Barranca del Cobre

Fonatur planea su primer destino turístico de montaña en la Barranca del Cobre. Los planes son
Salvador Félix Troche

Transformar el cobre en oro. Eso pretende hacer Fonatur. Que Barranca del Cobre sea un nuevo Cancún. Después de intentar el cultivo, el ganado, proyectos mineros y madereros que no prosperaron, la zona quedó a merced de la tala clandestina y ahora el Gobierno pretende explotarla turísticamente. Es el primer destino del Fondo Nacional para el Fomento del Turismo (Fonatur) alejado de la playa y todavía no terminan su estudio de viabilidad, pero la meta es recibir 270,000 visitantes al año.

La Barranca está enclavada en territorio tarahumara, en plena Sierra Madre Occidental. Está compuesta de 20 cañones en una superficie de 60,000 metros cuadrados y un recorrido de más de 600 kilómetros de desfiladeros en roca volcánica. La barranca es recorrida por un tren desde la sierra de Chihuahua hasta el Pacífico (Los Mochis, Sinaloa).

La intención ahora es duplicar la oferta hotelera, explica Luis Felipe Valdés, director del Fideicomiso de Promoción Turística de Chihuahua. Hoy, según Fonatur, hay 1,415 cuartos hoteleros, 57% en hoteles de una o dos estrellas, casas de huéspedes y otros alojamientos. Valdés reconoce que todavía no se tiene claro si serán hoteles de gran turismo o pequeños hoteles rurales. “La idea es que se les presente el proyecto a los grupos grandes de inversionistas primero, y si no se puede tratar de hacerlo con varios chicos”, explica.

El Fideicomiso está promoviendo la construcción de un aeropuerto en Creel, Chihuahua, población de entrada a la Barranca. Tanto el director del Fideicomiso como el gobernador  de Chihuahua han declarado a la prensa que el aeropuerto será una realidad en 2008, pero todavía no está licitado por la Secretaría de Comunicaciones y Tranportes, de quien es responsabilidad última. En opinión de Valdés, el aeródromo requiere una inversión de 180 millones de pesos (mdp). “En un año empezamos a hacerlo y en menos de seis meses se termina.” Además, están trabajando en las carreteras de la zona para facilitar los accesos.

El eje del destino es el tren Chihuahua–Los Mochis. El recorrido, que si se hace de una sola vez es de 14 horas, tiene siete paradas en lugares con gran atractivo natural. La estrategia es que los turistas lleguen al aeropuerto de Creel o a Los Mochis y se muevan por tren o carretera a la zona donde estarán los hoteles, la salida de teleféricos, los centros de recreación y un parque de diversiones temático, que es todo lo que se espera que tenga el destino.  Cuando se pensó en la Barranca como lugar turístico se esperaba recibir 270,000 turistas al año. La realidad es que en 2006 se recibieron 314,000, pero sólo pernoctaron un promedio de dos noches y gastaron la mitad de lo calculado, alrededor de 656 mdp.

Aunque el equipo de Calderón quiera convertirlo en un Centro Integralmente Planeado al nivel de Cancún o Los Cabos, la idea no es suya ni es nueva. El primer presidente que vio el potencial turístico de la Barranca del Cobre fue Ernesto Zedillo. Su plan era convertirlo en la competencia directa del Cañón del Colorado, en Arizona, EU, que tiene 446 km de longitud y recibe anualmente 4.5 millones de turistas.

El objetivo en 1997, explica Juan Luis Sariego Rodríguez, investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en Chihuahua, era construir más de 300 kilómetros de carreteras, dos estaciones de ferrocarril, dos aeropuertos, sistemas de agua potable y alcantarillado, hoteles, supermercados, centros de visitantes y hasta un parque de diversiones. La idea sigue en el papel casi diez años después.

Las piedras en el camino
La primera dificultad fue la privatización del ferrocarril en 1996. El Chepe, como se conoce popularmente al Ferrocarril Chihuahua–Pacífico, con 630 km de recorrido y en funcionamiento desde 1961, es el principal reclamo turístico de la Barranca. Ante una primera licitación que quedó desierta porque la única propuesta no ofrecía lo suficiente, Zedillo tuvo que incluirlo en un paquete más amplio que incluía el ferrocarril del norte y que hoy pertenecen a Ferromex.

Después de aquel primer impulso, la Barranca del Cobre cayó en el olvido. Sariego explica que un grupo de expertos de la Universidad Autónoma de Chihuahua y de San José State University en California hizo un estudio de impacto ambiental y cultural del proyecto.

El proyecto fue financiado con 2,500 mdp que aportó Fonatur a través de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (que era en total de 1,600 mdp para el proyecto de Barranca).

El estudio advertía que el proyecto turístico podía acelerar la erosión por la sobrexplotación forestal. El riesgo era que en 10 años la Barranca terminase siendo un cañón desértico como el del Colorado.

Entonces se propuso que la Barranca se incluyese en las áreas protegidas del país, pero no se logró.

En relación con esto está el tipo de turista que se quiere atraer para que el desgaste no sea tan alto, completamente distinto al que busca sol y playa en destinos como Cancún, Ixtapa o Puerto Vallarta. “El tema es promoverlo como un destino con características únicas, hay muchas cosas que conocer aquí: recorridos para observar aves, geológicos, bicicleta de montaña, etcétera”, explica Francisco Padrón, director de la organización ambientalista Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza. Francisco Fernández, director del Instituto Mexicano para la Competitividad, coincide. “En México hay activos que no hay en otro lugar del planeta. Construimos infraestructura hotelera que no nos corresponde”.

Justamente estas características son las que hacen que no se pueda planear como un nuevo Cancún, explica Rafael Armendáriz, presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles. El proyecto, en su opinión, es exageradamente ambicioso y difícilmente le interesará a los grandes desarrolladores turísticos. “Aquí es otro tipo de turismo [que en Cancún], no es tan rentable”.

El éxito sólo vendrá si se edifican hoteles pequeños con materiales similares a los que usa la población local, explica Wendy Hesketh, presidenta de la Asociación Mexicana de Turismo de Aventura y Ecoturismo. “No tienen que estar peleados el desarrollo y el ecoturismo, se pueden hacer proyectos muy viables”.

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