. La fachada integral deja entrever el color verde limón que destaca en los pasillos de las aulas del segundo nivel, así como de las habitaciones superiores, mismas que pudieron ser añadidas gracias a la remoción de una gran cantidad de material de relleno de la azotea para, posteriormente, construir muros con panel de poliestireno. “Utilizamos elementos prefabricados para poder acelerar la obra, tratamos de que hubiera el mínimo de albañilería”, explica Fernández.

El edificio fue entregado el 24 de abril del 2006 e inaugurado el 3 de mayo siguiente. Constituye no sólo una obra con valor estético y funcional, sino el ejemplo de un proyecto realizado por un equipo talentoso, organizado y, antes que nada, determinado a sacar adelante un reto, en el tiempo requerido y con resultados sobresalientes.
De ahí que la libertad expresiva que consiguieron en esta obra sea una analogía directa con el deporte. Estilizada, robusta, producto de la dedicación y con un dinamismo fraguado en la exigencia, el Instituto exhibe una gran personalidad.

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