Conjunto Ajaracas, cuna de la ciudad

La esquina fundacional del DF exhibirá el monolito mexica más grande hasta ahora encontrado.
La inyección de vida mediante el uso público regala una nuev

“Entre nosotros hubo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, en Constantinopla, y en toda Italia, y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada y con tanto concierto y tamaño y llena de tanta gente no la habían visto”, eran las impresiones de Bernal Díaz del Castillo sobre la Tenochtitlan del siglo XVI, que sería arrasada en tan sólo unos meses.

La marca neurálgica que daría pie a la nueva capital tras la caída azteca hoy es ocupada por el Conjunto Ajaracas, obra que deja en el pasado varias intervenciones constructivas y destructivas para reunir al Museo Archivo de la Fotografía de la Ciudad de México con una serie de ventanas arqueológicas y oficinas gubernamentales.

Los trabajos de restauración, reestructuración y arqueología urbana permitieron revivir edificaciones desahuciadas y de máximo valor histórico en la simiente del país. El reciclaje fue practicado en los predios de Guatemala 34, 36 y 38 (Casa de las Ajaracas) y en los predios de Argentina 6 (la demolida Casa de las Campanas) y en el número 8 de la misma calle.

Los siglos te contemplan
Si bien estas casas no son las construcciones europeas más antiguas en México, dado que primero existieron asentamientos españoles en la Villa de Antigua, Veracruz, la doctora Lucía Mier y Rocha documenta en su libro La primera traza de la ciudad de México 1524-1535, que la intersección de las calles de República de Guatemala y República de Argentina sirvió de punto de partida para que entre 1521 y 1522, por instrucciones del propio Hernán Cortés, el alarife Alonso García Bravo realizara el trazado reticular de la ciudad.

La construcción, modificación y ampliación del inmueble tuvieron diferentes momentos. Conforme a aquella primera traza topográfica, Cortés organizó una incipiente repartición que hizo a compañeros de armas y misioneros en forma de “solares de conquistador” o lotes. Según datos históricos, el terreno en cuestión fue adjudicado a un Padre de apellido Méndez. Para finales del siglo XVI ya lo integraban cuatro viviendas y tres tiendas, distribuidos en estos predios de República de Guatemala (antes Escalerillas). Hacia fines del siglo XVII y principios del XVIII, los inmuebles de Guatemala 38 y de República de Argentina 6 (antes Calle del Reloj) se erigieron sobre las escalinatas del Templo Mayor azteca. Rematados, vendidos y revendidos en varias ocasiones durante los siguientes 200 años, quedaron finalmente expropiados por el Departamento del Distrito Federal en 1992. Desde la perspectiva de los participantes del rescate, es muy emocionante trabajar en uno de los primeros lotes de esta ciudad; los ha puesto en contacto con dos dimensiones: la cultura prehispánica y la virreinal.

El arquitecto Víctor García, responsable del proyecto del Museo Archivo, relata a Obras que por dictámenes de Protección Civil, las edificaciones del conjunto estaban diagnosticadas para su derribo. Ya en 1994 habían sido demolidas Guatemala 36 y 38, así como Argentina 6. Afortunadamente, Guatemala 34 y Argentina 8, una vez reestructuradas y restauradas, están en pie y funcionando.

Territorio codiciado
La sección levantada sobre Guatemala originalmente se denominaba Casa del Mayorazgo Nava Chávez por asociación con su propietario colonial, pero la mayoría de la gente la conoce como Casa de las Ajaracas, debido a la repetición de este elemento de estilo mudéjar en su fachada: estucados que dibujan líneas y florones enlazados unos con otros. La restauración externa de este inmueble, así como el proyecto de Argentina 8, los llevó a cabo el doctor Gabriel Mérigo, junto con la arquitecta Sandra Hurtado.

