¿La calidad se compra?

La calidad no es etérea, puede medirse con base en el diseño racional de los espacios
Franco Bucio Mújica

Cuando ofrecemos “calidad” la mayoría de las ocasiones no sabemos lo que decimos; ¿esta afirmación significa que la edificación no tiene fallas?, ¿que es duradera?, ¿qué no se caerá?, ¿que será funcional o bonita?, ¿que cumple con toda la reglamentación?…

En realidad no sabemos lo que ofrecemos —o que encargamos—, y ello porque no nos involucramos con las necesidades del cliente ni con los diseñadores, que dicho sea de paso, tampoco tienen conciencia de la medición de la calidad. Sí, la calidad se mide, se cuantifica y tiene una respuesta objetiva. Para ello debemos determinar los parámetros de nuestro proyecto para transmitirlo con claridad a diseñadores y constructores. Hoy, comúnmente se construye por el negocio, olvidando las necesidades del cliente. Por ejemplo, en la vivienda los desarrolladores consolidados consideran que lo hacen bien y que no requieren “ayuda externa”, lo que no permite a las autoridades conformar medidas que fomenten mejores prácticas en planeación y en obra. Poco más del 60% de la vivienda es construida por desarrolladores “emergentes”, que invierten y construyen en un momento de financiamiento abundante.

¿Cómo medir la calidad? Quizá lo primero sea tomar conciencia de que lo que construyamos será una obra en la que cualquier familiar será habitante o usuario, de tal forma que podamos asegurar su integridad física en todo momento; estar concientes de las actividades cotidianas que ahí se efectuarán, por ejemplo si es una recámara, que ésta cuente con dimensiones lógicas para el mobiliario apropiado. Se diseña al “límite”, en donde las medidas “mínimas” se han convertido en “máximas” (si el reglamento indica 2.70 m de lado mínimo, entonces las recámaras tendrán esa dimensión como máximo). Conocer, especificar y ejecutar las técnicas y tecnologías constructivas es imprescindible. Ahora, los egresados no están familiarizados con ellas, en parte por la gran oferta existente y otra por el desinterés de los académicos; conviene entonces, formar profesionistas críticos y analíticos con criterio de aplicación. El próximo mes continuaré con más reflexiones para “comprar la calidad”…

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