Un club en lo más alto de la Torre Mayor

En el Club Piso 51 la trillada promesa comercial de encontrarse a gran altura no es un argument
Un notable diseño geométrico en mármol y el emblema del león
Mauricio Ramírez

Aquí, el bullicio de automóviles, camiones, bocinas, sirenas de patrullas y peatones no existe. A casi 200 metros sobre la banqueta de Paseo de la Reforma, DF, gravitamos en un lounge donde la vista de la ciudad es arrebatadora. Chapultepec, con sus lagos y su castillo nunca había sido visto así, salvo en helicóptero. Todo abajo parece diminuto. Estamos en un club empresarial, en el piso número 51 de la Torre Mayor, el más alto que puede visitarse hasta hoy en los 29 países y dependencias que componen América Latina.

En menos de ocho meses, lo que eran tres plantas listas para recibir oficinas corporativas fueron transformadas en el lujoso Club Piso 51, centro de negocios, esparcimiento y placer para hombres y mujeres de alto nivel ejecutivo. Ideado por los empresarios Alberto Cinta, Eduardo Solórzano, Sergio Berger y Fernando Arámburu, la materialización de este sueño fue responsabilidad de un entregado equipo multidisciplinario.

Una montura para las gemas
Para el arquitecto Francisco Hanhausen, director de la firma de arquitectura que diseñó el Club, la oportunidad era de ésas que se presentan una vez en la vida: la más que privilegiada situación del proyecto, la complejidad de su programa, el nivel de exigencia y de cuidado de los detalles impuesto por los clientes, convertían al proyecto del Club en un desafío imposible de resistir. Teniendo como premisa la satisfacción de los inversionistas, quienes aportaban constantemente ideas al equipo, Hanhausen buscó crear un espacio atemporal donde no hubiera compromisos con tendencias de diseño efímeras. Con ello pretendió crear un sitio que no pasara de moda, sino por el contrario, que en sus servicios, gama de materiales e iluminación, tuviera la vigencia de un clásico.

Dada la generosidad y complejidad del programa, el plan llevó a la conformación de ambientes especiales para cada una de las funciones a través de algún detalle de diseño, a veces sugerido por los mismos empresarios.

Así, el restaurante cuenta con una serie de pequeños espejos enmarcados en el plafón, el lounge con un artesonado repujado en lámina, el elevador interno es un bloque macizo rojo y la zona de la escalera es envuelta por el relajante rumor de una fuente diseñada por el artista Daniel Inda.

El reto fue concebir la montura para las gemas; es decir, crear una continuidad donde cada una de estas piezas de diseño engarzaran bien, sin que se perdiera en ningún punto la sensación de estar dentro del Club. Una sensación de unidad en la complejidad del proyecto. Este intangible fue buscado a través de la correspondencia de tonos y materiales, así como en una sobria iluminación indirecta. Haciendo juego, el mobiliario fue seleccionado del catálogo de Ralph Lauren.

Así se enlazan y conviven ordenadamente una serie de locales con funciones muy diversas en los tres niveles. En el piso 49 (de salud) está el gimnasio con un bar de jugos, además del spa con todos los servicios, como hidromasaje, vapor, sauna, peluquería y salas de tratamiento. En el piso 50 (de negocios) existen suites para socios de otras ciudades que deseen alojarse en el Club, además del centro de negocios con salas de juntas y de conferencias. En el piso 51 (social), el principal del Club, se encuentran el auditorio, salones de eventos, biblioteca, salón de juegos, el restaurante y el bar-lounge.

Sueño panorámico
Detrás del resultado visible existe un enorme esfuerzo que no puede verse pero que fue indispensable para poder disfrutar de un baño de hidromasaje en el piso 50 con vista a Reforma; de la alta cocina del chef Christian Bacque; de hacer jogging mientras se aprovecha la mejor selección de televisión satelital en la propia caminadora; impartir una conferencia en el auditorio; celebrar una asamblea de accionistas o tener una cena de negocios. Una complejísima red de instalaciones tuvo que ser diseñada, coordinada y construida a fin de abastecer al 51 de todos los servicios, un proceso que supuso la exigencia más difícil en esta obra, y en donde pusieron su mejor esfuerzo los diseñadores de Hanhausen, las empresas de ingenierías —coordinados por la gerente de construcción, la empresa Bovis Lend Lease— y los representantes de los dueños, ADIPPSA. Este equipo gerencial y de diseño coordinó a más de 75 empresas contratistas que ejecutaron la obra.