Sobre iniciativas anteriores que no llegaron a realizarse, es oportuno recordar que en 1999 el despacho Higuera + Sánchez ganó el concurso para diseñar ahí la casa y oficinas del Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Al igual que la renovación de la Plaza de la Constitución (el Zócalo) —ganada por el grupo encabezado por los arquitectos Cecilia Cortés y Ernesto Betancourt—, nunca se llevó a cabo. Luego, el 1 de enero de 2006 fue anunciada la construcción en este sitio del Centro de las Artes de los Pueblos Indígenas, propuesta que no tardó en venirse abajo y en cuya solución arquitectónica Enrique Norten propuso unir los inmuebles sobrevivientes y cerrar la esquina baldía con cristal y acero.

Meses después, en agosto, el Gobierno del DF incentivó la creación de un Museo Archivo de la Fotografía, y encargó a Víctor García y a su equipo iniciar labores, mismas que concluyeron en diciembre de 2006, tiempo récord para una obra de este tipo. El arquitecto trabajó en buena medida sobre la intervención realizada en 1932 por su homólogo Federico E. Mariscal, quien añadiera el tercer nivel y que es especialmente reconocido por concluir el Palacio de Bellas Artes junto con Adamo Boari.

Cómo intervenir la historia
Definida la función del inmueble, García describe que la adecuación se orientó a tener un “edificio versátil” con plantas libres y divisiones que, de ser necesarias, fueran transparentes.

Conocidos los severos daños provocados en los muros por los hundimientos diferenciales tras las excavaciones del Templo Mayor y los sismos de 1985 —que causaron más deterioros por la unión de materiales de diferente elasticidad—, se determinaron los puntos a reforzar a través de un análisis estructural asistido por computadora.

La empresa de ingeniería Colinas de Buen propuso una nueva losa de cimentación de concreto con doble parrilla de refuerzo que la une a las contratrabes existentes; las columnas se reforzaron con ángulos de solera de 2” en cada arista y cinturones de solera de 4” de ancho por 1/8” a cada 30 cm a lo largo de la columna; las trabes se fortalecieron por medio de una losa de entrepiso con placas de acero de 1/2”, colocadas en los lechos inferiores y sobre la losa de concreto, unidas entre sí con anclas y tuercas.

Los entrepisos y la losa de azotea fueron liberados de la carga muerta que representaban los terrados. Se aprovechó uno de los dos cubos de iluminación existentes para colocar elevadores con muros de concreto armado. En la fachada de planta baja se repitieron dos vanos en correspondencia al siguiente nivel —simétricos al acceso—; se reelaboraron los muros con mampostería de tezontle, se aplanaron con cal-arena y se pintaron a la cal.

En esta planta fue colocado mármol pulido de Santo Tomás a manera de cenefas para dibujar la liga de los elementos estructurales. Fue agregado un falso plafón y sobre rieles se instaló la iluminación con luminarios dirigibles, con base en la disposición de las trabes. En los siguientes tres pisos, y para corregir en lo posible la deformación del inmueble, se usó una cama de polines terminados con duela, con cenefas que se unen a columnas y con tableros colocados en cartabón. La azotea fue acabada con enladrillado dispuesto en petatillo.

El arquitecto lamenta que hasta ahora la postura ortodoxa del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) haya impedido la concesión de una cafetería en la terraza —batalla legal que aún no concluye—, la cual ofrece una perspectiva envidiable: el Templo Mayor, la Plaza de Seminario, la espalda de Catedral y el Palacio Nacional. “Si no logras que un edificio genere sus propios recursos, lo condenas a depender del presupuesto gubernamental, dinero que no llega ni alcanza; por tanto, ese inmueble restaurado está condenado nuevamente a la degradación y al olvido”, sentencia Víctor García.

Por su parte, Arturo García Campos, coordinador del Museo Archivo de la Fotografía, comenta a Obras que con este recinto se completa la peatonal calle de Guatemala y se integra un corredor junto con el Centro Cultural de España y la Galería de la Secretaría de Hacienda.

La función del nuevo espacio, destaca García Campos, no sólo es de conservación sino también de divulgación: “Buscamos mostrar la transformación de la Ciudad de México por medio de las fotos. Aquí tenemos todo un siglo en imágenes y
técnicas”.

