La ciudad interior del Sony Center

El corazón de Berlín revive en uno de los conjuntos contemporáneos más representativos.
Revestimientos y arbolado suavizan el impacto al exterior. (  (Foto: )
Claudia Arozqueta

Después de la Unificación Alemana, hace casi 20 años, la ciudad de Berlín inició un plan de renovación de edificios afectados durante la Segunda Guerra Mundial —víctimas de la indiferencia que sufrieron durante la Guerra Fría—, así como la construcción de modernas edificaciones que le dieran a la ciudad nuevos bríos. Uno de los lugares que más actividad constructiva ha visto es la Potsdamer Platz, ubicada en el centro de Berlín, a unos 500 metros al sur de la Puerta de Brandenburgo.

Este zócalo berlinés era a finales del siglo XIX un importante centro de comercio, moda e intercambio cultural, así como una de las zonas más activas del continente por donde pasaban dos estaciones de metro, cinco rutas de autobuses, y más de 20,000 automóviles diariamente, y donde además, se instaló el primer semáforo eléctrico vial de toda Europa en 1924. Este próspero panorama cambió por completo durante la gran guerra, luego de que los bombardeos de los aliados para aniquilar el régimen nazi dejaran el lugar en ruinas. Completamente devastada, la Potsdamer Platz fue posteriormente dividida por el Muro de Berlín convirtiéndose en tierra de nadie, entre el protectorado soviético y el norteamericano, despojada de la vida activa que la caracterizaba.

Levantarse de las cenizas
Fue casi 40 años después, en 1989, que esta zona dio un notable giro histórico. Una vez derribado el muro y trasladada la capital de Bonn a Berlín, el gobierno se dio a la tarea de recuperar la Potsdamer Platz para hacer nuevamente de ella uno de los puntos medulares del país.

Casi de inmediato fue convertida en un campo fértil para la construcción, experimentación y creación de nuevas formas y tendencias arquitectónicas.

En pocos años fue construido un espacio que en un crecimiento urbano a ritmo normal hubiera tomado alrededor de 30. Inversionistas y arquitectos reconocidos a nivel internacional participaron en el concurso y plan de desarrollo. Entre ellos, uno de los proyectos elegidos y más destacados son el plan maestro del arquitecto italiano Renzo Piano —creador entre otras obras del Centre Georges Pompidou (1971-1977), en París, y ganador del Pritzker en 1998— contratado por los inversionistas y empresarios de la Daimler-Benz (hoy Daimler AG) para hacer la planificación urbana de una de las áreas en las que fue dividido este polígono.

Otro es el Sony Center, ideado por el arquitecto germano-estadounidense Helmut Jahn. Este complejo está considerado como una de las piezas más finas en cuanto a arquitectura contemporánea se refiere. De carácter mixto, con edificios de negocios, apartamentos residenciales y espacios de entretenimiento, el conjunto ha devuelto vida y actividad a este hito del mapa berlinés que recibe un aproximado de ocho millones de visitantes por año, haciéndolo una de las paradas estelares y obligatorias de la ciudad.

Un nuevo concepto urbano
Diseñado y construido por la firma de arquitectos Murphy/Jahn, por encargo de la transnacional que da nombre a la obra, el Sony Center ocupa un área aproximada de 26,500 m (dimensión equivalente a cuatro canchas profesionales de fútbol soccer) y 132,000 m de construcción.

Único en su distribución y concepto, este complejo arquitectónico no fue concebido por sus creadores como una edificación independiente de la urbe sino como una parte fundamental de su cuerpo. Uno de los efectos que buscaron los creativos de este proyecto fue que al entrar a la propiedad el visitante tuviera la sensación de seguir estando dentro de la ciudad aunque con un toque virtual donde se respirara libremente el tránsito y actividad de la población berlinesa. Este efecto bien logrado hace del conjunto una singular construcción que difumina los límites entre el espacio público y el privado de una
ciudad moderna.

A lo largo de su extensión, el centro manifiesta un modo de vivir contemporáneo donde la diversidad de actividades y servicios son un gesto característico: dentro de un mismo lugar se puede encontrar entretenimiento y eventos, cafés y restaurantes, trabajo y vivienda, todo en una misma área ubicada en el corazón de la capital alemana. Es por ello que Jahn lo considera funcionalmente como una Kulturform que busca crear nuevas formas de cultura y de relación entre los individuos y su entorno, pero también entre diferentes manifestaciones del arte. Esto último se debe a que dentro de sus instalaciones se encuentran las oficinas de la Filarmónica de Berlín, la Filmhaus de Alemania, algunos museos donde se puede apreciar diversas manifestaciones artísticas y varios centros de cine reconocidos donde se llevan a cabo importantes estrenos de películas. Su relevancia lo ha hecho sede del Festival Internacional de Cine de Berlín o Berlinale que se lleva a cabo año con año en el Forum por el cual han desfilado famosos personajes de la farándula.