El ingeniero argentino Héctor Scarinci, del equipo de Bovis Lend Lease, comenta para Obras que uno de los retos fundamentales consistió en la logística que hubo que implementar, dado que todos los materiales a instalarse debían ser izados a través de uno de los dos montacargas de la Torre Mayor. Esto se tradujo en la necesidad de segmentar varios elementos, como los hidromasajes, y la escalera principal, de modo que pudieran ser izados y vueltos a ensamblar in situ. El reensamblado de los hidromasajes, ya en el piso 49, demandó además la construcción de una instalación provisional que extrajera los vapores tóxicos que emanan las resinas utilizadas para trabajar la fibra de vidrio.

Otro elemento a destacar, que no es fácilmente apreciable por el visitante, es que para contener los sonidos y evitar incomodidades a los inquilinos de niveles inferiores se realizó un entrepiso de 500 m, una cámara plena que aisla los efectos acústicos y vibraciones del Club. El piso falso incluye una barrera hidráulica a fin de que cualquier fuga o derrame en las instalaciones del spa puedan ser detectados, captados y canalizados a las bajantes principales de la Torre sin causar daños. Un aislamiento acústico similar se realizó en los plafones del piso 51, de modo que el ruido no afecta las labores del 52, último nivel rentable de oficinas.

Otro elemento crítico fueron las adecuaciones de los sistemas de aire acondicionado, ya que la operación del Club, que incluye eventos hasta para 400 personas, excedía por mucho las especificaciones para las que está diseñado el sistema central de la Torre. Para solventar esta situación se colocaron máquinas adicionales de climatización cerca del helipuerto.
En el apartado estructural se construyeron elementos importantes para el sistema de muros móviles del salón de usos múltiples, así como tapancos para los almacenes de insumos y víveres de la cocina y escalones para los hidromasajes, así como las demoliciones para los cubos de la escalera interna y del elevador propio, que tiene capacidad para siete personas y un viaje de 7.60 m del piso 51 al 49.

Pieza de relojería
Según comenta Javier Albertali, gerente de Proyecto por Bovis, la obra se acometió en dos turnos, trabajando las instalaciones y actividades poco ruidosas en el diurno, y las operaciones de carga, descarga y traslado de materiales en el nocturno. Dichos roles fueron subdivididos, a su vez, en tres frentes para cada uno de los niveles, con distinto personal de supervisión a cargo. En total se contaba con una plantilla de unas diez personas en la coordinación, de seis a siete por el proyectista, más los representantes del cliente y los equipos operativos. Este comando coordinaba a un promedio de 270 personas, que en los momentos más críticos llegó a cerca de 500, laborando al mismo tiempo.

Puntos cruciales de la obra fueron: la gran variedad de acabados necesaria para lograr el carácter que se buscaba en su arquitectura; la conversión exitosa de un lugar destinado a un uso menos demandante como es el de oficinas, a un centro social de grandes proporciones; la gran demanda de instalaciones como el acondicionamiento de aire, filtrado y extracción de gases de cocina, captación de grasas, aislamiento acústico y hermeticidad; la adaptación de un elevador; el alto nivel de calidad y detalle dentro de un edificio en plena operación con una población estimada en 10,000 personas.

En la cima
“La más grande satisfacción de haber participado en la construcción del Club es su existencia misma, cuando a la mitad del camino y ante las complicaciones técnicas, poca gente creía que pudiera terminarse la obra”, comenta Rubén de la Torre, gerente de proyecto por Bovis Lend Lease. En términos similares se han expresado muchos de los participantes, señalando lo satisfactorio que fue la consecución de este sueño, con el trabajo conjunto de inversionistas, gerentes, diseñadores y constructores. Una labor compleja que requería de gran capacidad de coordinación, de meticulosidad y compromiso en el diseño, así como de la gran voluntad y responsabilidad de todos los involucrados en los cambios y necesidades que el proyecto exigía.

Todo ello se tradujo en el espacio que hoy vemos en exitoso funcionamiento, un lugar para los negocios de altura, para el placer y el contacto entre empresarios, que responde a la visión establecida por sus creadores y que ofrece un marco apropiado y amplio para satisfacer los más elevados estándares de servicio y confort. Un verdadero traje a la medida.

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