Entre el marqués y la diosa
Remodelada en varias ocasiones durante el siglo XIX, la estructura principal del inmueble de Argentina 8 pertenece al XVIII. Objeto de mal logradas adecuaciones, presentaba gran desorden de distribución y pérdida de elementos importantes. La intervención actual recuperó la estabilidad de la edificación al devolverle los elementos estructurales originales y eliminar añadidos hechos principalmente en los 40, los cuales generaron la mayoría de los daños. Hoy es sede de la Autoridad del Centro Histórico, órgano administrativo creado en 2007.

Para restaurar y reestructurar se revisaron las diversas fábricas y sistemas constructivos determinando las fechas de edificación de cada etapa y se efectuaron calas arquitectónicas y arqueológicas con el fin obtener una lectura clara del inmueble que para entonces carecía de aplanados originales. En el proceso se ocuparon los dictámenes de las compañías TGC y Colinas de Buen.

La intervención más importante fue la adecuación estructural de la parte frontal de la planta baja, pues se habían eliminado los muros transversales interiores e incorporado un sistema de trabes y columnas de concreto armado. Todos estos elementos fueron removidos ya que no existían en la época de erección del inmueble. La esquina sur-poniente estaba afectada en forma severa: en el extremo inferior la mampostería se desprendía hacia el poniente, mientras que los vanos superiores mostraban un desplazamiento hacia el norte. Esto se corrigió eliminando los añadidos de mortero y restituyendo las piezas de cantera faltantes y dañadas.

En el primer nivel, los muros principales son de mampostería de tezontle asentados con cal-arena, acordes a la primera etapa constructiva. En el segundo nivel, los muros son de tabique con cal-arena; se sustituyeron los de arena pumítica por su baja resistencia y deterioro.

La intervención logró respetar la volumetría del edificio y lo ajustó a los nuevos requerimientos arquitectónicos. Por siglos colindante con la Casa del Marqués del Apartado, pronto lo hará con la planeada ventana de la Tlaltecuhtli.

Mirar hacia atrás
Simultáneo a los trabajos realizados por arquitectos e ingenieros, el equipo del arqueólogo Álvaro Barrera encontró el 2 de octubre de 2006 el monolito de la Tlaltecuhtli, diosa azteca de la Tierra. En colaboración con los investigadores del Programa de Arqueología Urbana se realizó un andador con dos ventanas arqueológicas sobre Argentina. Por la magnitud de los hallazgos, se planea construir una nueva zona de exhibición para contemplar a la deidad, las escalinatas del Templo Mayor y el adoratorio a Tláloc.

Por su parte, los arqueólogos Leonardo López y Eduardo Matos Moctezuma sostienen la hipótesis de que esa enorme pieza fungió como lápida sepulcral del soberano mexica Ahuitzotl. No dudan que constituye el hallazgo arqueológico más importante desde que se encontró a la Coyolxauhqui en 1978.

Para contribuir a las investigaciones arqueológicas, en diciembre de 2006 el gobierno capitalino cedió al INAH los predios de Guatemala 38 y de Argentina 6. De acuerdo con Leonardo López —también  director del Proyecto Templo Mayor— desde 1790 hasta la actualidad, el mayor obstáculo para efectuar trabajos arqueológicos en el Centro “ha sido la presencia de un manto freático muy superficial y que además está contaminado con aguas residuales”, problema que piensa abatirse mediante la apertura de pozos para extracción y reinyección de agua.

Un pasado con futuro
Gracias a la robustez de las construcciones coloniales, aún es posible trabajar en ellas para modernizarlas y asignarles nuevos usos conservando su aspecto general con un alto porcentaje de materiales y elementos originales. En 2006, la entonces directora del Fideicomiso del Centro Histórico, Ana Lilia Cepeda, apuntaba que “la carga histórica que tiene este lugar es grande, porque representa una referencia del resto del parcelario del Centro”.

Por lo pronto, entre las acciones ya realizadas y las apenas emprendidas, la esquina del génesis vuelve a formar parte de la dinámica de la ciudad.

Ahora ve
No te pierdas