La ley de la materia
Siete estructuras cuyas fachadas son principalmente de cristal y acero inoxidable moldeado a manera de planchas onduladas, en forma de secciones y superficies entretejidas, son las que conforman el imponente complejo. Al centro aparece un espacio público o Forum de 4,000 m2 inundado de luz natural filtrada durante el día por una enorme y espectacular cubierta oval translúcida que une a toda la obra y que es el rasgo principal del diseño de Helmut Jahn.

Esta fascinante elipse con cinchas de tela fue diseñada con ayuda de la firma de ingenieros Ove Arup & Partners y cubre casi la mitad del Sony Center extendiéndose 100 metros sobre su eje mayor y 80 sobre el secundario.

A pesar de que visualmente acusa ligereza, el peso aproximado de la estructura es de 920 toneladas y está considerada la mayor de su tipo en todo el mundo.

Alrededor de la plaza pública o Forum el arquitecto alineó otros elementos a su diseño: el edificio Sony Europazentrale, la Torre de Oficinas de la Potsdamer Platz, la Filmhaus, otras estructuras de usos múltiples y los restos del antiguo Esplanade Grandhotel. Esta última construcción de principios del siglo XX, estuvo alguna vez localizada en el actual terreno del Sony Center pero fue derruida durante la Segunda Guerra Mundial, quedando de ella restos de habitaciones que fueron catalogados como monumentos históricos y fueron anexados al complejo mediante una costosa y complicada operación de reubicación efectuada en 1996. Destaca en forma especial la reubicación del Kaisersaal (Salón del Emperador), un elegante cuerpo neoclásico de 1,300 toneladas de peso que fue transportado a 75 metros de distancia de su posición original y que ahora cobra nueva vida en forma de restaurante, inserto en los condominios Esplanade Residence.

Esta atinada incorporación hace del Sony Center un lugar donde confluyen la arquitectura histórica y la moderna, con sus profundas implicaciones sociales y culturales, de una manera admirable.

La pequeña ciudad aún en obra
Un proyecto de gran escala también suele ser de larga ejecución. Bajo su filosofía de que “la creatividad tiene más relación con la eliminación de lo no esencial que con el hecho de inventar algo nuevo”, Jahn dispuso un programa arquitectónico vasto y útil. En la mini urbe, el primer espacio operacional abierto al público fueron las salas CineStar.

Si bien la inauguración oficial del Sony Center, sin aún operar en su totalidad, ocurrió hace ya ocho años, desde entonces cada tanto algo nuevo es añadido a su bitácora.

Para 2002, los históricos Kaisersaal, Silbersaal (Cuarto Plateado) y Palmenhof (Patio de Palmeras), abrían sus puertas como restaurantes y salones de eventos.

Apenas en 2006, el Museo de la Televisión fue incorporado, y en 2007 el primer Legoland Discovery Centre bajo techo del mundo —un espacio de entretenimiento creativo— inició su vida. Hoy, corporativos como el Deutsche Bahn AG Headquarters y el edificio del gigante farmacéutico Sanofi-Aventis son ya referentes inequívocos del éxito de este proyecto de largo plazo.

Mutaciones
En el Sony Center hay cambios. Uno, es el contraste diario de la luminosidad diurna que está en armonía ecológica con el entorno y su colorida faceta nocturna que es generada mediante proyectores cuyas gamas juegan con una paleta que va del cian al magenta.

La luz, por ende, es parte esencial del diseño del conjunto por lo que contrataron como encargado de los efectos de luz al artista parisino, especialista en iluminación, Yann Kersalé. La transparencia y variedad de efectos durante todos los momentos del día hacen de este lugar un mosaico de luz y tecnología producida con una visión autosustentable para economizar al máximo el empleo de recursos.

Otro cambio esencial es que Sony ya no es el dueño: el pasado mes de marzo la compañía decidió vender la emblemática propiedad —que compró en 1991 como terreno y que inauguró como una de las propuestas arquitectónicas más vanguardistas del mundo— por la cantidad de 600 millones de euros a los inversionistas bancarios Morgan Stanley, Corpus Sireo y The John Buck Company. La cifra de venta queda por debajo de los 750 millones de euros que costó levantar la obra y también por debajo de los 800 millones que pedía la compañía inicialmente según datos de la transmisora internacional alemana Deutsche Welle.

La gran industria tecnológica ha dado varias explicaciones sobre la venta del edificio, entre ellas el que la empresa pasa por una revisión del negocio y sus actividades centrales. Pero más allá de ello, en las negociaciones de venta siempre estuvo la permanencia del nombre del conjunto para dar honor a tan imponente obra patrocinada por una de las iniciativas privadas más fuertes y reconocidas a nivel global.

Ahora ve
No te pierdas