Un nuevo centro para atender a la mujer

Con los máximos estándares, el nuevo Centro es sólido en construcción y especialización de géne Un núcleo autosuficiente que aporta un dedicado servicio en una línea de especial cuidado.
Luz, funcionalidad y amplitud, la composición y los material
Armando Carranco

Este hospital está a la altura de los mejores centros de salud de Houston o Dallas. Ya no es necesario hacer el viaje a Texas para recibir atención de la más alta calidad en un centro con tecnología de punta”, afirma el arquitecto Bruce Johnson gerente de proyecto y vicepresidente de HKS Inc., una de las firmas internacionales de arquitectura más importantes del mundo, quien tuvo a cargo la gerencia general del proyecto del Centro Integral de Atención para la Mujer y el Niño del Centro Médico ABC de Santa Fe, conocido también como Hospital Inglés.

Y en efecto, desde su oficina en Dallas, Texas, el arquitecto Johnson coordinó a un experimentado equipo de arquitectos y diseñadores, quienes tanto en la sede principal de la firma, como en la oficina de HKS Arquitectos en la Ciudad de México, se dieron a la tarea de dar forma a uno de los mejores centros de salud del país.

Con un programa que abarca cinco quirófanos, seis unidades de evaluación, cuneros, 40 cuartos de hospitalización, consultorios médicos de pediatría y ginecología y áreas administrativas, extendidos en 17,823 m2 construidos, el “Centro de la Mujer” —como se le denomina de manera coloquial— se une a la creciente red hospitalaria que el Centro Médico ABC desarrolla actualmente.

La historia que une a HKS con ABC se remonta a 1984, cuando la firma elaboró un plan maestro conceptual para el campus Observatorio, que finalmente no fructificó. Sin embargo, la relación continuó latente y desde 2003 iniciaron los planes para incluir un centro de salud especializado en la atención de mujeres y niños, como parte del campus Santa Fe, que entonces estaba por terminarse en su primera etapa.

Girasol de cristal y concreto
El programa del Centro de la Mujer desde un principio pretendió ser innovador al buscar que en las mismas instalaciones fueran atendidos madres e hijos, y en el caso de las mujeres, durante todas las etapas de su vida: a partir de su nacimiento y hasta la vejez.

Para lograr la inclusión del nuevo edificio en el conjunto, fue tomado en consideración el edificio existente del Centro Médico ABC que cuenta con dos volumetrías distintas y contrastantes entre sí: el cuerpo principal recubierto de paneles de aluminio y la torre de consultorios, con sus fachadas laterales redondeadas y forradas por enormes muros cortina de cristal reflejante.

Enrique Greenwell, proyectista del Centro, explica a Obras que en sus objetivos de diseño la forma del sitio, semi-circular por un lado y rectilínea por el otro, definió la geometría a seguir y permitió que el concepto se desarrollase alrededor de la curva —subdivida en tres elementos arquitectónicos—, lo que ofreció variadas soluciones para suavizar la conexión física con el edificio existente. “Primero el dominio de macizos sobre vanos en la parte adyacente al hospital y, posteriormente, el cambio en las proporciones macizo-cristal hasta llegar a la fachada norte completamente conformada por cristal reflejante, en clara alusión a la torre de consultorios”, describe.

La luz natural también fue un importante factor de diseño. En función de las orientaciones las fachadas fueron diseñadas con el fin de lograr las mejores ganancias de exposición solar. En este sentido, múltiples estudios han demostrado que la capacidad de recuperación del ser humano se ve dramáticamente beneficiada al estar en contacto con la luz natural. “Es por esto que en el diseño tomamos en cuenta el uso de vastas cantidades de cristal que varían en su proporción según la orientación para responder a esta premisa”, abunda Greenwell. Proveer iluminación natural sin incrementar exageradamente las cargas de aire acondicionado, planteó recurrir a un sencillo sistema solar pasivo, el cual consiste en partesoles horizontales en la fachada suroeste, permitiendo las vistas al exterior pero protegiendo al cristal expuesto.

Conforme la fachada gira en sentido de las manecillas del reloj y se acerca al Norte la proporción de cristal aumenta, permitiendo la luz indirecta dentro de los espacios y encuadrando las vistas de este enclave privilegiado. El edificio cuenta con un sótano de servicios conectados al área correspondiente del otro edificio con acceso al elevador de la Clínica ABC Amistad. En la planta baja se sitúan lobby, auditorio, clínicas multipropósito y consultorios de pediatría, conectándose al área de urgencias. El primer piso aloja quirófanos, suites de toco-cirugía, camas de obstetricia y cuneros. En el segundo piso están ubicadas las camas de ginecología y pediatría, así como una clínica de fertilización asistida. Finalmente, el tercer piso recibe los consultorios de gineco-obstetricia.

