Contemplación silenciosa

Un recinto donde la gente acude a despedirse del difunto antes de partir hacia su descanso fina
La Casa de Meditación se localiza en un contexto residencial
Julieta Boy

Vivir es morir”, dice Schopenhauer. Y si de algo se tiene certeza, es de la muerte. Llegado este momento, y dependiendo de la religión o costumbres del difunto, la despedida del cuerpo se realiza en un sitio ad hoc.

El despacho Pascal Arquitectos tuvo la encomienda de proyectar este espacio de reflexión y contemplación para la comunidad judía, llamado Casa de Meditación.

Según las costumbres judías, el cuerpo no se vela toda la noche, por lo que es muy importante que la inhumación se realice lo antes posible, preferentemente el mismo día del fallecimiento. Y es justo aquí que la gente acude a despedirse del difunto antes de partir hacia su descanso final.

En estas circunstancias los deudos no tienen predisposición ni ánimo para apreciar una obra arquitectónica. “Sin embargo, la luz y la forma en que las paredes te reciben y te envuelven generan una especie de paz, que es lo que se requiere en una situación así”, expresan los hermanos Carlos y Gerard Pascal.

Si bien existen varios recintos con esta vocación en la Ciudad de México, son sitios de carácter deprimente y triste, que muestran ya la huella del tiempo y que no tienen un concepto arquitectónico definido. En muchos casos son habitaciones adosadas a los templos, amuebladas sólo con algunas sillas, y de alguna manera reflejan que a pesar del estado de duelo que prevalece en su interior, no se toma en cuenta lo mucho que puede impactar la obra en los aspectos emocionales y sensoriales de los dolientes.

Vida y muerte
Apreciamos la vida y por ello existe cierto miedo de hablar de la muerte; no obstante, es algo cotidiano. Este proyecto está muy relacionado con esta reflexión y de cómo la viven las diferentes religiones, habiendo factores comunes en todas ellas.

“Lo que pensamos nosotros para esta obra fue básicamente tomar las referencias que más nos han afectado o motivado de manera personal”, dicen los Pascal.

Para crear este ambiente espiritual se inspiraron en la arquitectura de las mastabas del antiguo Egipto, a las que se ingresa a través de un túnel, al igual que en los templos mayas de Palenque, creados exclusivamente para este propósito.

En la religión judía no se permite la cremación bajo la premisa de que nuestra escencia es tierra, y a ella se vuelve. Por ello Pascal Arquitectos concibe la sensación de penetrar en una gran piedra, como alegoría del regreso de la materia a lo terreno.

En especial debía considerarse que las reglas y los códigos para la construcción de estos recintos son muy estrictos. Por lo tanto, se valieron de la asesoría de un grupo de rabinos y estudiosos de esta fe. Por ejemplo, al crear el programa, debían saber que hay ciertos miembros de la comunidad que por su estatus religioso no pueden estar en contacto con los muertos; por ello requieren de una zona especial aislada.

Parte de los componentes de este proyecto son resultado de tales condicionantes.

El cuerpo es un templo para el alma
Como una pieza monolítica de granito gris, con una gran hendidura triangular, la Casa de Meditación se localiza en un contexto residencial, en un terreno donado que fue aislado completamente del exterior.

El lugar recibe al visitante a través de un túnel triangular de dos metros de ancho por nueve de alto, creando un umbral solemne, que pretende generar una opresión visual. Para aproximarse a la creencia tradicional de la luz al final del túnel, la oscuridad se rompe al desembocar en un gran salón iluminado por la luz septentrional del patio interior.

El plafón flotado de madera de Cumarú, deja una ranura por donde se filtra los rayos de sol que iluminan los muros interiores, también de granito. Como únicos adornos hay una drácena marginata (planta originaria de Madagascar) de gran altura, y una escultura del maestro Saúl Kaminer, la cual representa una abstracción del alma.

En muchos otros sitios de carácter religioso o espiritual aparecen elementos ornamentales que hacen referencia a alguna oración o símbolo. “Aquí quisimos que solamente el espacio generara la atmósfera, a través de pocos elementos, como la piedra, la madera y la luz, que poseen características muy poderosas”, explican los Pascal.

Terrenal y funcional
La Casa de Meditación está compuesta por sala de espera, toilettes, cámara de refrigeración, patio interior, área de velación y casa del portero, en un total de 262 m² de construcción.

En la sala donde descansa el cuerpo hay dos cirios que se mantienen encendidos hasta que el féretro abandona el recinto.

Los deudos leen salmos dedicados al alma del fallecido, se mencionan las virtudes y las buenas obras que realizó, manteniendo siempre un ambiente de circunspección y sobriedad.

La ceremonia dura aproximadamente media hora, durante la cual las personas permanecen de pie. Para los adultos
mayores hay una banca perimetral de madera, que a su vez sirve para ocultar las instalaciones de aire acondicionado, calefacción, iluminación y sonido. Era importante que desde fuera no se adivinara el uso de este edificio, por discreción y respeto a la actividad íntima que se lleva a cabo en su interior.

Además de la entrada de los congregados existe otra más discreta para la carroza fúnebre.
La imponente puerta de visitantes abre completamente sus nueve metros de altura. Embalada, no es difícil de mover. Sin embargo, el solo hecho de abatir este elemento gigantesco tiene en sí algo de místico.

La mayor parte de la estructura del edificio es a base de tabique y concreto forrados con granito español, a excepción del acceso, donde fue necesario utilizar un elemento estructural de acero que ayudara a salvar el claro.

Espacialmente, la Casa de Meditación es un juego de geometrías que se van encontrando, produciendo sombras. El gran ventanal que da hacia el patio interior está dispuesto con secciones “I” forradas en madera, de nueve metros de alto, con una exclusa superior que permite la circulación del aire.

Como el luto es un acontecimiento doloroso, los arquitectos Pascal quisieron crear una arquitectura silenciosa, con muy pocos elementos, y sin ornamentos que provocaran ruido visual.
El resultado es un espacio que ofrece un ambiente de introspección y paz visual para despedir a un ser querido.

Ahora ve
No te pierdas