El hombre de las torres

Creador de las torres Petronas de Malasia, Cesar Pelli es un referente de la arquitectura.
En 1995 obtuvo la Gold Medal, otorgada por el AIA como recon
Hugo Salvatierra Arreguín

Pese a haber diseñado las torres Petronas de Malasia, el edificio más alto del mundo hasta 2003, Cesar Pelli no pierde piso y todavía se da tiempo para responder con una sonrisa y un apretón de manos el saludo de quien lo aborda mientras sale de dar una conferencia.

El arquitecto, nacido en Tucumán, Argentina, prefiere la comodidad. Quizá por eso no suele utilizar corbata; incluso así posa para los retratos de las carpetas informativas de los proyectos que realiza y en la fotografía del sitio web de su despacho.

De 81 años de edad, ha desarrollado proyectos en países como Japón, Estados Unidos, China, Canadá, Inglaterra, Italia, Holanda, Argentina y México. ¿Cuántos edificios ha construido a lo largo de su carrera? “No lo recuerdo”, responde.

En 1995, el argentino-estadounidense recibió la Gold Medal del American Institute of Architects (AIA), institución que lo ubicó en 1991 en el ranking de los 10 Arquitectos Más Influyentes de América; ha escrito teoría acerca de la arquitectura y diferentes autores han reflexionado en torno a su obra. No obstante, al momento que alguien alaba su trabajo o le hace una pregunta difícil todavía suelta una carcajada nerviosa.

¿Es complicado hacer que la arquitectura coincida con el presupuesto del cliente?
No, para nada. Creo que [escuchar al cliente] es la función básica del arquitecto. Como arquitectos damos un servicio social, aunque muy sofisticado. Siento que si respondemos bien a esas responsabilidades sociales [no habrá problemas]. Para mí, el arte tiene que servir a las necesidades del lugar, de la ciudad, de la economía, etcétera.

¿El dinero es un impedimento para la creatividad?
No es un impedimento, es uno de los datos con los que trabajamos.

¿La arquitectura debe ser funcionalista en primera instancia?
Primero tiene que funcionar, pero también debe responder a todos los requerimientos, que no son necesariamente funcionales, pues el proyecto no puede costar más dinero, tiene que estar hecho en cierto tiempo y ser aceptado por el público.

¿Estamos perdiendo la arquitectura local?
Ése es un problema muy serio. Todos los arquitectos del mundo miramos las mismas revistas, las mismas imágenes y nos entusiasmamos con las mismas formas y los mismos materiales. No importa quién sea el arquitecto, auque sea local, la arquitectura está muy homogeneizada, es internacional. Hay una pérdida muy grande de valores, porque una de las riquezas del quehacer solía ser que cada país ofrecía costumbres diferentes, comidas diferentes, excepto en casos muy específicos.

¿De qué manera un arquitecto extranjero debe asumir la identidad de un lugar?
Yo trato de ver el lugar y hacer lo que es posible, pero sin duda tengo que reconocer que también estoy influenciado por las distintas corrientes artísticas y filosóficas que afectan la percepción en general. En el pasado cada lugar tenía sus propias corrientes, sus propias ideas, ahora estamos compartiendo las mismas.

En términos de ser coherente y humano, ¿cuáles serían los errores de la arquitectura actual?
Para mí, el error más grande es el valor desmedido que se le da a la novedad.

¿Qué opina de las reinterpretaciones que los arquitectos hacen de inmuebles tradicionales?
Es una de las buenas cosas que han pasado últimamente, el respeto del patrimonio histórico. Eso viene por los arquitectos y mucho por el clamor popular. La preservación histórica es uno de los mejores movimientos que ha ocurrido, el otro, aún más importante, es la preocupación por la sustentabilidad. Ésas son dos corrientes muy sanas.

¿La sustentabilidad es una moda?
Al principio parecía que iba a ser una moda, pero hoy en día creo que va a durar, porque hay preocupación por lo que le estamos haciendo a nuestro planeta; es el único que tenemos y si lo arruinamos nos quedamos sin nada, no hay botes salvavidas en la Tierra, entonces nuestros hijos, nietos y bisnietos no tendrán dónde vivir.



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