En el rubro estructural, el Centro fue construido con concreto armado sobre cimentación de zapatas corridas y aisladas, columnas cilíndricas y trabes de sección rectangular. Las losas macizas están divididas en tableros a base de piezas portantes continuas que reciben sistemas de trabes menores, mismas que en el cuerpo curvo fueron coladas en forma radial, permitiendo conseguir los grandes claros requeridos para ligar el programa, especialmente en el primer piso que agrupa las salas de labor, parto y recuperación, un convoy impuesto por la funcionalidad que incrementa sensiblemente las dimensiones de la planta.

Un proyecto binacional
La fase de diseño y planeación del Centro de la Mujer ABC fue un complejo proceso de conjunción de requerimientos que exigen las autoridades de México y Estados Unidos. “La sociedad estadounidense es más legalista que la de aquí —explica Johnson—, allá tenemos reglamentos de todo tipo y estamos acostumbrados a trabajar con ellos. Lo que hacíamos era leer lo que la normatividad de ambos países decía y aplicar la que fuera más estricta. Al final nuestro proyecto resultó excedido sobre lo que rige en México”. Por otra parte, el Centro Médico ABC tiene también sus propios estándares de funcionamiento, por lo que la participación de algunos médicos y ejecutivos en las decisiones de proyecto fueron importantes. Para este fin, el equipo operativo de ABC fue encabezado por Guillermo Reyes Caballero, director de Información y Estrategia, y por Gudelia Bautista Cruz, gerente de Línea y Servicio del Centro de la Mujer. Así, las sugerencias y observaciones de los médicos se integraron desde el principio. Participaron en juntas con los arquitectos para dar su punto de vista sobre áreas, dimensionamientos, necesidades operativas, etc. “En ocasiones había pedidos exagerados por parte de algunos médicos. Eran como cartas a Santa Clós. Pero la mediación entre ese pedir exagerado y la adecuación arquitectónica, finalmente logró conciliarse en un proyecto donde los médicos se sintieron incluidos en el proceso de diseño y eso ha hecho que sientan los espacios como suyos”, explica la gerente.

Obra sana en Centro sano
La vasta experiencia de HKS en el diseño de hospitales les ha llevado a desarrollar conceptos de diseño muy específicos para mejorar la percepción de los espacios. Así, han puesto especial atención en el diseño interior como un factor que participa en la psicología del usuario. “El ambiente que nos propusimos crear habla más bien de una celebración. Estamos celebrando la vida, el nacimiento de un bebé, la curación de una mujer”, comenta enfático Johnson. De esta manera, la selección de acabados, mobiliario, colores, iluminación, etc., fue un proceso muy cuidadoso con el objetivo de que el ambiente logrado sea un protagonista en la recuperación del paciente. Las habitaciones incluyen una armoniosa combinación de colores y materiales cálidos que, sin caer en el exceso, buscan ser confortables sin perder la estricta funcionalidad que requiere un hospital. Destaca en este sentido el colorido mural con motivos infantiles que cubre las entradas a consultorios de pediatría, así como los expresivos lambrines de ónix en el lobby principal.

Sustentable respiro
Obtener una certificación leed para un hospital es muy difícil. El solo hecho de operar las 24 horas del día contraviene algunos de los puntos para lograrla. “No es como una oficina donde, por ejemplo, puedes tener sensores de presencia para encender y apagar luces, tener bancos de hielo que en el día surten a los sistemas de aire acondicionado. No, aquí el servicio es continuo y los ahorros energéticos son muy difíciles de lograr”, explica Bruce Johnson. Sin embargo, el diseño siempre procuró incluir decisiones y elementos que pudieran significar disminuciones en los costos de operación. Por ejemplo, el agua de lavabos es calentada a través de colectores solares y todos los equipos fueron cuidadosamente especificados al cumplir con la normatividad ambiental correspondiente, entre otros. Aunque en un principio se pensó en inscribir el edificio para obtener la certificación, la idea se abandonó; sin embargo, el equipo de diseño internamente evaluó el edificio. “Fue un buen ejercicio de autoevaluación. Nos sirvió mucho y nos ayudó a tomar decisiones”.

Principia una vida
Desde el inicio de operaciones, el Centro de la Mujer fue muy bien recibido por médicos, enfermeras, pacientes y sus familiares. Las proyecciones financieras estimaron que la inversión de 23.6 millones de dólares sería recuperada en un plazo de siete años. El presente éxito sugiere que el plazo será menor.

A pregunta expresa sobre los beneficios económicos que puede traer un hospital con el diseño y tecnología más avanzados y las consecuentes probabilidades de expansión de la red de hospitales de ABC, Reyes Caballero explica: “Queremos crecer, pero siempre hasta un nivel en donde podamos controlar un alto estándar de calidad. No deseamos ser una enorme cadena de hospitales que hagan mucho dinero. Nuestros fines son distintos a los meramente comerciales”, concluye el director de Información y Estrategia.

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