Certificación verde

La certificación de edificios sustentables está de moda en México, pero esto no basta. Las cons
Franco Bucio Mujica
Julieta Boy

Hoy en día se ha desatado una fiebre por certificar edificios y viviendas sustentables, ofreciendo también para ello sellos verdes. Ante esta situación cabe recordar el origen de estas corrientes, que en su mayoría se apoyan en la sustentabilidad.

En 1984 la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) vinculó el desarrollo y el medio ambiente en un sólo concepto: desarrollo sustentable. A partir de 1992 las estrategias se orientan a modificar las actividades humanas con el fin de minimizar el deterioro ambiental y garantizar la sustentabilidad en los procesos de desarrollo.

En la edificación, estas corrientes impulsan un sello verde que incorpora nuevas exigencias en el proceso de diseño y construcción, relativas al ahorro de agua y energía, áreas verdes sanas y funcionales, reciclaje y manejo de desechos y su adecuación al medio. La certificación de edificios inteligentes y sustentables califica principalmente el desempeño energético, la calidad del aire, la reutilización del agua y la prevención de emergencias.

Estas acciones me parecen positivas, sobre todo hoy que el calentamiento global es un tema que merece toda nuestra atención. Sin embargo, al privilegiar la certificación verde por encima de, o en lugar de la seguridad física de los ocupantes, la seguridad jurídica, la habitabilidad, la funcionalidad y la calidad de la construcción, incluyendo los insumos, se corre el riesgo de distraer o minimizar las responsabilidades de los diseñadores, constructores, desarrolladores, autoridades y vendedores.

A los beneficiarios de nuestra industria, aquellos quienes encargan la construcción o adquieren las edificaciones, les interesaría que el oferente evidencie su compromiso de que el producto que vende cumple con toda la normatividad: desde la ubicación —uso del suelo—, aspectos de infraestructura —impacto ambiental—, seguridad estructural, funcional y la habitabilidad —reglamento de construcciones—, calidad del desempeño de los insumos —NOMs y NMXs— y el cumplimiento de regulaciones federales —NOMs, incluidas las de eficiencia energética, leyes y reglamentos— y, por supuesto, la sustentabilidad, evidencias que motivan una certificación integral.

Histórica construcción
El inmueble ubicado en Paseo de la Reforma 150 es una muestra de la modernidad urbana y arquitectónica de la Ciudad de México en las primeras décadas del siglo XX. Un siglo después, la casona es hoy propiedad de The University Club México.

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