Beneficios de la Normalización

Normalizarse es el camino para conseguir productos intachables.
Franco Bucio Mújica

El próximo julio, México celebra 15 años de contar con un marco jurídico relativo a la normalización de bienes y servicios que facilita el comercio internacional: la Ley Federal sobre Metrología y Normalización de 1992 que promueve la formulación de normas (NOM, NMX y NRF) y la evaluación de la conformidad con las mismas en un contexto de participación plural, transparencia, imparcialidad y credibilidad.

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El país cuenta con organismos nacionales de normalización (ONN) por rama industrial, con varios organismos de certificación enfocados a sectores productivos específicos y con muchos más dedicados a la certificación de sistemas de gestión de la calidad. Asimismo, cuenta con laboratorios de ensayo y de calibración con unidades de verificación (UV). También tenemos a la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA) para acreditar a estas organizaciones —excepto a los ONN— en el marco de esta ley y con base en disposiciones que permiten el reconocimiento e intercambio entre países, así como la homogeneidad y trazabilidad de los procedimientos de evaluación de la conformidad, entre ellos la certificación.

Esto ha permitido el sano comercio de productos nacionales y extranjeros con base en la determinación del "grado de calidad" o grado de cumplimiento con la norma aplicable, evitando así la subjetividad y la falta de compromiso de los oferentes. Con ello se demuestran los atributos de desempeño o comportamiento que se ofrecen, disminuyendo quejas y conflictos. Los sectores industriales más avanzados han tenido en la normas una herramienta extraordinaria para evidenciar su compromiso y las bondades de lo que ofertan. Para ello basta un botón: el tequila, que hoy con el cumplimiento de la NOM y con la denominación de origen, ha inscrito el nombre de México en muchos países. ¿Y nuestra industria? Tal parece que estas experiencias no le aplican; aún se construye tratando de evitar regulaciones y normas, así como todo aquello que comprometa al constructor con la calidad, la seguridad y la durabilidad. Por su parte, la mayoría de los proveedores "venden barato". Ante ello, les invito primero a utilizar a las normas como instrumento de comercio objetivo y después… el precio.

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