Carmen Pinós en Guadalajara

En México se ha abierto la puerta a la participación de arquitectos internacionales
Alejandro Ochoa Vega

Lo que es bastante común en muchos países del mundo respecto a la participación de arquitectos internacionales en proyectos locales, en México es más bien una experiencia aislada. Desde los tiempos de Porfirio Díaz en que por la cultura europeizante del momento, era bastante común la participación extranjera en proyectos de gran envergadura, la Revolución modificaría en mucho esa práctica e impactaría en las promociones posteriores. No es sino hasta el proyecto muy sonado de JVC en Guadalajara a principios del presente siglo, que esa cultura “nacionalista” para los encargos privados y públicos parece haberse flexibilizado. Gracias a tan ambiciosa iniciativa y aún sin señas de iniciar su construcción, la arquitectura de la capital de Jalisco muestra caras de renovación, según lo asientan Carlos Rodríguez Bernal y René Caro en su introducción del número especial de PISO, sobre la muestra de arquitectura contemporánea en Jalisco, 1996-2006, realizada en Guadalajara el año pasado.

Una de las arquitectas invitadas a realizar uno de los proyectos del mencionado JVC fue la española Carmen Pinós, quien debido a los viajes frecuentes a Guadalajara fue requerida para desarrollar un edificio de oficinas en el Fraccionamiento Puerta de Hierro, la Torre Cube, concluida en 2005.

Con una planta en forma de hélice y con el centro vacío, el diseño resolvió tres cuerpos, independientes pero a la vez ligados entre sí con varios niveles. Llama la atención que dichos cuerpos también tienen una serie de vacíos horizontales, uno de ellos de escala monumental para acentuar el acceso principal y su gran escalinata, y otros intermedios que crean claroscuros en los volúmenes. El material predominante es el concreto, pero resalta como piel de las fachadas unas celosías de madera que atenúan las incidencias solares. La ventilación es natural y el dinamismo formal una constante, por lo que el edificio sobresale alegremente en el paisaje, y ya es un referente en la arquitectura contemporánea de Guadalajara.

Este ejemplo y el resto de la participación extranjera en JVC parecen ofrecer aires frescos en la arquitectura de la ciudad. No obstante, la apertura no significa necesariamente vanguardia y el encierro una garantía de identidad, todo es una oportunidad para encontrarse y dialogar, poniendo en la mesa las mejores armas de la calidad arquitectónica.

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